En este audio relato erótico, dos jóvenes amantes van a la primera cena en el apartamento de un amigo y las cosas pronto se vuelven picantes y salvajes cuando los dos empiezan a mandarse mensajes calientes en la mesa. Disfruta de la escapada al baño en secreto en esta dulce historia sexual.

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Qué tan intenso?

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Una de mis manos agarra la suya a la vez que con la otra sostengo una botella de vino, mientras estamos sentados en la parte de atrás del taxi. Está empezando a oscurecer, pero el aire de la tarde es cálido y acogedor. Vamos de camino al nuevo apartamento de mi amigo Sebas para una pequeña cena. Estoy deseando disfrutar de una noche de buena comida y buena compañía. Y, por supuesto, de tener a Jorge allí conmigo. Sonrío para mí, y él se da cuenta.

“¿Emocionada, preciosa?”

Me lanza una sonrisa descarada y no puedo evitar devolvérsela. Llevamos toda la tarde riendo y bromeando mientras nos preparamos para nuestra cita nocturna. Así es como pasamos mucho de nuestro tiempo juntos. Riendo, bromeando, burlándonos el uno del otro. Nunca he tenido una relación como esta. Él se inclina y me aprieta la rodilla, aunque sabe que tengo muchas cosquillas ahí.

“¿Eh? ¿Emocionada?”

Aparto su mano, pero me pilla por sorpresa al acercar su boca a mi oreja y besarla suavemente. Y así, sin más, me derrito ante él. Me encanta estar con él. Tiene un lado aventurero que hace que yo también quiera ser un poco más atrevida. El sexo, por supuesto, ha sido genial. Realmente genial. Más genial de lo que jamás hubiera soñado. Increíble. Llevamos casi seis meses juntos y sigue sorprendiéndome. Me inclino para besarlo a la vez que el taxi se detiene frente al edificio de Sebas. Sus dedos se enredan en mi pelo y me besa suavemente. Mmm, es tan bueno besando.

“¿Qué tal estoy?”

“Creo que la única manera de que estuvieras más despampanante con ese vestido... es si no lo llevaras puesto.”

Lo golpeo en el brazo en plan juguetón antes de que diga algo más que me sonroje y nos encaminamos hacia el edificio. El apartamento de Sebas está en la planta baja de un precioso edificio de apartamentos nuevo en el centro de la ciudad. Llegamos elegantemente tarde, pero sé que no le importará. Siempre se está burlando de mi falta de puntualidad.

“¡Hola! Ahí estás. Pasa, pasa. Ooh, ¡más vino! Justo a tiempo.”

“Sebas, este lugar está increíble.”

Todos los demás ya han llegado y se mueven de grupo en grupo con sus copas de vino en la mano. El apartamento es impresionante, pero no esperaba menos de Sebas. Siempre ha tenido un gusto impecable. Por no hablar de que su nuevo trabajo de analista en esa empresa de contabilidad en el centro de la ciudad debe estar pagándole muy bien.

Fluctuamos de conversación en conversación, poniéndonos al día con viejos amigos y presentándonos ante otros nuevos. Jorge está tan cerca de mí que puedo sentir el calor de su cuerpo y el olor a cedro y roble de su loción de afeitado. Me giro hacia él y le susurro en la curva de su cuello.

“Hueles muy bien.”

“¿Sí? Recordé que te gustaba esta loción de afeitado de la primera vez que...”

Su mano se desliza suavemente por la parte baja de mi espalda y una oleada de deseo me invade. Hablamos con algunos de los otros invitados, pero me cuesta concentrarme mientras sus dedos acarician la piel de mi espalda que mi vestido no cubre. Traza pequeños dibujos sobre mi piel y mi cuerpo responde inmediatamente a su tacto. Sus dedos suben suavemente... y bajan por mi columna. Me estremezco y trato de disfrutar de esta sensación. Me encanta cuando me provoca. Me giro para susurrarle al oído, pero antes de que pueda hacerlo, Sebas nos invita a sentarnos a la mesa para comer.

“¡Eh, atención todo el mundo!. La cena está servida. ¡A sentarse y a comer!”

Jorge se sienta en frente de mí, charlando con nuestros amigos y lanzándome de vez en cuando una sonrisa cómplice. Naturalmente, hace reír a todos los que le rodean. La mayoría de la gente no se sorprende cuando escucha que es un escritor de comedia. Intento concentrarme en la conversación a mi alrededor pero, siendo sincera... Estoy pensando en su loción de afeitado. Y en cómo olía la primera vez que me hizo el amor. Lo estoy repitiendo en mi cabeza ahora... Estoy pensando en sus dedos en mi espalda. Y en cómo me gustaría tenerlos en muchos otras partes de mi cuerpo. Los imagino subiendo por mis muslos. Debería concentrarme en lo que está pasando, pero... no puedo evitarlo. Mierda, de verdad que quiero tocarme... Quiero que me toque.

