En este audio relato porno destacan la dominación, la sumisión, los juguetes sexuales y las restricciones... y esto es simplemente otra mañana perezosa en la cama para estas dos enamoradas. Despertarse cachonda es una cosa, pero ver a tu pareja complacerse y tener que esperar su permiso para unirte es otro juego... y qué divertido que es. Sé parte de otra lección de placer en este dulce y a la vez pervertido relato erótico.

Leer Más

Qué tan intenso?

16 MINS

Idioma:

Es

Español

English

Deutsch

Leer historiaOcultar historia

Mmm, ¿qué hora es? Supongo que es temprano. Hmm, la cama está vacía. Seguramente llevas un rato despierta. Nunca entenderé a los madrugadores...

“Ah, la bestia por fin ha despertado...”

“Apenas. ¿Café?”

“Leche al vapor y dos de azúcar. Justo como te gusta.”

Mmm, qué rico. ¿Cómo es que soy yo la barista y mi novia la que hace mejor café?

“Gracias, amor.”

Me inclino y te beso suavemente. Lo que podría haber sido un rápido beso de buenos días se convierte enseguida en un largo y sensual abrazo. Mm, tu cuerpo se siente tan bien contra el mío.

“Alguien está caliente esta mañana...”

“Sí… lo estoy...”

Te sonrío soñolienta mientras me acomodo en la cama. Extiendo los brazos y tú te colocas entre ellos, posando tu boca en la curva de mi cuello. Estoy desnuda y la tela de tus shorts me roza los muslos... mis caderas... mi cintura... Mmm, qué bien se siente tenerte tan cerca de mí.

Inclino la cabeza hacia abajo y vuelvo a capturar tus labios, esta vez empujando mi lengua dentro de tu boca. No suelo estar cachonda por la mañana, pero es fin de semana y tú y yo no tenemos nada más que hacer, así que me dejo llevar. Tú y yo hemos sido súper sexuales desde que me explicaste una nueva fantasía tuya hace un par de semanas. Al parecer, te daba demasiada vergüenza revelarme lo mucho que deseabas ser dominada, pero una vez que lo admitiste... Bueno, ahí fue cuando realmente empezamos a divertirnos.

Puede que sea yo la que se despertó excitada, pero está claro que tú también lo estás disfrutando. Creo que tengo una idea para algo divertido que podríamos hacer esta mañana...

“Dios, de verdad estoy excitada hoy, amor. Creo que necesito tocarme...”

“Bueno, sabes que puedo ayudarte...”

Arrastras tu mano lentamente por mi costado, y aunque me encantaría sentir tus dedos provocándome, te agarro de la muñeca y la alejo suavemente.

“Mmm, en realidad... Creo que deberías mirar solamente. De hecho, voy a lanzarme y a decir que no se te permite tocar.”

Tu cara cambia. Una mirada de intriga y una nueva ráfaga de deseo curvan tus labios hacia arriba en una sonrisa curiosa.

Nuestro cajón sexual solo tenía antes un vibrador y un strap-on, pero ahora está lleno de muchas cosas divertidas y excitantes... Esposas de cuero... Una venda para los ojos... Una mordaza de bola... Una gruesa cinta de bondage.

Saco el rollo de cinta de látex negra y brillante y arranco una larga tira. Te encanta que te aten con este material porque sólo se pega a sí mismo, lo que significa que no duele cuando te lo quito.

Me doy la vuelta para mirarte y te ves completamente diferente. Tienes los ojos vidriosos de deseo y me miras con esa mirada expectante y cómplice que ahora llamo "mirada sumisa". Es la mirada que pones cuando sabes que estoy a punto de tomar el control. Te encanta cuando hago eso...

Tomo tus dos muñecas en mis manos, que me das de buena gana, y comienzo a enrollar la suave cinta de látex alrededor de ellas. Coloco tus manos atadas por encima de tu cabeza y me pongo a horcajadas sobre tus caderas.

“¿Recuerdas lo que he dicho? No se puede tocar. Hoy... sólo vas a mirar...”

