En este audio relato porno, una talentosa chef decide celebrar su aniversario de bodas con su esposo de una manera interesante y diferente... haciendo su propia versión de Nantaimori. Ella le indica a su pareja que se desnude, se suba a la mesa y luego lo rocía con champán, miel y crema batida casera. Disfruta de este audio relato porno y experimenta la fantasía de hacerlo usando juegos con comida.

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Qué tan intenso?

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Mmm, de acuerdo, tomaré una más... Estas fresas cubiertas de chocolate están para morirse. Para cuando llegues, puede que no quede ninguna. A quién quiero engañar - tengo un montón de dulces sorpresas para ti esta noche.

Sé que no eres una gran fan de este tipo de sorpresas... pero creo que te va a encantar lo que he planeado esta noche. ¿Cuándo fue la última vez que hicimos algo especial? ¿Tu cumpleaños del año pasado? No puedo esperar a ver tu cara en cuanto entres por la puerta.

Aunque es un viernes por la noche, te he mandado un mensaje para decirte que llegaré tarde a casa. Unas copas con los del trabajo, dije. Una mentira como un castillo.

Te pregunté -amablemente, por supuesto- si podías limpiar el desayuno de la mañana y si podías preparar algo para la cena de esta noche. Has dicho que sí a regañadientes. Odias cualquier tipo de alteración a tu rutina o los cambios repentinos. Y siempre lo tengo muy en cuenta. Para nada te imaginas que es todo lo contrario a lo que esperas...

Miro rápidamente el reloj y me arreglo, sabiendo que pronto llegarás a casa. Quiero prepararme y esconderme justo en el vestíbulo para tener un asiento en primera fila y disfrutar de la cara de sorpresa y alegría que pondrás cuando entres.

Atraviesas el umbral y dejas caer tu bolso sobre la mesa de la cocina. Por un momento pareces profundamente confundida. Casi puedo ver los pensamientos que pasan por tu mente: ¿Dónde están los platos sucios? ¿Por qué la cocina está impecable? ¿Qué es ese dulce y delicioso olor?

“¿Cariño? ¿Estás en casa?”

Miras en el pequeño plato con forma de concha que hay en la encimera, donde normalmente guardamos las llaves, pero mis llaves no están dentro. Y mi chaqueta no está en el gancho. El apartamento está completamente quieto. Pareces increíblemente confundida mientras te pasas las manos por el pelo y suspiras. Justo después de lavarte las manos y antes de abrir la nevera para empezar a cenar, me arrastro lentamente a la cocina desde el pasillo.

“¡Ahí estás, mi amor!”

“¡Oh, Dios mío! Me has dado un susto de muerte. ¡Pensé que no estabas en casa!”

Te cojo en brazos para tranquilizarte y calmarte. Me das una palmada en el brazo, juguetona y molesta. Ya estás acostumbrada a mis bromas después de cuatro años de matrimonio, pero esta se lleva la palma.

“Lo siento, cariño. Lo siento. Sólo quería sorprenderte.”

“Oh, un ataque al corazón... ¡qué agradable sorpresa!”

“No te preocupes, esta no es la sorpresa. ¿Tienes hambre?”

“Supongo que sí. ¿Por qué? Pensé que se suponía que iba a cocinar esta noche.”

“No, no, no. No vas a cocinar esta noche. Sólo quería hacerte creer que era una noche de viernes normal y corriente.”

“Oh, ¿no lo será? ¿Qué pretendes?”

“Estás a punto de descubrirlo. Siento haberte asustado.”

“Ahora date la vuelta, por favor.”

“Cariño, estoy muy cansada esta noche. Todo lo que quiero es sentarme frente a la televisión y pedir comida para llevar.”

“Sólo date la vuelta, ¿de acuerdo? Y confía en mí.”

Tus hombros se relajan ligeramente bajo mi contacto. Saco un pañuelo del bolsillo de mi pantalón y te tapo los ojos con él. Luego te guío lentamente por el pasillo hasta el baño donde he preparado un lujoso baño de burbujas.

“Oh, wow... huele tan bien aquí.”

Todo tu cuerpo se relaja ahora mientras el aroma de la lavanda y la manzanilla te envuelve. El baño es agradable y cálido. De pie detrás de ti, rozo suavemente mis labios contra tu mejilla y te beso. Deslizo mis dedos por la parte delantera de tu blusa, quitando los botones uno a uno.

Deslizo tus brazos fuera de las mangas, luego bajo lentamente la cremallera de la falda y deslizo la tela por tus piernas hasta el suelo. Te sales completamente de ella mientras recorro con mis manos tus suaves brazos desnudos. Te quito el sujetador... y deslizo lentamente mis dedos hasta tus bragas. Tus muslos están calientes y un poco sonrojados mientras tiro de las bragas de algodón gris al suelo.

“Quédate aquí. Vuelvo enseguida.”

Te dejo solamente un segundo para coger las fresas junto con una botella de champán frío que aprieto suavemente en la parte baja de tu espalda. La sensación de la botella fría te hace tiritar. Sé que estás excitada y que sientes curiosidad por todas las sensaciones y emociones: el calor de mi tacto y el frío de la botella de champán contra tu piel... Los olores de la habitación... La imposibilidad de ver lo que se presenta ante ti debe ser tan emocionante...

Todos tus sentidos se activan simultáneamente. Solo puedo imaginar lo bien que se debe sentir. Una sonrisa se dibuja en tu cara. Nunca me canso de mirarte.