Le miro mientras me sirvo una segunda copa de vino. Le llamo la atención y me muerdo el labio de forma sugerente. Quiero que sepa que estoy pensando en él. Me pregunto si se da cuenta de lo mucho que lo deseo... Todos los demás están demasiado absortos en la conversación como para darse cuenta de que nos estamos devorando con los ojos desde el otro lado de la mesa. Sé que es arriesgado, pero... Me paso los dedos lentamente por el pelo... y los dejo bajar por mi cuello... por mis pechos... Ahora me observa como un halcón, bebiendo de vez en cuando sorbos de su copa y fingiendo prestar atención a una conversación que ocurre a su lado. Sabe lo que estoy pensando, ¿verdad? Siempre sabe cómo leerme. Lo sé por la forma en que se muerde el labio inferior con los dientes, y por cómo me mira y luego desvía rápidamente la mirada. Saco mi teléfono y escribo un mensaje...

“Me muero de ganas de que me folles nada más llegar a casa.”

Se lleva la mano de mesa por el bolsillo y saca el móvil. Veo cómo echa un vistazo al mensaje y pone rápidamente el teléfono boca abajo sobre la mesa antes de que nadie lo vea. Intenta reprimir una sonrisa, pero no lo consigue. No me mira a los ojos, probablemente porque eso le excitaría aún más. Deja pasar unos instantes antes de coger despreocupadamente su teléfono y escribir rápidamente un mensaje. Creo que está tratando de ser educado y no enviar mensajes de texto en la mesa.

“¿Cómo de mojada estás ahora?”

Escribo rápidamente una respuesta para él.

“Ohhh, Dios, estoy tan jodidamente mojada.”

Lo noto en mis bragas. Pero no debería excitarme más mientras estamos rodeados de tanta gente. Tengo que concentrarme. Tengo que dejar de fantasear con su polla y con lo mucho que la quiero dentro de mí ahora mismo. La idea de follar con él en esta fiesta me produce una ola de excitación que recorre todo mi cuerpo. Es un tío arriesgado, pero... ¿tan arriesgado? He terminado de comer, así que recojo unos cuantos platos y los llevo a la cocina.

“Cariño, ¿puedes ayudarme?”

“Oh, sí. Claro.”

Me sigue a la cocina y coloco los platos en el fregadero. Cuando me doy la vuelta, está de pie a escasos centímetros de mí. Se me corta la respiración al oler otra vez su loción de afeitado.

“Así que... te sientes un poco agitada, ¿no?”

Aprieto mi cuerpo contra el suyo y lo beso. Su lengua masajea la mía y me olvido por un segundo de que podría entrar alguien en cualquier momento. Me rodea la cintura con los brazos y me acerca a él. Oh, Dios, puedo sentir su polla dura presionando contra mi vestido. Entierra su cara en mi cuello y todo mi cuerpo se inunda de calor.

“Qué manera de no hacer ruido, ¿eh?”

Sus manos se cuelan en mi pelo y lo apartan de mi oreja. Me mordisquea el lóbulo y mis rodillas casi ceden debajo de mí.

“Diles que vas a fumar. Te veré en el baño.”

Evidentemente, le gusta la idea, porque se separa de repente de mí y vuelve a entrar en el comedor. Voy de puntillas por el pasillo hasta el baño y le espero impaciente. Cuando llega al pequeño cuarto de baldosas rosas, estoy desesperada por él. No sé qué quiero que me haga primero. Lo único que sé es que necesito sus manos y su boca por todo mi cuerpo.

“Joder, te deseo tanto ahora mismo.”

Se acerca a mí. Retrocedo lentamente, hasta apoyarme en el gran lavabo de cerámica. Desliza sus manos por mis costados, sobre mis pechos, mi estómago, mis muslos. Estoy desesperada por sentir su tacto y me inclino hacia delante para besarlo con fuerza. Sé que no podemos tardar mucho, pero esto es demasiado excitante como para no disfrutarlo. Su boca encuentra la mía y nos besamos, larga y profundamente. Su lengua se mueve con ternura por la mía y sus manos acarician mi cara. Dios, necesito más...