Te lames los labios y asientes con la cabeza, tu labio inferior tiembla ligeramente. Me inclino hacia delante y te beso, masajeando tu lengua con la mía, poniéndote a tono. Luego, te recorro lentamente con mi mano por entre tus pechos... bajando por tu abdomen... y finalmente llego entre mis propias piernas. Tus manos se mueven ligeramente, como si quisieras alcanzarme y tocarme.

Dibujo patrones lentos por mis caderas... acariciando mi piel... Rodeo uno de mis pezones con mi dedo, tirando suavemente de él y haciéndolo girar alrededor de las yemas de mis dedos. Dios, qué bien se siente. Me encantan las caricias lentas y suaves. Caricias ligeras y tentadoras. Repito lo mismo con mi otro pezón hasta que los dos se despiertan y se ponen en guardia.

Me estoy mojando. Y me pregunto si puedes sentir el calor que emana de entre mis piernas.

“¿Te gustan mis tetas, amor?”

Asientes vigorosamente, desesperada por cualquier muestra de atención que pueda darte.

“S-sí... Sabes que me encantan...”

“¿Querrías tocarlas ahora mismo? ¿Querrías chuparlas?”

Sabes, me está empezando a gustar mucho dominarte en la cama. Hay algo increíblemente sexy en lo mucho que te gusta. Lo mucho que te gusta cuando tengo el control... Lo mucho que te gusta ser sumisa para mí... Verte tan caliente siempre me excita.

Deslizo los dedos hasta mi concha. Separo mis labios con un dedo, sólo para comprobar lo mojada que estoy. Mmm, muy... muy mojada...

“Apuesto a que te gustaría poder sentir lo mojada que estoy ahora mismo. Ohhh Dios mío, te encantaría lo caliente y húmeda que está mi vagina.”

“Ohhh, carajo...”

Juego con mi clítoris, deslizando mi dedo sobre él un par de veces, rodeándolo con ligeros toques. Maldita sea, qué bien se siente... Me inclino para agarrar algo de la mesita de noche.

Ahí está.Mi vibrador favorito. Lo prendo y lo sostengo para mostrártelo.

“Ya sabes lo mucho que me mojo cuando usamos esto...”

Presiono la punta del vibrador contra mi entrada...ohhh, sí, eso se siente... tan... bien... Deslizo el vibrador lentamente hacia arriba y hacia abajo dentro de mí. Siento cómo recoge mi humedad y la extiende por todo el cuerpo. Monto tus caderas, empujando mi cuerpo hacia delante, y luego bajando lentamente mientras me froto contra el vibrador

“Ohhh, amor... Esto es justo lo que necesitaba esta mañana...”

Te retuerces debajo de mí, desesperada por tocarme, o de sentir mi tacto. Levantas tus caderas ligeramente, lo suficiente para alcanzar las mías, y comenzamos un ritmo lento juntas.

“¿Te está volviendo loca verme complacerme a mí misma?”

“Ohhh, sí. Carajo, sí... Ohh, Dios, quiero tocarte tanto...”

“¿Si? ¿Quieres? ¿Quieres tocarme?”

Apoyo la punta del vibrador en mi clítoris y mi cuerpo se sacude cada varios segundos mientras una nueva ola de placer impacta todo mi interior.

“Ohhh, te resbalarías sobre mí, amor... Ohhh, si pudieras sentir lo mojada que estoy...”

Vuelvo a jugar con mis pezones, usando mi mano libre para pellizcarlos con fuerza entre mis dedos. Mantengo mis ojos en ti todo el tiempo, observando cómo tu cuerpo se mueve y se retuerce de necesidad. Solo puedo imaginar lo excitada que estás en este momento.

“Te gusta que te tienten, ¿verdad, amor? ¿Te gusta que te obligue a mirarme así?”

“Me gusta tanto...”

Dejo el vibrador y te bajo los shorts por las piernas. Te los quito inmediatamente y te separo las piernas lentamente. Mi mano recorre tu vulva y puedo sentir lo mojada que estás para mí.

