
En este audio porno relato le envíes un mensaje de texto a un viejo amor para ver si le gustaría encontrarse contigo para compartir una noche de pasión y placer. Han pasado años desde la última vez que se vieron. Ni siquiera estás segura de que todavía viva en la ciudad ... todo lo que sabes es que es el mejor que haz tenido. Él siente lo mismo y aprovecha la oportunidad de pasar la noche contigo. ¿Sigues siendo lo mejor que ha tenido? Disfruta de estas fantasiosas conversaciones calientes para descubrirlo.
Leer Más
Idioma:
Es
Español
English
Deutsch
Hmmm. Ok. Esto es interesante... Me acabas de mandar un mensaje... preguntando si estoy en la ciudad, preguntándome si me gustaría verme contigo. No estás segura de si estoy viviendo en la ciudad.
Admito que me estoy preguntando qué tipo de encuentro quisieras que fuese este. ¿Una charla casual para ver cómo están nuestras vidas? ¿O algo más... íntimo?
Hace años que no nos vemos. Es una pena porque teníamos una muy buena química. Tú, la investigadora graduada en ciencias cognitivas, y yo, el sociable estudiante de teatro con tendencia a coquetear mucho. Es una pena, pero perdimos el contacto después de la graduación. Dios, echo de menos follarte.
Esto puede sonar duro, pero si esto va a ser sólo un encuentro convencional, no me interesa. No quiero saber qué estás haciendo ahora, dónde has estado. Con quién has estado. Para ser honesto, ya sé todas esas cosas porque te busco en las redes de vez en cuando. No puedo evitarlo. Eres como una droga para mí. Cada vez que pruebo un poco de ti, me quedo con ganas de más.
Creo que voy a hacerte esperar unos minutos antes de responder a tu mensaje. Quiero hacerme el difícil.
Oh, dios... eres demasiado. Antes de que pueda devolverte el mensaje, sugieres que nos encontremos en una habitación de hotel. Esto es lo que te hace tan irresistible para mí. Eres tan apresurada, contundente y caótica. Eso es lo que hace que el sexo también sea tan bueno. Un torbellino caótico de ropa y partes del cuerpo y gemidos animales. Una cacofonía contínua de sexo. Una lujuria primitiva sin fin.
Te gustaba sorprenderme en la cama. Traer algo nuevo, enseñarme, explorarme, follarme de nuevas maneras. No he tenido sexo así desde que nos separamos. Nadie ha sido capaz de hacerme sentir tan bien como tú. No estoy del todo seguro de que lo del hotel vaya en serio, pero voy a descubrir si es pura palabrería. Te devuelvo el mensaje y te pido una dirección.
Pasan unos minutos hasta que mi teléfono suena en mis manos.
Río de La Plata 1385. Habitación 303.
Entonces, sí que hablas en serio. Todo mi cuerpo se estremece de deseo ante la idea de hacer algo tan espontáneo.
Me bajo en la siguiente parada y empiezo a caminar. Mientras camino por las congestionadas calles de la ciudad, mi mente viaja hacia ti. Tu coño. Ese coño increíblemente perfecto. Se me pone dura sólo de pensar en todas las veces que he tenido mi verga enterrada profundamente dentro de ti. Todos los juguetes que usamos juntos. Las largas noches teniendo sexo una y otra vez.
Me tiemblan las manos cuando llego al hotel. Entro en el ascensor, con la respiración agitada por la expectación. Me pregunto si llevarás algún juguete. O si esto va a ser sólo un buen polvo a la antigua.
Y ahí estás. Más guapa que nunca. Nuestras miradas se encuentran casi al instante y siento la misma adrenalina, la misma presión en el pecho que sentí la primera vez que estuvimos juntos.
“Hola. Cuánto tiempo sin verte.”
Te haces a un lado y entro a la habitación. El lugar es agradable. Pero nada especial. Tiene todo lo que vamos a necesitar.
Siento que mi corazón late con fuerza en el centro de mi pecho. Mi cara se calienta a medida que aumenta mi deseo. Me coloco cerca de la cama y me fijo en tu mirada mientras te acercas cada vez más a mí. Me muerdo el labio inferior, balanceando mi peso de un pie al otro. Abro la boca para preguntar cómo estás, pero rápidamente cambio de opinión. Es sólo una formalidad molesta. Una señal social a la que me aferro para distraerme del palpitar de mi verga. En lugar de eso, acorto la distancia entre nosotros y tomo tu rostro entre mis manos. Te acerco a mí y aprieto mis labios contra los tuyos.
