¿Alguna vez has fantaseado con tener sexo con un compañero de trabajo, o incluso con tu jefe? En este audio erótico en español, una jefa tiene sexo secreto con su asistente en un hotel. Escucha este audio porno argentino gratis si te gustan las historias de amorío o si te gusta que los hombres tomen control.

Leer Más

Qué tan intenso?

16 MINS

Voices:

Amira

Idioma:

Es

Español

English

Deutsch

Leer historiaOcultar historia

Estoy sentada en la cama cuando oigo la tarjeta de acceso deslizarse por la rendija en la puerta de la habitación del hotel.

Echo un vistazo por toda la habitación para asegurarme de que todo esté listo.

Es una habitación convencional, sin lujos, escasos muebles y con un aire impersonal.

Sin embargo, tiene la única cosa que de verdad necesitamos: una cama tamaño king. Ya quité las sábanas y las cobijas; no queda nada que nos estorbe.

Estoy temblando. Mi piel está lista para sus manos, y las espera ansiosa. En sólo segundos estará aquí junto a mí. Tocándome, besándome.

Solo por esta vez no soy tímida; no escondo mi piel en una bata que seguro me queda grande.

Estoy gloriosamente desnuda, recostada de espaldas, apoyándome sobre mis codos y con la cabeza descansando hacia atrás, revelando las largas líneas de mi cuello. Intento contenerme y no saltar a abrir la puerta yo misma.

Quiero estar perfecta para él. Quiero seducirlo. Quiero que esta sea una noche que ambos recordemos por muchos, muchos años.

Oigo que la puerta se abre y sus pasos se acercan por el piso de madera.

Inhalo profundamente. Intento no voltearme a verlo.

Me quedo en mi pose perfecta, con mi cabeza inclinada hacia atrás y mis ojos cerrados.

Oigo cómo se detiene y es ahora él quien toma una respiración profunda.

Puedo sentir sus ojos sobre mí, devorando mi cuerpo, mis curvas. Ellos casi marcan en mi piel un camino con su calor.

Me muevo sutilmente, estirando mis piernas para sentarme y deslizarlas hacia un lado de la cama. Me levanto y lo veo por primera vez.

Hemos intercambiado muchas fotos durante los meses que hemos estado escribiéndonos, pero no me esperaba que fuera tan alto.

Él se aproxima a mí mientras yo camino hacia él.

Puede que sea su jefa, puede que le diga qué hacer en las reuniones de equipo; pero ya no estamos en la oficina.

Nadie sabe que coqueteamos cuando terminan las reuniones. Nadie sabe las fotos y los videos provocativos que nos mandamos entre nosotros. Nadie sabe la tentación que sentimos el uno por el otro.

Lo prefiero aquí, en esta habitación conmigo, que en una videoconferencia de Zoom.

Extiende su brazo hacia mí y yo me hundo en sus caricias. Su mano se amolda a mi pecho. No ha pasado un minuto desde que entró al dormitorio y ya estamos besándonos apasionadamente.

Mis manos buscan su cuerpo bajo su chaqueta y se la quito tan rápido como puedo. Cae al piso con un ruido sordo.

Tiene demasiada ropa puesta.

Su camisa se ha deslizado un poco hacia atrás, revelando ligeramente un pedazo de piel de su espalda. Pongo mi mano allí, deseando que fueran mis labios.

Alejo mi cara por un momento para ver sus ojos.

El cálido color café en ellos es adorable y ardiente al mismo tiempo. Sus dos manos están en mis pechos ahora, apretándolos y jugando con ellos.

Me besa otra vez.

Su lengua hace nudos con la mía. Me sostiene con fuerza y me aparta para pasar sus labios desde el nacimiento de mi cuello, a través de mis pechos, hasta mi vientre.

Su lengua se desliza hasta mi ombligo. Es increíble como me da cosquillas y me excita al mismo tiempo. Tengo que apartarlo; necesito estar sobre mis pies una vez más antes de dejarme caer.

Más importante, necesito quitarle la ropa. Agarro el borde de su camisa y la halo con fuerza, para sacarla de sus jeans. Ahora es él quien se contorsiona para quitarse la camisa

Mis manos llegan a su cinturón y lo desabrocho con agilidad mientras su lengua se hunde en mi boca.

Paso mis manos sobre el cierre de sus pantalones y siento su miembro endurecido. Mis manos lo agarran sobre la ligera tela. Sin duda me desea. No puede esconder su erección de mí; tampoco lo intenta.