“Has sido muy obediente. Voy a darte una recompensa por seguir tan bien mis instrucciones.”

Coloco mis dedos empapados de fluidos contra tu boca y tú los recibes con gratitud.Los chupas y absorbes tus propios jugos.

“Buena chica.”

Te los quito de la boca y los deslizo muy lentamente dentro de ti.

Ohhh, Dios, estás tan mojada. Tal vez tan mojada como yo. Tu concha chupa mis dedos y te cojo tentadoramente. Te doy empujones lentos y metódicos, ni remotamente cerca de la velocidad y la energía que deseas con desesperación.

“Eres una chica muy sucia, ¿verdad?”

Me inclino hacia delante y gimo en tu oído. Me doy cuenta de que te esfuerzas por ser buena y no tocarte mientras tus manos atadas se agarran al respaldo del cabecero.

“¡Ohhh, mierda, cariño! Ohhh, cógeme, cariño, por favor... más fuerte...”

“Hmm, ¿te lo mereces, amor? ¿Crees que te mereces que te coja?”

Saco mis dedos y acaricio su clítoris. Leves toques y pinceladas... mientras tus caderas se mueven deseosas hacia mí.

“Hmm... Creo que puedes esperar un poco más. De hecho, creo que voy a tocarme un rato más.”

Con el vibrador en la mano, me tumbo a tu lado, de cara a ti, para poder ver cómo tus dientes muerden nerviosamente tu labio inferior. Vuelvo a presionar el vibrador contra mi clítoris y lo enciendo.

“Ohhhh, sí... Ohh... Ohh, Dios, ohhh...”

El placer me invade. Todo mi cuerpo se estremece de satisfacción. Mi clítoris palpita... Y me paso las manos por el pelo mientras la estimulación se apodera de todo mi cuerpo. Dios, se siente tan jodidamente bien... Lo necesito ahora mismo... Deslizo el vibrador hasta mi entrada y me penetro.

“¡Ahhh! Ahhh, Dios, ¡sí-sí!”

Todo mi cuerpo se impulsa contra el tuyo mientras navego por las olas del placer. Maldición, creo que me estoy acercando. No necesito mucho más para correrme. Pero no quiero acabar sin ti.

Con mi mano libre empiezo a meterte los dedos de nuevo. Te acaricio el clítoris tan rápido como puedo mover mis dedos. Quiero que te vengas conmigo. Quiero llevarte tan cerca como yo...

“Ohhh... Ohhh, Dios, sí...”

Te mueves salvajemente contra mí, chocando con mis dedos. Empujo dos dentro de ti, cogiéndote rápido y fuerte mientras sigo frotando mi clítoris una y otra vez... Dios, se siente tan bien... Meto un tercer dedo dentro de ti, empujando y sacando toda su longitud con cortos tirones de mi brazo. ¿Te gusta eso, amor? Quieres acabar conmigo, ¿verdad? ¿Sí?

“¡Sí! Sí, amor...”

Te estás acercando... Ohhh, creo que vamos a venirnos juntas... Oh, mierda, te ves tan caliente en este momento... Me encantan las caras que pones, los sonidos sucios que salen de tu boca... Carajo, no puedo aguantar mucho más... Ohh, ohh, Dios...

Eso fue... Dios, eso fue... Tan bueno... Abro los ojos y admiro tu imagen... Estás jadeando, con una suave capa de sudor en la frente. Tus rizos oscuros se extienden por la almohada.

“Mmm... tú... sí que sabes cómo hacer que una chica se venga…”

“Creo que ahora sí puedes tocarme...”

Me levanto y desenrollo la cinta de látex de tus muñecas, liberándote de las ataduras. Inmediatamente me rodeas con tus brazos por el torso y entierras tu cara en mis pechos. Aprieto mi nariz en tu pelo y aspiro tu aroma.

Otra salvaje lección de placer contigo... Me pregunto qué será lo siguiente que aprenderemos juntas.

Relatos de las series

Más como este

Mismo tipo de personajes