Este audio relato erótico se basa en una historia real enviada por una oyente. Tienes una aventura secreta en la oficina con tu sexy colega. Tus compañeros de trabajo no tienen idea de que recientemente ustedes han empezado a salir y realmente no quieres que se enteren. Finalmente, es la hora de salida y todos se van de la oficina quedando sólo ustedes dos. Tú te acercas a su cubículo y él te pone encima de su escritorio ¡Disfruta con nosotros de esta historia de sexo en el trabajo!

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Qué tan intenso?

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Nuestra oficina está casi vacía hoy viernes por la tarde. La mayoría de nuestros compañeros de trabajo están encerrados en una reunión importante, a la que nosotros dos tuvimos la suerte de no ser invitados. Intentamos trabajar diligentemente en nuestros respectivos proyectos, ansiosos por terminar todo antes del fin de semana largo.

No puedo dejar de mirar el reloj y contar las horas que faltan para poder tocarte de nuevo. Estoy completamente distraído cuando estoy cerca de ti. ¿Y por qué no iba a estarlo?

Desde que empezamos a salir, no puedo evitar tocarte. Deseo desesperadamente deslizar mis manos por tus caderas cuando paso a tu lado de camino a la cocina de los empleados todos los días; o meter mi lengua entre tus labios durante la más aburrida de las reuniones. Pero, por desgracia, no puedo.

Nuestros compañeros de trabajo no tienen ni idea de que hemos empezado a salir recientemente, y realmente no queremos que se enteren. No tienen ni idea de lo bien que encajan nuestros cuerpos, o la frecuencia con la que nos complacemos toda la noche. Y para evitar que se enteren, tenemos que actuar como si todo fuera normal entre nosotros. Como si no nos estuviéramos muriendo por arrancarnos la ropa el uno al otro a cada momento de cada día.

En lugar de ponerme a escribir mi informe trimestral o hacer un seguimiento de los clientes, estoy pensando en ti desnuda. Otra vez. Estoy pensando en cómo te movías y sacudías anoche debajo de mí en la cama. Mmmm... Estoy pensando en ese pequeño punto sensible de tu cuello que te hace gritar de placer cuando aprieto mis labios contra él. Dios, ojalá pudiera tocarte ahora mismo.

Agarro mi teléfono y te envío rápidamente un mensaje de texto desde mi escritorio. Estás sentada junto a mí, escondida en tu propio cubículo. Parece que estás tratando de trabajar, pero apuesto a que estás tan distraída como yo. Toda la tarde has estado echando miradas furtivas hacia mí, tratando de llamar mi atención.

Me asomo por el borde de mi cubículo y te veo metiendo la punta de un bolígrafo entre tus deliciosos labios pintados de rojo. Chupas la punta del bolígrafo, dando vueltas con la lengua, mientras miras la pantalla de la computadora. Casi no hay nadie más cerca. Finalmente, nuestras miradas se cruzan. Te digo sin emitir sonido, para que leas mis labios, que dejes de provocarme.

Te envío un mensaje de texto:

“Ya estoy bastante duro sin que hagas eso.”

Me devuelves la sonrisa y arrastras los dientes por el labio inferior, como la seductora que eres. Te observo atentamente mientras avanzas provocadoramente hacia mi mesa; tus caderas se balancean de lado a lado con cada paso que das.

Hoy llevas esa falda de cuero tan corta que sabes que me encanta. Y un suéter ajustado que hace que tus pechos se vean deliciosos contra la suave lana. Llevas el pelo recogido en un moño muy apretado en la nuca. Y tus gafas descansan cómodamente en el puente de tu nariz.

Para mi deleite, te detienes en mi escritorio, abrazando un grueso archivo de papeles contra tu abdomen. Me preguntas cuándo estará listo el informe trimestral.

“Parece que te está tomando mucho tiempo hacer este informe.”

Mientras hablas, apoyas tu entrepierna en la esquina redondeada de mi escritorio de madera.

“La sección cuatro, en particular, no luce bien. Necesito eso en mi escritorio urgentemente.”

Lentamente, empiezas a estimular tu clítoris mientras hablas conmigo muy seriamente sobre el informe.

“¿Cuándo crees que podrás darme las partes que más me hacen falta?”

