En este audio erotico en español, una chica colombiana y su novio español deciden poner a prueba un escenario de juego de roles con el que ha estado fantaseando: darle a un desconocido sus bragas en público y luego coger en el baño en un bar de Madrid. Experimenta el placer de follar con un hombre dominante en público en este audio porno.

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Qué tan intenso?

20 MINS

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Es

Español

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AVISO: Este episodio contiene contenidos que pueden no ser adecuados para todos los oyentes. Por favor, escucha a tu propia discreción. Aunque los eventos de este episodio tienen lugar dentro de una fantasía BDSM, en BLOOM no aprobamos las insinuaciones sexuales no deseadas entre desconocidos.

¿No es adorable este local? Me encanta, he pasado por delante de esta cafetería montones de veces de camino al trabajo. Siempre me digo que entraré a tomar un café, pero supongo que la mayoría de los días pues voy con prisa para llegar a la oficina a tiempo.

Por fin tengo tiempo para mí, para hacer lo que me plazca. Miro los pasteles en la vitrina y se me hace la agua la boca. Todo parece tan delicioso, pero no es esa la única razón por la que estoy emocionada. Miro el reloj y una sonrisa traviesa se dibuja en mis labios.

Ya casi es la hora. Es una hermosa tarde de viernes, y he decidido tomarme el resto del día libre en el trabajo.

Todo huele tan bien… El rico aroma de café tostado me recuerda a mi natal Colombia. El olor dulce y sabroso de los productos recién horneados… Veo en la vitrina una vez más, esta vez buscando los verdaderos manjares.

Oh, Dios, esas napolitanas tienen muy buena pinta, y la tarta de limón…o el bizcocho…¿Qué debería pedir? Se acerca la camarera y pido un cortado y una napolitana rellena de crema. Hoy es un día para darse un capricho. Ha sido una semana muy larga, me lo merezco.

Estoy sentada junto a una ventana. La suerte está de mi lado: es el lugar perfecto para sentarse y observar las calles de Madrid.

Me siento aliviada de no estar de pie. Cuando dicen tacones de infarto, quieren decir tacones de infarto de verdad. Llevar estos tacones de aguja solo durante medio día me han hecho doler mis pies. Tenía una reunión importante con algunos posibles nuevos clientes esta mañana y quería lucir lo mejor posible. Puedo decir con confianza que ha salido bien. Me recuesto en la silla. Cierro los ojos para relajarme y escucho los sonidos de la cafetería: la gente charlando, la máquina de café…

Inspiro profundamente…

Y exhalo…

Y aunque sea por un momento, me pierdo, permitiendo que mi mente esté en blanco.

Mis ojos se abren de golpe. Hay un hombre sentado en mi mesa. El sonido de la silla me sobresalta, y aunque siento que debería decir algo me quedo sin palabras.

“¿Estás lista?”

Por fin.

“¿Te conozco?”

El hombre frente a mí se acomoda en su asiento y me mira directamente a los ojos. Sé que la cafetería está llena de gente, pero esta es una mesa tan pequeña. ¿Por qué tiene que sentarse aquí?

Me tomo un segundo para observarlo. Es guapo, aunque no el tipo de guapo estereotipado. Es un hombre un poco mayor, un poco tosco. Tiene unos ojos azules penetrantes, y una sonrisa de satisfacción cruza su cara mientras me muerdo el labio. Su confianza rezuma a través de su elegante atuendo. Lleva una camisa blanca con los primeros botones desabrochados, y tiene un abrigo marrón colgado del hombro. Es difícil saber a qué se dedica.

“¿Puedo ayudarle en algo?”

Tira de sus puños para enderezar sus mangas.

“Te estaba observando desde mi mesa de allí. Menudo conjunto llevas. Me encanta cómo te queda.”

Siento que mis mejillas sonrojecen y me agarro a los bordes de mi saco. Llevo un traje de falda sencillo pero elegante. Lo suficientemente bien cortado como para que se ajuste a la figura y siga siendo profesional. Todo de negro. Los tacones de aguja rojos completan el look. Quería intimidar e impresionar en la reunión. Está claro que también he llamado la atención de otra persona…

“¿Oh? Pues, gracias.”

“Me gustaría saber…”

“¿Saber qué?”

“Qué es lo que llevas bajo ese atuendo.”

“¿Disculpa?”