Tu beso es más suave que el terciopelo y me llena de una nueva ola de deseo.
“No sabes cuánto he extrañado tu piel.”
Tus manos se posan en mi cintura y me doy la vuelta contigo para estar de espaldas a la cama. Te guío hacia atrás hasta que te tumbas sobre los codos en la cama y yo me subo sobre ti. El calor que sentía en mi cara ha bajado hasta mi estómago y se desplaza por mis piernas.
Me pasas un dedo por la clavícula mientras nuestras lenguas luchan por el dominio. Mis manos pasan por debajo de tus caderas, sujetándote más cerca a medida que haces nuestro beso más profundo. Empujas tu cuerpo contra el mío, sin duda sintiendo mi erección frotándose contigo. Yo empujo mis caderas, presionando suavemente contra ti.
Tus labios recorren mi cuello, chupando y mordisqueando juguetonamente. Me recuesto en la cama a tu lado y tú te giras para arrimarte a mí. Tiro del borde inferior de tu blusa y la arrastro hacia tu cabeza. Te quitas la blusa y la arrojas fuera de la cama, dejando al descubierto tus deliciosos pechos, ocultos tras un sostén negro.
Me inclino hacia delante y beso la piel expuesta alrededor de tu sostén. Hay que quitar esto inmediatamente. Llevo la mano a tu espalda y desabrocho el sostén con un suave movimiento. Tus pezones se liberan y rápidamente mis labios se sujetan alrededor de uno de ellos. Giras la cabeza hacia atrás por el placer y empujas tus caderas contra las mías. Tomo tus dos senos con las manos y los amaso en pequeños círculos. Carajo, he echado de menos estas tetas. Estas preciosas y deliciosas tetas.
Sé que han pasado años desde la última vez que nos vimos, pero definitivamente no he olvidado lo que te hace gritar y gemir. Me acuerdo. Me acuerdo exactamente de dónde tocarte. Tus manos hurgan el botón de mis pantalones hasta que consigues bajármelos hasta las rodillas. Me los quito y los tiro a un lado, al igual que mis zapatos, y continúo explorando tu hermoso cuerpo.
Mi erección es enorme y dura, y pide atención. Se frota contra el interior de tu muslo mientras me acomodo encima de ti. Coloco una mano en tu entrepierna y te acaricio por debajo de la falda. Te froto el clítoris a través de tu ropa interior, provocándote con ligeras caricias para calentarte más...
Deslizo tu ropa interior a un lado y exploro lentamente tus labios... Ohhh... ¡sí! Estás tan caliente... tan mojada... ¿Qué tanto deseas esto, preciosa? ¿Te mueres por que te toque?
Presiono las yemas de mis dedos contra tu clítoris en cortos intervalos... doy vueltas alrededor de él... Ohh, sí... Sintiendo cómo se derrama tu humedad.
Una de tus manos se enreda en mi pelo mientras la otra se clava en la piel de mi espalda. Oh, ¿quieres que te folle? ¿Es eso lo que quieres?
Nuestros labios se encuentran una vez más en un abrazo ansioso. ¿Cuánto tiempo podemos alargar esto? ¿Cuánto tiempo hasta que los dos nos follemos sin parar, sin pensar?
Quito mi mano de tu entrepierna y te pongo boca abajo. Te pones en cuatro y te bajo las pantis hasta los tobillos. Te doy una pequeña nalgada, recordando como rogabas por ellas en el pasado. Te manoseo el culo y te separo las piernas, dejando al descubierto tu cálida y mojada vulva.
Llevo dos dedos a tu entrada... Moviendo mi mano hacia arriba y hacia abajo, provocando esas paredes sensibles sin piedad... Arriba y abajo... Lentamente... tan jodidamente lento... Ohhh, tus fluidos se derraman por el interior de tu muslo en respuesta. No sé si he estado antes con alguien tan radicalmente húmeda. Mi brazo te rodea y deslizo mis dedos recubiertos de deseo en tu boca, los cuales aceptas con avidez.
Hmm, eres tan increíblemente sexy. Saco los dedos de tu boca y los vuelvo a introducir en tu interior. Ohhh hmmm, tus paredes están tan húmedas y apretadas y... Me encanta cómo tiemblan alrededor de mis dedos. Ya está, así de fácil. ¡Sí!, así, preciosa...
