En este audio porno, un nuevo y atractivo vecino se está mudando, mientras tú lo ves desde una silla reclinable en tu patio, con bikini y gafas de sol. Parece que va al gimnasio a menudo, así que dudas que necesite tu ayuda, pero se lo ofreces de todos modos y acaban teniendo sexo en su casa sin muebles. Disfruta de este audio erotico de sexo real hoy.

Leer Más

Qué tan intenso?

20 MINS

Voices:

Niko

Idioma:

Es

Español

English

Leer historiaOcultar historia

Me agacho para levantar una de las muchas cajas.

El olor del motor del camión invade el ambiente.

Con una sonrisa, doy un vistazo a mi nuevo entorno. Mi nuevo hogar.

Es un típico vecindario de la periferia. Un estilo casi campestre. Casas bien cuidadas. Lejos de restaurantes y centros comerciales. Y el parque está a solo unos cuantos pasos.

Es idílico. Pero eso puede ser aburrido. De todos modos, es lo que necesito en este momento.

Entonces, te cruzas en mi vista.

Estoy embelesado. Mis ojos se detienen en cada curva, Cada contorno. ¡Tú no eres nada aburrida!

Me paro derecho y me estiro mientras me quito el sudor de la frente. Pero no soy capaz de ignorarte.

Vuelvo a mirarte.

Descansas sobre una silla reclinable. Tu pequeño bikini es lo único cubriendo algo de ti.

Me doy cuenta que estás mirando para acá, pero tus ojos están escondidos detrás de unos lentes oscuros.

Lentamente, me atrevo a decir que provocándome, te quitas tus lentes de sol y puedo ver tus hermosos ojos por primera vez: traviesos y brillando de curiosidad, enfocados en mi cuerpo.

Estás captando cada centímetro de mí con tu mirada. Como disfruto el juego, respondo a tu provocación.

Levanto el borde de mi camiseta para secar mi frente, dejando ver un poco más de mis abdominales.

Instintivamente, te muerdes el labio inferior mientras me miras. Dudo que estés consciente de lo estás haciendo. Es solo un segundo involuntario de deseo.

Sin embargo, sonrío y me doy la vuelta para seguir con mis tareas pendientes.

Hay una montaña de cajas que mover antes de que caiga la noche, pero ahora estoy más seguro que nunca que la decisión de mudarme fue la mejor.

Ya que ahora soy tu vecino. ¡Eso es lo que yo llamo una decisión exitosa!

Mientras levanto otra caja, no puedo evitar verte una vez más.

Tu cuerpo se alza y te levantas de la silla. Irreverentemente, te paras y me examinas. Tus ojos viajan por todo mi cuerpo. Casi me sonrojo.

Para distraerme de tu mirada, entro con la caja a mi nuevo hogar.

Al regresar a la entrada, veo que estás parada en mi patio. Estás esperando por mí. Mi mano toma la tuya mientras te presentas, y me cuesta no bajar los ojos para observar tu cuerpo, todas tus curvas en ese bikini.

Con mucha dificultad puedo concentrarme en otras cosas. Hasta las sencillas preguntas que me haces suenan como ahogadas en mis oídos.

Intercambiamos nombres y resolvemos de una vez los temas más básicos. Sí, me mudé por razones de trabajo.

No, no tengo esposa ni hijos pero tengo un perro. Y sí, creo que me va a gustar mucho estar aquí. Entonces me preguntas por todas esas cajas que nos rodean.

Parecieras tan inocente al decirlo, pero tu selección de palabras me revela que hay algo detrás: un jugueteo, un lado pícaro.

Mientras conversamos, levanto otra caja. Tú me sigues cerca y detrás con una caja más pequeña. Ni siquiera tuve que pedírtelo.

¿Quieres estar cerca de mí?

Entramos a la sala de estar. Es un espacio amplio y vacío. Solo hay algunos restos de escombros que dejaron los antiguos inquilinos.

Te sonrío para disculparme.

Cuando me acerco para tomar la caja que estás cargando, nuestras manos se tocan.

Contemplo tus dulces ojos. Tu mano asciende suavemente por mi brazo. Y entonces los aprietas un poco, diría que complacida.

En ese momento me doy cuenta del calor que hace, de lo caliente que estás. Vuelves a morder tu labio inferior.

Sé lo que quieres.

Agarro el borde de mi camiseta y lo paso por encima de mi cabeza. Uso la excusa de que hace calor, que estoy sudado por la mudanza, pero no parecieras estar escuchando.

Tus manos recorren mi pecho. No te importa que esté mojado, tampoco a mí me importa. Quiero tu piel contra la mía.

Doy un paso hacia ti. Nuestros cuerpos están tan cerca que casi se tocan. El aroma a coco de tu bloqueador solar me hipnotiza.

Hueles increíble. Me acerco aún más, quiero embeberme en ese olor. Tu olor.

Me miras. Tus labios están levemente separados, tus ojos buscando a los míos y se encienden con deseo.

Me inclino hacia ti. Tus labios se mueven buscando los míos.

Nuestro primer contacto es tierno, suave, y luego nuestra lujuria por el otro se desborda sin contención.

Mi boca se entrelaza con la tuya.