Cierras los ojos momentáneamente y juro que puedo oír el fantasma de un gemido salir de tus labios. Acaricias la carpeta con tus pulidas y cuidadas uñas, esperando que te responda, pero estoy demasiado distraído para poder formular palabras en este momento. No puedo dejar de mirar mientras aprietas tu coño contra mi escritorio, luciendo tan jodidamente excitante sin casi hacer nada. Mi verga se pone cada vez más dura dentro de mis pantalones.Mi corazón late muy rápido. No se me ocurre qué responderte, y no tengo ni idea de cómo voy a aguantar hasta el final del día. Murmuro torpemente que lo haré lo antes posible. Me das las gracias con esa voz tan dulce y ronca que tienes. Y entonces deslizas con elegancia tu coño por la esquina de mi escritorio.Mientras te veo alejarte, casi puedo ver el rastro de tu aroma sexual serpenteando tras de ti.  No puedo evitar ver cómo se balancea tu culo dentro de esa falda de cuero brillante mientras caminas por la oficina hacia la fotocopiadora. Desde mi cubículo, tengo una vista perfecta de ti escaneando algunos documentos. Y sé, que tú sabes, que puedo verte.

Das un rodillazo a la máquina con impaciencia y tu falda de cuero se sube lentamente, dejando al descubierto la parte trasera de tus gruesos muslos. Parece que estás luchando con un papel atascado. Sonrío en mi interior mientras observo cómo te jalas la falda, consciente de su diminuta longitud y sin querer enseñar nada a ninguno de nuestros compañeros de trabajo. Te ves tan jodidamente atractiva de pie, frustrada y molesta por la antigua máquina. Agarro mi teléfono y te envío otro mensaje de texto.

“¿Cómo te atreves a masturbarte contra mi escritorio, traviesa. Esta noche te frotarás contra algo muy duro que no se quedará tan quieto como ese escritorio de madera... Mi verga anhela volver a frotarse contra tu clítoris...”

Entre la espera de la impresión de tus documentos y los ojos que me pones, sacas tu celular del bolsillo trasero, supongo que para ver mi mensaje. Veo que esa sonrisa traviesa vuelve a aparecer en tus labios mientras escribes rápidamente en tu celular.

El celular vibra en mi mano y una oleada de deseo me recorre antes de siquiera poder revisar tu mensaje. Tu texto describe de forma muy clara y nítida lo mojada que estás en este momento, lo excitada que has estado todo el día, y lo desesperada que estás por sentirme dentro de ti lo antes posible. Mi cara se sonroja al leer tu mensaje. Rápidamente te respondo con otro:

“Sólo faltan dos horas para que pueda cogerte.”

Probablemente mi pene va a reventar antes de cerrar la jornada... Uf. La reunión ha terminado y nuestros compañeros de trabajo salen de la sala de reuniones. Supongo que nuestro pequeño juego de fantasía tiene que terminar. Te miro furtivamente y veo cómo recoges tus documentos de la fotocopiadora antes de dirigirte a tu escritorio.

El resto de la jornada laboral transcurre con una lentitud tortuosa. Pero finalmente, cuando el reloj marca las cinco, nuestros compañeros de trabajo salen por la puerta. Tú y yo nos quedamos atrás, fingiendo trabajo extra.

No han pasado más de diez minutos cuando oigo el sonido de la silla de tu escritorio deslizándose por el suelo. Levanto la vista y, de repente, estás a mi lado, sonriendo hambrienta de deseo, e inclinándote para besarme.

Te sujeto por la parte de atrás de tu cabeza, clavando mis dedos en tu pelo mientras acepto que tu lengua se deslice en mi boca. Beso tu mandíbula y me dirijo hacia el lóbulo de tu oreja. Mi mano libre recorre uno de tus lados hasta llegar al dobladillo de tu mini falda. Te pregunto si quieres volver a mi casa, pero me dices que no crees que puedas aguantar tanto tiempo.

Quieres que te coja aquí mismo. Ahora mismo. En mi cubículo. Es una propuesta peligrosa, ya que no podemos estar seguros de que todo el mundo se haya ido de la oficina. Pero estoy demasiado caliente para tomar una decisión informada ahora mismo. A la mierda. ¡Te quiero ya!

Desde donde estoy sentado, te agarro por la cintura y te pongo de pie suavemente. Luego acerco mi cabeza a tu cuerpo y tú me rodeas con tus brazos. Mi cara está acurrucada en tu estómago. Siento la tela de tu blusa en mi piel y tu aroma me hace recordar todas las veces que hemos hecho el amor. Pero nunca en nuestra oficina. Nunca nos hemos atrevido. Hay demasiado en juego. Nuestros trabajos. Nuestras carreras profesionales. Pero la lujuria que crece en mi interior es demasiado poderosa...

Te acaricio el interior de los muslos y te subo la falda hasta la cintura. Mis dedos rozan el encaje de tu ropa interior. Y por fin, por fin, siento tus cálidos y palpitantes labios contra la tela.

“Mmmm...”