Bombeo mis dedos dentro de ti, llenándote con movimientos lentos y potentes... Ohh, brincas contra ellos, desesperada por más. Lo estás, ¿verdad? Desesperada. Desesperada por que te penetre...
Te froto el clítoris una vez más, deslizando mis dedos a través de tu húmeda abertura hasta que llego a ese pequeño punto perfecto de nuevo. Sí... Ohhh, esos sonidos que haces me ponen demasiado duro... Aprietas tu culo contra mis caderas y puedo decir que me quieres dentro de ti. Probablemente tanto como yo.
Te doy una nalgada otra vez... Y observo cómo tus firmes nalgas rebotan en respuesta. Entonces, tomo mi verga en una mano y la deslizo hasta la entrada posterior de tu coño.
“Mmmmm...”
Dejo que merodee por allí un momento, sabiendo lo tortuoso que será para ti.
“Mmmmm... ¡Por favor! ¡Carajo, por favor, cógeme! Ohhh, lo necesito, cariño, ¡por favor!”
Finalmente, me impulso dentro de ti. Mi verga separa tus paredes interiores y te llena. Ohhh, ¡¡Siiii!! Ohhh, estás tan apretada. Oh, ¡carajo, sí! ¡Sí!
Me agarro a tus caderas y empujo toda la longitud de mi miembro dentro y fuera de ti, dentro y fuera, dentro y fuera. Tus brazos y piernas se estremecen cada vez que la punta de mi verga golpea tu punto G. No puedo ver tu cara, pero estoy seguro de que tienes los ojos cerrados y los labios fruncidos en una intensa mueca de placer. Te gusta eso, ¿verdad? ¿Te gusta lo sucio que follamos?
Puedo oír lo mucho que te gusta esto en tu voz. Todo tu cuerpo se retuerce de placer debajo de mí. Mi mano da la vuelta por tu cadera y mis dedos buscan sentir el húmedo chorro de tu coño, pero colocas tu mano sobre la mía y la guías lentamente hacia atrás subiendo por la curva de tu culo. ¿Qué es esto? ¿Dónde me estás guiando exactamente? Empujas mi mano hasta que llega a la abertura entre tus nalgas. Ya veo a dónde va esto.
“Mete los dedos en mi culo, amor.”
No tienes que pedírmelo dos veces. Introduzco la punta de mi dedo en tu apretado culo y acaricio suavemente la abertura hasta que tus músculos se relajan... Y me deslizo hacia adentro.
Esto... Esto es exactamente por lo que eres la mejor, preciosa. Sabes cómo llevarnos a los dos al siguiente nivel. Cómo empujarnos a ambos hasta el extremo y a nuevos límites de placer... Deslizo mi dedo más adentro y tus paredes anales palpitan a mi alrededor. ¿Te gusta eso, cielo? ¿Te gusta así de sucio?
Sigo metiendo mi verga profundamente dentro de ti mientras juego con el sensible borde de tu culo con mi dedo. Juntos, somos una masa que se retuerce y contorsiona mientras mi miembro te abre... Tu culo está rebotando contra mí...Y mi dedo explorando el interior de tu ano... Ohhh... ohhh, sí, carajo, sí, preciosa...
“¡Sigue así! ¡S-sí! ¡Sí! ¡Así mismo! ¡No pares!”
Voy a hacer que acabes tan jodidamente duro, amor. ¿Estás lista para venirte? ¿Eh? ¿Estás lista? Te sacudes hacia delante y hacia atrás contra mi verga mientras aplico un placer implacable a tu clítoris. Tu cuerpo se tensa de pronto como una cuerda de arco lista para disparar, y tus labios se abren pero no sale ningún sonido.
Ahí lo tienes. Así es, preciosa, ¡así mismo! ¡Justo así! Yo... Ohhh, yo también me voy a venir... ¡Voy a acabar! ¡Estoy acabando!
Carajo... Eso... Eso fue... demasiado... increíble...
Te das la vuelta lentamente mientras me salgo de ti y te desplomas en la cama.Suspiramos en la boca del otro, agotados. Extenuados. Coloco mis labios contra los tuyos y te beso con la poca energía que me queda.
Es una pena que sólo estés en la ciudad por unos días. Si no, te propondría reservar la habitación para el fin de semana. De todos modos, puedo decir con confianza que siempre serás lo mejor que me ha pasado.