Sonríe y me mira desde el otro lado de la mesa. Se acerca para que nadie más pueda oírnos.

“Pensarlo me vuelve loco. Pareces una mujer de armas tomar. Con tanta confianza… eres tan jodidamente sexy…”

Miro fijamente hacia delante, con las mejillas encendidas.

“Apuesto a que te pegan unas simples bragas de seda. Negras y sencillas. O… incluso mejor… un tanga. Rojo, creo. A juego con tus tacones…”

Me sonrojo y me remuevo en mi asiento. Hay algo en él…

Es realmente atractivo. Sus ojos… esa sonrisa arrogante… Y una parte de mí ama esta atención…

“Quítatelas.”

Mis ojos se abren de par en par. Estoy a punto de reírme de lo absurdo de su petición, pero entonces me doy cuenta de que está hablando totalmente en serio. Me mira fijamente a los ojos, esperando mi respuesta. Mi coño se aprieta ante la mera idea de hacer lo que me ha pedido.

Me retuerzo en mi asiento y miro a mi alrededor. Todo el mundo está absorto en su propio mundo: disfrutando de sus cafés, charlando con sus teléfonos… Nadie nos presta atención. ¿De verdad voy a hacer esto? Sí… sí, lo voy a hacer. Voy a quitarme las bragas aquí mismo, debajo de la mesa, y dárselas a él.

Esto es una locura. Le miro fijamente y me ofrece una mirada tranquilizadora.

Me meto la mano por debajo de la falda y engancho los dedos alrededor de las bragas. Las bajo lentamente por mis muslos… mis pantorrillas… y finalmente por los tobillos.

Mientras me las pongo alrededor de mis tacones rojos, él se inclina hacia adelante y toma un bocado de mi napolitana.

“Oye, ¿en serio?”

Se ríe en voz baja y me dedica otra sonrisa. Rápidamente miro a mi alrededor. Creo que nadie se ha dado cuenta de que me las he quitado.

No puedo creer que estemos haciendo esto. Le intento deslizar las bragas por debajo de la mesa. Niega con la cabeza y sonríe otra vez mientras golpea la mesa con el dedo.

Oh Dios mío. ¿Quiere que se las entregue? ¡¿Delante de todos?!

Cruzo las piernas bajo la mesa. Con la falta de tela, me doy cuenta de lo mojada que estoy.

Me muevo en mi asiento, intentando reprimir la repentina ola de deseo. Vuelvo a mirar a mi alrededor, pero nadie nos presta ni la mínima atención. Aprieto la tela en mi mano, haciendo una pequeña bola. Levanto mi mano por encima de la mesa y la extiendo para encontrar la suya. Mis dedos rozan los suyos cuando las toma.

Sus ojos se quedan fijos en los míos y muerde su labio inferior. Está disfrutándolo.

Finalmente, mira su premio. Es un pequeño tanga, con malla transparente y detalles de encaje. Azul marino.

“Tienes muy buen gusto.”

Señala la napolitana, pero ambos sabemos de qué está hablando realmente.

“Clásico. Elegante. Delicioso.”

Vuelve a sonreír y se mete las bragas en el bolsillo delantero. De repente me siento muy desnuda.

“Deberías probar un bocado. Es realmente sabrosa.”

Hay una sensación casi insoportable de orgullo en su voz. ¿Me está ofreciendo un trozo de mi puto dulce? Aunque admito que… la audacia me excita. Estoy sorprendida, avergonzada y humillada… y tan jodidamente caliente.

Todas las emociones que compiten en mi interior hacen que me levanté y me excuse de la mesa. Eso fue tan emocionante…

Yo… estoy desesperada por tocarme…

Es un baño pequeño de solo dos cubículos… y no hay nadie aquí. Bien. Solo necesito un minuto para recuperar la compostura. Soy muy consciente de que no llevo ropa interior. Puedo sentir lo húmedo que está mi coño mientras me acerco al lavabo.

Me doy la vuelta, esperando que otra mujer se haya unido a mí. Pero no, es él. Sus ojos brillan de lujuria y deseo…

“¿Estás bien?”

“Sí.”

Asiento con la cabeza. Solo puedo pensar en mis bragas en su bolsillo… y en lo mucho que quiero saborearlo.

“¿Prefieres que me marche?”

“No.”

Sacudo la cabeza. Por supuesto que no quiero que se vaya. Quiero sus manos sobre mí ahora mismo. Echa el pestillo…

Gira…

Y de repente está muy cerca. Mi corazón late con fuerza.

