
¿Te gusta la fantasía de sexo entre profesor y estudiante? En este audio porno en español, el profesor te castiga por llegar tarde a su primer clase. Escucha este audio erótico gratis si te gustan las lamidas de coño, los hombres dominantes, y sexo en público.
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Entro al edificio con mi cabello todavía mojado.
El techo es gloriosamente alto, las molduras están finamente trabajadas en madera, y las baldosas brillantes del piso hacen contraste con mi húmeda apariencia.
¡De todos los días para quedarme dormida!
Hoy ha sido un día lleno de eventos desafortunados, y es solo el primer día del semestre.
Sacudo mi cabeza. El agua salpica el recibidor vacío de la universidad.
Por suerte, nadie está cerca para verme así de desaliñada. Desafortunadamente, llegaré muy tarde para mi primera clase.
Vuelvo la cabeza para darle un último vistazo al aguacero de afuera y me apresuro para encontrar el salón 607.
No me toma mucho tiempo encontrarlo. Todos los ojos apuntan a mi mientras intento escabullirme dentro del salón.
De todos las miradas sobre mí, la de él es la más intensa.
Acompaña perfectamente los rasgos fuertes de su rostro, su forma de expresar tanta emoción con una simple mirada. Y luego está su figura musculosa, apenas disimulada por la camisa prístina y los pantalones negros que lleva. Emana confianza.
Mientras camino a uno de los pocos asientos libres, casi al frente del salón…
“Llegas tarde. ¿Cuál es tu nombre?”
Me voy llenando de vergüenza por dentro. Mi cara se sonroja y evito verlo directamente.
Le digo mi nombre muy rápido, y luego bajo mi cabeza intentando sumergirme dentro de mi ropa, esperando que algo distraiga su atención.
El segundero sigue sonando y él continúa viéndome, su mirada penetrante como un láser.
Luego, finalmente, regresa a su lección del día, y me quedo mirándolo nerviosa mientras cruza hacia el otro lado de la sala.
El resto del salón se ha olvidado de mí.
Meto la mano en mi desordenado bolso y empiezo a sacar mi cuaderno de notas y mis libros.
Cuando subo la mirada para copiar del pizarrón, sus ojos están fijos en mí de nuevo.
Me siento acalorada otra vez, pero ahora no es sólo vergüenza; hay algo más.
Es esa mirada. Esa seria, penetrante y dominante mirada.
Mientras más me observa más siento un cosquilleo, un calor, y la piel se me va poniendo de gallina.
Mordisqueo levemente mi labio inferior mientras lo veo.
¿Habrá notado el efecto que tiene sobre mí? ¿Será por eso que se queda mirándome?
Demasiados pensamientos empiezan a pasar por mi mente: su boca susurrando mi nombre, sus fuertes brazos acercándome a su cuerpo…
La sensación de mi espalda golpeando el pizarrón mientras me besa.
Estoy tan perdida en mis propias fantasías que casi no escucho cuando da por terminada la clase.
Cuando finalmente me doy cuenta, soy la única que queda.
Él ya está parado frente a mí. Sus ojos fijos en los míos.
“¿Por qué llegaste tarde esta mañana?”
Mi lengua se tropieza. Las palabras se quedan atoradas en mi garganta.
No es la pregunta lo que me hace vacilar, sino esa voz seductora y dominante.
Sí, me avergüenza ser confrontada de esta manera, pero también me excita cómo su voz despierta algo en mis oídos, la forma en que me habla se siente tan íntima.
Un atisbo de sonrisa se manifiesta en su apuesto rostro.
Entonces me vuelve a pescar, ahora con otra pregunta.
“¿Por qué estás tan mojada?”
Trago saliva cuando lo oigo.
La presión entre mis piernas va subiendo de intensidad con cada segundo que paso sin responder.
Sé que es una pregunta inocente que mi mente es la que la transforma en algo sucio, pero no puedo pensar en ninguna otra cosa cuando él me mira tan intensamente.
Su sonrisa se hace evidente cuando comienza a caminar hacia su escritorio.
Un poco confundida, lo veo con curiosidad mientras busca algo en una de las gavetas.
Finalmente saca una toalla pequeña.
Y se acerca tranquilamente hasta donde yo estoy para ofrecérmela. Yo la acepto con agradecimiento, cnsciente de lo empapada que está mi ropa.
Se siente tan suave en la palma de mis manos.
Una textura relajante y bien recibida luego de un día con un inicio tan húmedo.
El asiento es demasiado pequeño para poderme secar bien estado sentada. Por lo tanto, me levanto y paso la toalla por mi cuerpo, intentando con todas mis fuerzas ser lo más rápida y elegante posible. No quiero parecer aún más tonta frente a él.
“¿Puedo ayudar?”
Me sonrojo un poco pero acepto su ayuda sin pensar mucho, queriendo estar más seca, y más cerca de él.
Entonces lo siento detrás de mí, su cuerpo entrando en contacto con el mío.
Siento su entrepierna descansar sobre la curva de mis nalgas, los dos encajando como las piezas de un rompecabezas, mis curvas ajustándose a las suyas.
Nos juntamos aún más cuando estira sus brazos para tomar la toalla de mis manos.
Intento ahogar mis suspiros, pero no puedo evitarlo. Se siente tan bien estar así de cerca.
Usando la toalla, empieza a frotar mis caderas de arriba hacia abajo, llegando cada vez más abajo sobre mi cuerpo con cada movimiento.
“¿Aún estás mojada?”
Me pregunta si todavía estoy mojada, casi en un susurro.
El calor de su aliento me da cosquillas en la oreja mientras se inclina hacia mí. Mi respiración se detiene en mi garganta.
Cada centímetro de mi está tenso por el deseo cuando una de sus manos se pone por delante de mi estómago, sus dedos caminando a lo largo de la cintura de mis pantalones, tentándome, haciéndome liberar más gemidos.
Entonces introduce su mano por debajo de la tela, disfrutando como su piel se siente contra la mía.
Sus habilidosos dedos acariciando la parte superior de mi ropa interior, mi vagina palpitando al punto de la frustración.
Necesito que me toque, que sienta lo mucho que lo deseo.
Como si pudiera oír mis pensamientos, pasa sus dedos por debajo de la costura de mis pantis y los desliza entre mis labios vaginales.
Un ronroneo profundo y carnal resuena en mi oído mientras mi humedad cubre sus dedos. Mis gemidos se unen a los suyos mientras sus caricias se trasladan a mi clítoris.
Su tacto es determinadamente suave, no más que un roce sobre mi piel expuesta. Sin embargo, todo mi cuerpo tiembla de placer, una sensación que me hace tambalear cuando empieza a hacer más presión.
Su dedo ahora hace círculos rítmicos en mi clítoris, cada uno me hace perder la cabeza.
Me olvido de quiénes somos, de quién es él.
Todo lo que me importa es esta sensación. No quiero que termine nunca.
Nuestros cuerpos presionándose el uno contra el otro, sentir su bulto contra mi culo solo hace aumentar mi lujuria.
Quiero que me penetre. Aquí y ahora.
No me importa si nos descubren. No me importa si alguien nos ve—
De repente, un duro golpe resuena en la habitación.
Sobresaltada, abro mis ojos. Estoy sola. Completamente sola en un salón de clases vacío.
Por unos segundos me encuentro atolondrada y confundida.
Luego observo el reloj grande que está sobre el pizarrón. Son las doce y diez minutos. La clase terminó hace diez minutos.
Suspiro profundamente mientras me recuesto en mi asiento.
Mi cuerpo entero sigue encendido por sus caricias…
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