En los muchos meses que tenemos coqueteando en línea y por mensajes, nunca disfrazó su deseo por mi. No tiene sentido intentar esconderlo ahora que al fin estamos juntos.

Y entonces, suelta un gemido cuando sostengo su erección.

Le doy una gran satisfacción cuando bajo su cremallera dejando libre a su erección. Su tronco está caliente y palpitando en mi mano mientras lo acaricio.

Cambió un poco la velocidad.

Primero lento y tentador.

Luego más rápido y más rápido, cambiando el ritmo de acuerdo a sus reacciones.

Él sigue besándome, y finalmente lleva su mano entre mis piernas donde ya estoy completamente mojada para él. He estado mojada todo el tiempo que tengo esperándolo.

Ahora me hace dar un par de pasos hacia atrás hasta quedar sentada sobre la cama. Se arrodilla al pie de la cama y acomoda mis piernas. El primer toque de su lengua en mis labios vaginales me hace gemir.

Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que tuve una lengua allí, y nunca había sido una tan talentosa como la de él. Se toma su tiempo para notar lo que me gusta y lo que no. Pero siendo sincera, nada de lo que hace no me gusta; me derrito bajo su piel.

Sacudo mi cabeza de lado a lado desenfrenadamente, hundiendo mis manos en su cabello, sosteniendo su cara en mi vulva. Él succiona mi clítoris y me abre de par en par para darle paso a sus dedos exploradores.

Separo mis piernas lo más que puedo mientras empujo su cara con todas mis fuerzas hacia mí.

El orgasmo me hace sacudirme y prácticamente me levanta de la cama, dejando su cara toda mojada.

Veo hacia abajo, buscando su mirada, y descubro un destello en sus ojos. Se trepa al borde de la cama y agarra mis piernas para darme vuelta y ponerme boca abajo. Sus manos acarician mi culo, su lengua moja mi espalda.

Me apoyo sobre mis manos y rodillas y siento su verga presionando contra mí. Toma mis nalgas con sus fuertes manos y las separa para poner su lengua entre ellas. Yo empujo mi trasero contra él y casi lo siento sonreír cuando me da una nalgada que me hace dar un brinco.

Me encanta y sacudo mi trasero para él. Lo oigo reírse y siento como se posiciona entre mis piernas. Me da otra nalgada.

Ahora se inclina hacia mí, alineando su verga con mi húmeda vagina. Apoya su peso en mi cuerpo y su verga palpitante se desliza dentro de mi.

La empuja hacia adentro, y luego la saca por completo. Se toma un momento.

Por un momento muy breve, mi cerebro revuelto busca darle sentido a lo que está pasando.

¿Acaso decidió no continuar con esta aventura que los dos habíamos acordado?

¿No le gusté ahora que estamos frente a frente?

Pero esos pensamientos se acaban muy rápido al momento en que frota su verga con mi vulva de arriba hasta abajo, y la empuja hacia adentro otra vez.

Me penetra salvajemente, con determinación, su ingle chocando contra mi culo.

Luego su cara está junto a la mía, sus brazos junto a los míos, y jadeamos al unísono mientras me folla con locura.

Sus caderas empujan mientras su verga roza mi clítoris hinchado con cada penetración.

Puedo sentir como se está conteniendo, intentando darme todo el placer que pueda. Su deseo es satisfacerme.

¡Su deseo soy yo!

Voltea su cara para buscar mis labios, aún cuando me penetra por detrás.

El sudor que cae de nuestros rostros se entremezcla. Él levanta su torso hacia atrás y vuelve a darme otra nalgada fuerte.

Eso fue todo.

Comienzo a temblar, mis rodillas ceden y casi me desplomo bajo su cuerpo.

Él me sostiene y me trae a su regazo, quedando de frente a él, sobre sus caderas.

Se impulsa hacia arriba, hacia dentro mío, y finalmente acaba, llenándome toda. Suelto un grito mientras sucede.

Sus brazos sostienen mi cintura para subirme y bajarme sobre su verga.

Eventualmente, nuestra respiración acelerada regresa a la normalidad mientras me deja acostada sobre la cama y se desploma a mi lado.

Se asegura de dejar una mano sobre mí, como si no pudiera despegarse de mi suavidad.

Mis dedos se enredan entre los vellos de su pecho mientras lo veo. Está radiante, orgulloso, y me alegra compartir el centro de atención con él, aunque sea sólo por esta noche.

La intuición me dice, sin embargo, que esto no va a terminar aquí.

Nos volveremos a reunir en otra habitación de hotel como esta, en otra ciudad.

No vamos a poder estar separados.