Recorre con sus dedos mi mejilla…

Su cara está tan cerca de la mía. Y ser controlada y perseguida así… Me está poniendo muy cachonda. No sabía que era físicamente posible estar tan mojada.

“Quieres esto, ¿verdad?”

“Sí.”

“Quieres que te folle…. aquí y ahora… ¿no es así?”

“Sí.”

Me guía hacia atrás hasta que siento mi culo contra el lavabo.

“Ábrete de piernas. Déjame ver cuán mojada estás.”

Joder, qué caliente me pone.

Mis pies se tensan en mis tacones de aguja mientras separo las piernas. Su mano baja por debajo de mi falda. Sube por el interior de mi muslo izquierdo. Lentamente… sensualmente… Tiemblo de deseo entre sus manos. Es un sobresalto cuando presiona toda su palma contra mi coño. Rudo y cálido, lo suficiente para volverme loca.

“¡Ooooh, joder!”

Estoy tan hinchada y preparada. Y dejo escapar un jadeo mientras él desliza un dedo dentro de mí…

“Oh, Dios mío… Estás empapada. Justo como pensaba. Lista para que te folle, ¿eh?”

“Oh, sí. Fóllame. Por favor…”

Me hace girar y me dobla contra el lavabo.

Me levanta la falda y siento el contraste del frío contra mi humedad.

Hmmm… el ardor se siente tan bien, Y solo un adelanto de lo que está por venir, espero… El deseo que me llena es diferente a todo lo que he sentido. Quiero que me use. Una parte de mí espera que no me trate bien.

Un rayo de excitación me recorre cuando le oigo desabrocharse los pantalones. Caen al suelo, y le oigo abrir el envoltorio de un condón…

Oh, Dios mío, esto realmente va a suceder. Quiero que me folle tanto…

Se presiona contra mí, probando mi entrada por un breve momento antes de meterse dentro.

“Oh, Dios, sí… ¡sí!”

Su polla separa mis húmedos labios. Esto es exactamente lo que he estado necesitando, se siente tan bien…

“Joder, tu coño está tan apretado…”

Entra y sale de mí con facilidad, aumentando lentamente el ritmo… Una y otra vez…

Me folla por detrás…

Su velocidad se vuelve implacable. Siento como si todos mis nervios estuvieran conectados en uno solo. Una de sus manos sujeta firmemente mi cadera mientras la otra se enreda en mi pelo.

“Mírate… Te encanta que te follen así en público, ¿verdad? Mira lo mucho que te gusta.”

Noto el sudor en mi cara. Mis mejillas están sonrojadas. Mi saco está desabrochado. Mi culo está al aire. Me folla un hombre que acaba de exigirme que le entregue mis bragas en una cafetería llena de gente.

“Yo… quiero tocarme.”

“¿Qué quieres qué?”

“Quiero tocarme.”

“Vamos, juega con tu clítoris para mí. Pero no te corras sin mi permiso. ¿Me oyes?”

“Sí.”

“¿Sí?’”

“¡Sí!”

“Buena chica.”

A este paso, la gente de fuera podría oírnos. Pero no me importa. Mis dedos encuentran mi clítoris. Lo rodean desesperadamente, frenéticamente.

Oh, Dios mío… Esto se siente tan bien. Me llena por completo…

“¡Oh, sí!”

Ya está. No puedo contenerme más. Necesito correrme, necesito correrme tanto…

“¿Puedo correrme?”

“Ruégamelo.”

“Por favor. Oh… por favor, déjame correrme.”

“Ahora, córrete para mí. Córrete conmigo.”

“¡Oh, sí!”

“Joder.”

Eso fue increíble…

Mis piernas están temblando… Y no puedo creer lo que acaba de pasar…

Se desliza fuera de mí. Se deshace del condón en la papelera, y se sube los pantalones.

“¿Me pasé con lo de la napolitana?”

Me doy la vuelta para mirarlo y le sonrío.

“No, amor… lo has interpretado muy bien.”

“Ya sabía que eras una chica sucia. Gracias por las bragas.”

Me lavo la cara. Me bajo la falda y ajusto mi blusa. Mi coño sigue mojado y mi clítoris palpita. Me sonrío en el espejo mientras me arreglo el pelo. Me pregunto qué juego de roles probaremos después.