
En este audio porno en español, una MILF obscenamente rica tiene sexo oral con el chico joven que viene a limpiar su piscina. Escucha este audio erotico de dominación femenina (femdom), con gemidos ASMR, si te gusta el erotismo, la atención de la señoras mayores, o has fantaseado alguna vez con tener sexo con un desconocido.
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Hace un calor muy agobiante hoy. No recuerdo la última vez que hizo tanto calor.
Por suerte, eres la orgullosa propietaria de una lujosa piscina privada con vistas al verde valle de árboles que hay debajo de tu casa.
Es una vista realmente extraordinaria, al igual que la piscina.
Como limpiador de piscinas, puedo apreciar su gran calidad.
De hecho, eres una de mis clientas favoritas.
Todos los sábados subo la colina en mi bicicleta para limpiar tu piscina.
Y en cada ocasión la escena es exactamente la misma: te quedas flotando en tu colchoneta hinchable con un sofisticado cóctel o un vaso de vino blanco seco en la mano.
Eres extremadamente rica. Asquerosamente rica, de hecho, pero bastante amigable para lo que se espera una persona tan acomodada.
Y mucho mayor que yo.
Y no puedo evitar sentirme atraído por ti.
Te observo flotar sin rumbo en el agua mientras me dedico a limpiar tu piscina. Pareces perezosamente satisfecha. Feliz de ser… tú.
Oigo que tu perro enano se acerca ladrando a la piscina.
“Palomitas.”
Pero el perro solo estaba de paso.
Tus ojos están ocultos tras unas gafas de sol oscuras. Las gotas de agua parecen pegadas a las suaves curvas de tu cuerpo.
Tu bikini apenas oculta el oleaje de tus impecables caderas y tus redondos y suntuosos pechos.
Tus largos dedos sujetan tu bebida fría con gran clase.
Eres tremendamente atractiva. Estoy completamente aturdido por la lujuria.
“¿Te estoy distrayendo del trabajo?”
De repente irrumpes en mi confusión y dejo caer la red de la piscina, sorprendido.
No me había dado cuenta de que había dejado de moverme. Solo puedo decir… Nada, pero enderezo la espalda.
No tenía ni idea de que me estabas observando… observándote.
Me haces una señal con el dedo para que me acerque a ti. Obedezco tímidamente tu orden.
Entonces te levantas las gafas de sol para hablarme mirándome directamente a los ojos.
Me sitúo a medio metro del borde de la piscina. No sé qué hacer con las manos, así que las coloco detrás de mi espalda.
“Te he hecho una pregunta.”
“Oh. Sí. ¿Cuál era la pregunta? Ah, sí. Yo... me temo que sí me estabas distrayendo.”
“Sé más específico. ¿Qué es exactamente lo que te distrae?”
No consigo mover los labios muy bien, tengo la boca increíblemente seca.
¿Me estás desafiando? ¿O estás coqueteando conmigo?
No digo nada… Pero mi polla se vuelve más gruesa y dura con cada segundo que permaneces mirándome. Mi respuesta es evidente.
“¿No suelen estar presentes tus otros clientes mientras limpias su piscina?”
Niego con la cabeza.
“Entonces... ¿te estoy estorbando? ¿Estoy complicándote el trabajo? ¿De qué se trata?”
Balbuceo en busca de palabras, pero no consigo hablar.
“¿Es este nuevo bikini? ¿Demasiado atrevido, quizás? El color es muy… decadente, diría yo.”
“¿Qué?”
“Pero es cierto que acentúa muy bien mis curvas. ¿No te parece?”
“Es muy…”
“Continúa, puedes decirme lo que piensas.”
Tu colchoneta está a un par de centímetros del borde de la piscina y miro fijamente tu magnífico cuerpo, incapaz de ocultar mi deseo.
Sin duda eres la mujer más sexy para la que he trabajado. No se me da muy bien ocultar las pruebas de que me pareces atractiva. Y tú eres muy consciente de lo que siento en este momento.
Me estás desafiando a admitirlo en voz alta. Es hora de morder el anzuelo y ver a qué estás jugando…
Inspiro temblorosamente. Y siento que mi polla se llena.
“Eran… tus pechos… los que me distraían. Es difícil trabajar cuando hay vistas tan… atractivas alrededor. Es difícil…”
“¿Difícil…?”