Muy bruscamente bajo tu ropa interior... y tú jadeas a partes iguales de sorpresa y excitación. Entonces deslizo muy, muy suavemente mis dedos dentro de tu cálido y húmedo interior. Con un ligero toque, suave como una pluma, te acaricio el clítoris. ¿Te vuelve loco que mis dedos rocen apenas tu zona más sensible? ¿Te gusta lo mucho que te tiento? ¿Cómo te vuelvo loca con estas caricias tan lentas?

Separo tus muslos con mis rodillas para poder entrar mejor en tu vagina con mis dedos. Ohhhh, carajo, estás tan increíblemente mojada. Tu deseo cubre mis dedos,mientras me muevo más y más profundo dentro de ti. Acaricio la longitud de tus músculos internos mientras te montas en mi mano.Mientras mueves tus caderas arriba y abajo contra mis dedos, tomo mi otra mano, y bajo el cierre de mis pantalones. Quiero que veas lo duro que estoy para ti. Quiero que veas lo grande y hambrienta que está mi verga mientras la acaricio suavemente hacia arriba y hacia abajo. ¿Te gusta esta verga dura, preciosa? ¿Te gusta cómo la haces crecer? ¿Deseas que esté dentro de ti? ¿Penetrándote? Acaricio la punta sensible de mi verga y esparzo el pre semen, recordándote lo que está por venir.Te saboreas, deslizando tu lengua rosada sobre tu labio inferior; y tus ojos se cierran mientras sigues balanceándote sobre mis dedos. Te guío para que te sientes en mi escritorio. Ahora abres las piernas para mí y te mueves hacia adelante y hacia atrás impacientemente, rogando que te penetre.Lanzo una mirada cautelosa por encima de mi hombro, preocupado por si nuestro jefe, que suele quedarse hasta tarde, aún está por ahí. La sensación de peligro me pone aún más duro. Pero, sé que no puedo parar ahora.

Apoyo mi rostro hacia un lado de tu cuello, inhalando tu aroma tan familiar. Luego deslizo mis tres dedos hasta el fondo. ¿Qué se siente al tener tres dedos que te presionan desde dentro? ¿Te llena? ¿Te hace desear aún más? Tu húmedo y glorioso coño recibe todos mis dedos mientras te penetro profundamente. Empujo hacia dentro y hacia fuera... Dentro y fuera... Dentro y fuera... Lentamente... Rítmicamente... mientras tu mano se estrella contra el teclado de mi escritorio.

Acaricio mi miembro firme y lentamente, y tú deslizas tus dedos hacia abajo para frotar tu pequeño y duro clítoris. Presiono mi boca contra la tuya y aumento la presión de mis dedos dentro de ti. Recorro tu cálido y aterciopelado interior, llegando cada vez más alto hacia tu sensible punto G.

Te frotas el clítoris. Más fuerte... Y más rápido... Más fuerte, más fuerte, más fuerte... ¿Cómo te hace sentir? ¿Tener mis dedos dentro de ti y jugar con tu clítoris sediento? ¿Te gusta verme acariciar mi miembro para ti, preciosa? ¿Te gusta que nos dé placer a los dos? ¿Hace que te quieras venir? ¿Vas a acabar para mí? Sí, acaba para mí, no te contengas, ¡sigue frotando ese clítoris!Acaricio mi verga arriba y hacia abajo viéndote desde abajo. Siguiendo el ritmo al compás de tu figura oscilante. Cariño, eres tan jodidamente caliente. Tengo tantas ganas de cogerte... Pero esta sensación de restricción es increíblemente excitante... Me encanta tocarte mientras tú lo haces también... Tu cuerpo se sacude y de repente se pone rígido, y tus gritos de placer perforan mis tímpanos.

Me masturbo con más fuerza y rapidez para alcanzarte en tu éxtasis... Nuestros cuerpos están conectados en movimiento y el escritorio se tambalea debajo de ti. El teclado se estrella contra el suelo. Y una pila de papeles se cae del escritorio. Ahora te froto más rápido... Más fuerte... Más rápido... Más fuerte... Mi mano tiembla alrededor de mi verga mientras el placer te abruma.

Estás a punto de llegar. Puedo sentir cómo tu cuerpo tiene espasmos con una serie implacable de temblores que te sacuden de pies a cabeza. Yo también estoy a punto de explotar... 

Sucedió casi al mismo tiempo... y nos quedamos sin aliento... y eufóricos. Me sonríes y me pides que te lleve a casa. Miro por encima del hombro, con el placer aún atravesando mi cuerpo. Nos acomodamos la ropa. Sin aliento... pero riendo.

No creo que pueda ver nuestro lugar de trabajo de la misma manera después de esto...