Te quito la venda de los ojos para revelar no solo un espumoso baño de burbujas sino también dos copas de champán burbujeante en una bandeja y las fresas frescas bañadas en chocolate que preparé justo antes de que llegaras. Toda tu cara se ilumina. Apoyo mis manos a ambos lados de tus caderas y te doy un suave apretón.

“Oh, Dios mío. ¿Hiciste todo esto por mí?”

“Todo para ti.”

"¿Y cuál es la ocasión especial?”

“Sólo quería mostrarte lo mucho que te quiero y aprecio. Vamos. No dejes que el agua se enfríe.”

Te conduzco hasta los escalones de la bañera, besando tu cuello y tus hombros por el camino mientras te ayudo a entrar. Tus pies descienden en el agua tibia y perfumada antes de meterte completamente en la bañera.

Sin dejar de mirarte en ningún momento, me quito la ropa y me uno a ti. Me meto en la bañera detrás de ti y te abrazo con fuerza mientras te acuestas cómodamente entre mis piernas. Te apoyas en mis pechos. Alcanzo la bandeja y cojo una de las fresas. La guío hacia tus labios y, con delicadeza, te la meto en la boca.

“Mmmm...”

Eres tan dulce, la forma en que tu cuerpo se desliza contra el mío bajo el agua. Tu piel se siente tan sedosa mientras las burbujas hacen espuma a nuestro alrededor. Doy un sorbo a mi copa de champán antes de dejarla de nuevo en la bandeja. Mmm... delicioso. Entierro mi cara entre tu pelo.

“Dios, te quiero tanto.”

Me encanta todo de ti. Tu olor. Tu tacto. Te rodeo los hombros y acaricio tus grandes pechos. Tocando tus pezones lentamente. Suavemente.

Alargas el cuello para besarme. Nuestras lenguas se encuentran y me provocas con un pequeño mordisco en el labio inferior. El agua se arremolina a nuestro alrededor mientras nuestros cuerpos flotan y se retuercen el uno contra el otro.

Mi mano baja hasta tu coño. Te abro los labios con mucha suavidad y te estremeces ligeramente cuando entra el agua caliente. Acaricio tus carnosos labios de un lado a otro. Nena, incluso en el agua, puedo sentir que estás tan deliciosamente mojada.

Utilizo mi mano libre para darte otra fresa. Mis dedos penetran en tu boca, untando la baya roja y el chocolate en tus labios y tu lengua.

“Tu turno.”

Levantas tu mano chorreante del agua para llevarte una fresa de la bandeja. Con mis dedos aún jugando entre tus piernas, me empiezo a perder en lo mucho que te deseo. Mmm... la baya dulce y el chocolate amargo estallan en mi boca. Lentamente, te das la vuelta en la bañera para quedar de frente a mí.

Tus manos están ansiosas por tocarme - puedo sentir lo mucho que aprecias esta relajante sorpresa. La forma en que encuentran su camino a través de mis muslos... Dios, me encanta tu tacto. Me encanta la sensación de tus dedos húmedos separándome ahí abajo.

Penetro tu coño, explorando el estrecho interior de tus paredes. Mi cuerpo se desliza sensualmente contra tus curvas mientras empiezas a jugar conmigo... Tres de tus elegantes dedos se deslizan ansiosamente dentro de mí, penetrándome tan fácilmente. Me agarro al lateral de la bañera con una mano para estabilizarme. Tus dedos dentro de mí se sienten tan, tan bien.

Recorro tu cuello a besos, chupando tu carne entre mis ávidos labios y dejando mordiscos de amor en tu piel resbaladiza y enjabonada. Tu cabeza gira hacia atrás en éxtasis mientras las puntas de mis dedos se dirigen más y más adentro de ti. Me dirijo a ese pequeño y áspero punto G tuyo que conozco tan bien. Eso se siente bien, justo ahí, ¿no es así, nena?

Tus dedos dan en el clavo, y te introduces en mí mientras te restriegas contra mi cuerpo... Las dos deseamos tanto hacer que la otra se corra... Conocemos el cuerpo y la mente de la otra por dentro y por fuera, y nos hemos vuelto muy buenas en sincronizar nuestros orgasmos

Nos miramos a los ojos mientras nuestros dedos buscan el clítoris de la otra. Cuanto más estimulo tu clítoris, más desesperada te vuelves. Cuanto más jugueteo y acaricio tu punto G, menos intensidad puedes soportar. Cada movimiento que te hago, lo reproduces. Se siente tan jodidamente bien, follarte así -que tú me folles así...

Insistes en seguirme el ritmo... en seguir todos mis movimientos. Mi propio clítoris hinchado se está volviendo sensible... mientras tus dedos se deslizan sin cesar de un lado a otro.

Te empujo más y más rápido. Cada vez más fuerte... Mientras me follas con tus dedos. Oh, Dios mío... Eso se siente tan bien... Me voy a correr... Oh...

“Vente conmigo, nena, córrete conmigo... eso es... sí...”

Tu cuerpo se desploma sobre el mío. Y juntas, las dos nos hundimos en el agua tibia.

“Lo necesitaba tanto. Gracias por esta sorpresa tan bonita.”

Me inclino hacia delante y te beso suavemente, tomándome un momento para pasar mis manos por tu pelo húmedo.

“Te lo mereces, cariño. De verdad. Por todo el trabajo que haces... Estoy muy orgullosa de ser tuya.”

Aprietas tu frente contra la mía y coges la copa de champán más cercana.

“Salud... por nosotras.”

“Por nosotras... y por las sorpresas que no son tan malas.”