Oh, no. ¿Qué estoy diciendo?
“Difícil de… ¿qué?”
Oh, Dios, el contorno de mi polla es completamente visible bajo mis pantalones cortos.
“¿Siempre eres tan poco profesional con todos tus clientes? Sabes, tengo ganas de…”
Oh, no. Ahora me vas a despedir.
Mi corazón se hunde y mi erección se desvanece.
No estoy seguro de cuál es el juego ahora. No consigo averiguar si estás bromeando o no.
Tu cara es completamente inexpresiva. Te sientas en tu flotador y me miras intensamente.
Vale. Aquí viene. Estoy despedido.
Contengo la respiración.
Tus ojos me recorren de arriba abajo unas cuantas veces antes de volver a hablar.
“Lo toleraré solo esta vez.”
Te recuestas en tu flotador y te vuelves a poner las gafas de sol.
“Pero tendrás que hacer algo por mí.”
Medio sonríes.
¿Un favor? Mi mente bulle de posibilidades.
“¡Cualquier cosa!”
Me apresuro a aceptar. Pareces completamente desinteresada por mí mientras das un sorbo a tu bebida.
“Ve y tráeme un helado del congelador.”
No me lo pienso dos veces antes de entrar en la casa para coger el helado.
Es una petición extraña, pero supongo que es una buena señal de que no estás realmente molesta conmigo por haber mencionado tus pechos.
Me tiemblan las manos al abrir el congelador de tu magnífica cocina. Cojo la tarrina de helado que hay en la estantería y saco una cuchara del cajón.
Me dirijo de nuevo a la piscina y me arrodillo cerca del borde para entregarte el cartón y la cuchara.
“¿Qué haces? ¿Qué se supone que tengo que hacer con esto?”
¿Qué? ¿He metido la pata de alguna manera en esta sencilla tarea?
“Deberías habérmelo servido en un bol.”
“¡Lo siento! Enseguida lo arreglo.”
Cuando estoy a punto de irme a buscar un cuenco de la cocina coges la cuchara de mis manos y la introduces en el cremoso manjar. Tu otra mano estabiliza la tarrina mientras yo sigo sosteniéndola desde la base.
“Tendré que servirme yo misma, ¿no?”
Levantas la cuchara hasta tus labios y le das al helado un pequeño golpe de lengua.
“Mmm…”
Inclinas la cabeza hacia atrás contra la almohada hinchable.
“Esto es ideal en un día como este.”
Me sitúo en el borde de la piscina, un poco incómodo, todavía sujetando la tarrina, sin saber qué quieres que haga a continuación.
Lames la cuchara con un largo y sensual trazo de tu lengua. Se dispara mi deseo con una cálida descarga.
Te observo devorar lentamente el frío postre.
Cuando te inclinas hacia delante y metes la mano para coger otra cucharada una gota de helado cae sobre tu muslo desnudo.
“Ups.”
Me miras directamente a los ojos por encima de las gafas de sol.
“¿Puedes limpiarme eso, por favor?”
Tu petición hace que todo mi cuerpo se estremezca de anticipación.
Miro fijamente la pegajosa mancha blanca que cae por la parte superior de tu muslo.
Ahora sé que, efectivamente, estás jugando conmigo. No ibas a despedirme. Simplemente te gusta ver cómo me pongo nervioso.
“No seas tímido.”
Me animas a acercarme con un pequeño gesto de tu mano. Bajo lentamente a la piscina.
Nado hacia ti y apoyo mis manos en el borde del flotador.
“Quiero que limpies este desastre por mí.”
Me pongo de pie torpemente en el agua, inseguro de cómo quieres exactamente que lo haga.
“Con la boca.”
Te miro fijamente a los ojos durante unos largos segundos. Y luego bajo lentamente la cabeza hacia tu muslo.
Mi polla está a punto de estallar.
Mantengo mis ojos sobre los tuyos mientras deslizo mi lengua por tu piel cálida y pegajosa.
Dios, el frío del helado combinado con tu suave muslo es divino.
Busco en tus ojos la aprobación.
“Muy bien. Y ahora… Quiero que me desates la parte superior del bikini.”