El sabor de tu lengua, la forma de tus labios, es embriagante.

Mis manos exploran tus curvas, emocionadas por descubrir cada centímetro de tu cuerpo. Cada caricia de mi mano produce un suave gemido en ti.

Al acunar tus senos en mis manos, tus gemidos se profundizan. La forma de tus senos se ajusta perfectamente a mis manos.

Con mis pulgares, juego con tus pezones y se endurecen con mi tacto. Su contorno presiona la tela que los esconde.

Mis manos se pasean alrededor de tu torso para alcanzar los nudos de tu bikini. Jalo de las delicadas tiras y la pequeña tela cae al piso como una pluma.

Eres increíble. Quiero admirarte y no perderme ningún detalle. Pero el deseo de tener tu piel contra la mía es demasiado grande.

Te traigo hacia mí. Tus senos presionados contra mi pecho. Puedo sentir cada respiración que tomas, y cómo tu respiración se acelera mientras te sostengo.

Te beso en los labios otra vez, antes de trazar un camino de besos que va por tu mandíbula y baja por tu cuello. Presionas tu cuerpo contra el mío en respuesta.

Tus manos juguetean por mi cuerpo así como las mías por el tuyo.

Alcanzo la parte interna de tus muslos con mis dedos. Llego a ese lugar húmedo entre ellos. Puedo sentirte a través de la parte baja de tu bikini.

Mientras froto mis dedos hacia delante y hacia atrás, tú gimes pidiendo más y más.

Escabullo uno de mis dedos por los bordes de la tela y acaricio suavemente tu clítoris y tus labios.

Tú gimes contra mi pecho. Separas las piernas un poco más para darme mejor acceso y nuestros cuerpos se separan un poco mientras buscas bajar el cierre de mi pantalón.

Suelto un gemido cuando agarras mi erección con tu mano mientras con la otra mano bajas mis pantalones y mis bóxers.

Saco mis piernas de los pantalones y tú serpenteas para quitarte el traje de baño.

Nos volvemos a juntar y cada centímetro de tu piel liberada se adhiere a la mía.

Mi dura verga se apoya en ti.

No hay muebles en la casa todavía por lo que me acuesto en el piso y te traigo conmigo. Nuestros cuerpos calientes y sudorosos, son lo único que perturba la fina capa de polvo que cubre todo. El frío y duro piso contra el calor de nosotros dos.

No le prestamos ninguna atención a los papeles arrugados y el material de embalaje tirado. Solo importamos nosotros. Te montas sobre mis caderas.

Me aprietas con tus muslos mientras te inclinas para darme un beso. Te subes un poco más sobre mí, y llenas mi boca con tus senos. Paso de uno a otro y mi lengua presiona contra tus pezones endurecidos.

Miro hacia arriba para admirar tu rostro para ver tus ojos voltearse y cerrarse de placer mientras te complazco.

Frotas tu vulva contra mi verga, de abajo hacia arriba, cubriéndome con tu humedad.

Estás mojada y caliente.

Todo lo que puedo pensar es cómo se sentirá estar dentro de ti. Estar sumergido en tu calidez. Sentir cada movimiento.

Mientras más escucho tus suspiros, más quiero hundirme dentro de ti.

Mi verga se levanta, buscando una entrada. Una de tus manos la agarra para guiarla hacia tu interior.

La cabeza de mi verga hace presión contra ti, abriéndote lentamente mientras te penetro. Tiemblo de placer.

Estás tan mojada. Es realmente increíble.

Tus paredes me aprietan mientras voy cada vez más profundo. Cada centímetro de mí deslizándose dentro tuyo mientras vas insertando mi tronco.

Encajamos perfectamente. Mis ojos se cierran y me pierdo en el mar de sensaciones. Dejo que te acomodes sobre mí y tomes la posición más cómoda para ti.

Levantas tu torso y me regalas una vista gloriosa. No puedo evitar sonreír mientras agarro tus caderas.

Te aguanto con firmeza y tú comienzas a rebotar sobre mi verga.

Tus hermosos pechos saltan con cada movimiento y mis ojos no pueden dejar de admirarlos.

Tus gemidos se hacen más y más fuertes con cada choque de nuestras pieles húmedas. Cada respiración es más fuerte y más rápida con cada movimiento de caderas.

Tengo demasiadas ganas de acabar dentro de ti, pero quiero que recibas todo el placer que desees.

Se te ve tan libre, tan hermosa. No quiero que esto acabe hasta que estés totalmente satisfecha.

Y de repente sueltas un grito.

Tu cuerpo se contorsiona cuando comienzas a venirte.

Tus paredes están exprimiendo mi verga, masajeándome con cada uno de tus temblores.

No puedo aguantarme más.

Te rodeo con mis brazos y te abrazo contra mi pecho.

Los dos acabamos en perfecta simetría.

Por unos segundos, lo único que podemos hacer es quedarnos ahí tirados, jadeando. Luego, te separas de mí con tranquilidad.

No puedo evitar soltar una pequeña carcajada. No por ti, sino por el gozo que siento luego de este primer encuentro.

Creo que este no será el vecindario aburrido que me imaginé, no contigo viviendo en la casa de al lado.