Él siente lo ansiosa que estoy y va bajando la cabeza por mi cuerpo, deteniéndose para sacar un pecho de mi vestido y besarlo. Luego, toma mi pezón en su boca y lo succiona suavemente. Mi cuerpo se convulsiona de deseo mientras el placer me inunda. La forma en que me hace sentir es como una droga de la que no puedo saciarme. Le paso la mano por el pelo. Ahora su cabeza baja aún más, desapareciendo bajo el dobladillo de mi vestido. Su lengua recorre el interior de mi muslo y me provoca con besos húmedos y suaves. Sus manos se deslizan por el interior de mi vestido y me baja las bragas hasta el suelo. Su lengua se desliza al fin entre los húmedos labios de mi coño. Oh, Dios mío, eso... me da muchísimo placer... Desliza su lengua con destreza a lo largo de mi coño, acariciando mi clítoris de vez en cuando, provocándome lenta e implacablemente.

Le pongo una pierna en el hombro para poder abrirme más para él. Le clavo los dedos de una mano en el hombro y con la otra me agarro al borde del lavabo para estabilizarme. Su lengua se desliza dentro y fuera de mi vagina con tanta facilidad... Él levanta la cabeza un instante para hacerme callar. De repente, recuerdo que no estamos en la intimidad de nuestra casa y que podrían descubrirnos en cualquier momento. Mi cuerpo se estremece al pensarlo y me muerdo el labio para aguantarme los gemidos. Dios, me encanta lo espontáneo que es esto. Y él... me hace sentir tan sexy y deseada. Me encanta que simplemente tuviera esa necesidad de follarme... Hay algo tan excitante en sus fuertes manos sujetando mis caderas mientras él hace círculos con su lengua hacia un lado y luego hacia el otro...

“Oh, sí... Más despacio, amor, sí-sí... Ohhhh, Dios...”

Sabe cómo complacerme y volverme loca. ¿Le gusta hacerme esto? ¿Comérmelo sabiendo que tenemos que ser rápidos y silenciosos? Siento que la presión empieza a aumentar y no puedo evitar restregarme contra él. Me retuerzo sobre su cara, moviendo mi cuerpo al ritmo de su lengua mientras me acerca cada vez más al límite. Ahora desliza un dedo dentro de mí... y luego dos... Oh, Dios mío, esto me da tanto jodido placer. Sus dedos acarician mis labios mientras su lengua choca contra mi clítoris y es... Es... Es demasiado... Justo así, cariño... Así... No pares...

El orgasmo me recorre el cuerpo y aprieto las piernas a ambos lados de su cara. Mis dedos se agarran a su pelo mientras olas de placer me estremecen. Me muerdo el labio inferior en un intento de callarme. Me bajo de sus hombros y me incorporo. No tengo mucho tiempo para recuperarme antes de volver a sentir sus besos bajando por mis muslos y él sale de debajo de mi vestido. Sus manos me agarran por la cintura mientras se pone de pie. Me agarra por las caderas y me hace girarme hacia el enorme espejo del baño. Mis manos se agarran a los bordes del lavabo y le miro a los ojos en el reflejo. Él sonríe con lujuria y entierra su cara en mi nuca mientras aprieta su cuerpo contra el mío.

“Oh Dios, te deseo tanto...”

Los dos sabemos que estamos tentando a la suerte con el tiempo. Alguien podría llamar a la puerta en cualquier momento, pero no puedo evitarlo. Mi coño está palpitando y, joder, no puedo esperar más para tenerlo dentro de mí. Me sube el vestido y guía su polla hasta mi entrada. Mis dedos de los pies se tensan con anticipación y mantengo mi mirada fija en la suya en el espejo mientras empuja cada centímetro de él dentro de mí...

Sus caderas se mueven rítmicamente mientras entra dentro de mí. Puedo sentir su polla empujando dentro y fuera de mí, y, Dios mío, ¡me encanta que me llene! Me doy cuenta de que está a punto de llegar al límite, ya que sus embestidas son cada vez más rápidas y su cara parece cada vez más desesperada en el espejo. Me pone tanto ver su cara mientras me folla. Y me muero por verlo acabar.

“Oh sí, amor, joder, sí...”

Aprieto mis paredes interiores alrededor de él, intensificando su placer, experimentando su orgasmo con cada apretón. Apuesto a que le encanta cuando hago eso... Apuesto a que le encanta sentir cómo me aprieto alrededor de su polla... Siento cómo sus dedos se clavan en mis caderas y su cara se entierra en el espacio entre mis omóplatos... Oh, Dios. Me voy a correr. Me voy a correr, ¡y él también!

Se inclina para recoger mi ropa interior, que está enredada en sus pies. Saco mis pies de las bragas y él la sujeta en su mano.

“¿Puedo quedarme con esto hasta el postre?”

Va a ser difícil volver a sentarse con todo el mundo sabiendo lo fuerte que nos acabamos de correr los dos en el baño. Me pregunto si alguien notará el olor de sexo que desprendemos... Con suerte no dejaré nada de mi humedad en las nuevas y bonitas sillas de comedor de Sebas. Me pregunto si la próxima fiesta de bienvenida a la que vayamos será tan excitante.