Tus palabras rondan por mi cabeza durante un segundo. ¿De verdad está pasando esto?
Nado lentamente hacia la parte trasera del flotador.
No puedo creer que me hayas pedido que te quite el top.
Mis manos tiemblan mientras desato el nudo que impide que tu bikini se te caiga.
Tus pechos aparecen bajo el top y quedan expuestos cómodamente bajo la luz dorada del sol.
Miro con asombro tus pezones, tus montes de carne sensible.
“Lámelos.”
Vuelvo a nadar hacia el lado del flotador. Bajo lentamente la boca y chupo suavemente tu pezón.
Me doy cuenta de que tus pezones son muy sensibles porque los dedos de tus pies se curvan y tu cuerpo se tensa ligeramente.
Colocas tus brazos alrededor de mi cuello y gimes suavemente en mi oído.
“Buen chico.”
No me habían llamado así antes, pero me excita tanto.
Me encanta lo segura que estás de ti misma. Me encanta cómo me mandas. Cumpliré con gusto tus órdenes.
Cada poco tiempo me recorre un agudo rayo de deseo, pidiendo más.
“Usa tus manos.”
Utilizo mi mano libre para frotar tu otro pecho con delicada destreza. Y delizo la yema de mi pulgar por tus sensibles pezones.
Mi polla está enorme y palpita ahora bajo la superficie del agua.
“Mhhh… Qué gusto, Ahora, coloca tu lengua entre mis piernas. Y no te atrevas a parar hasta que me haya corrido en tu boca.”
Sí, esto está ocurriendo de verdad. Estoy a punto de lamerle el coño a la mujer rica cuya piscina limpio.
Lucho contra las ganas de correrme aquí y ahora y recupero la compostura.
Con cuidado, me acomodo en el extremo del flotador, deslizo hacia tus tobillos la parte de abajo del bikini hasta quitártela, y la arrojo al agua.
Entonces, separo tus piernas.
Guau. Ahora estás completamente desnuda.
Bajo la cabeza y separo lentamente los labios de tu cálido y jugoso coño con mi lengua.
Mmm, sabes tan bien…
Intensa. Como un postre amargo.
Deslizo mi lengua hacia arriba y hacia abajo por tu clítoris con cortas y lentas caricias.
Un escalofrío recorre tu cuerpo, desde la cabeza hasta los dedos de los pies.
Gimes con necesidad y empujo mi lengua más adentro de ti. Tus manos se agarran con fuerza a mis hombros.
Me aprietan y me acercan mucho más a ti.
“Más, dame más.”
Tanteo tu clítoris, que está hinchado de deseo. Lo acaricio suavemente con la lengua, dibujando pequeños círculos a su alrededor.
Inspiras temblorosamente mientras tus caderas se mueven contra mi boca.
Desplazo mi lengua hacia abajo hasta encontrar ese apretado agujero por el que me encantaría entrar. Tus paredes internas se cierran con fuerza en torno a mi lengua.
“Joder, qué maravilla.”
Muevo mi cuello hacia delante y hacia atrás, follándote con largos y sensuales impulsos de mi boca y mi lengua.
Te sientas en el flotador y tus labios se ciernen sobre mi oído. Murmuras unas palabras que apenas puedo entender.
“Oh, Dios. ¡Sí! Sí, justo ahí…”
Te deseo tanto como tú a mí.
Tu clítoris se estremece de repente contra mi lengua.
Casi te quedas sin fuerzas en el agua.
Te aferras a mí por tu vida mientras tus rodillas se doblan.
Mantengo mi atención en tu clítoris. Viendo cómo te derrites con una mezcla de gemidos y movimientos instintivos contra mí.
“Oh, Dios, voy a correrme…”
Ahora te lamo aún más rápido.
Mi lengua se acalambra, pero quiero ver tu cara cuando sucumbas completamente al placer.
“Joder, me voy a correr, ¡me estoy corriendo! ¡Me corro!”
Los temblores sacuden de repente todo tu cuerpo y te inclinas hacia mí.
Tus manos se enredan en mi pelo. Tus muslos se aprietan contra mis hombros…
Siento un cálido chorro de líquido que sale de tu coño y entra en mi boca.
Lentamente, levantas la cabeza y me miras.
“Buen chico. Y ahora, vuelve al trabajo.”