
¿Te gustan los audios eroticos en español? En este relato, un profesor de baile lleva a su estudiante a una clase privada, y no puede contenerse más. Si alguna vez has pensado en sexo entre profesor y estudiante, escucha este audio porno para mujeres.
Leer Más
Voices:
Idioma:
Es
Español
English
Siempre he querido aprender a bailar. No por ninguna razón en particular. Tal vez porque siempre he sido un poco torpe y aprender a bailar podría enseñarme a tener un poco de equilibrio y gracia. Tal vez porque sólo quería tener algo que hacer los fines de semana.
Todos los domingos a las diez de la mañana, voy al segundo piso de un almacén estilo loft donde yo y otros diez bailarines novatos estamos aprendiendo a bailar salsa, a bailar tap y swing. Todo ello a cargo de nuestro experimentado profesor, Diego.
Desafortunadamente, no pude asistir a nuestra última reunión de grupo el domingoGracias a un inesperado neumático pinchado. Diego pareció decepcionarse mucho cuando le mandé un mensaje para darle la mala noticia. Para ser honesta, a mi también me molestó mucho no poder ir. Sin embargo, él me hizo una oferta que no pude rechazar: una lección privada. A solas. Sólo nosotros dos.
Normalmente no estaría tan nerviosa de pasar un martes por la noche a solas con un guapo venezolano, pero Diego es... Bueno, él es especial.
Diego hace que mi corazón se acelere, que mis palmas suden y que todo mi cuerpo tiemble de deseo cada vez que lo veo. Es más que un simple capricho. Es un enamoramiento total. Apenas puedo concentrarme en la clase debido a sus ojos marrones oscuros y sus preciosos rizos negros. Sin mencionar el ritmo con el que mueve su alto y esbelto cuerpo. Es increíble.
A pesar de mi nerviosismo por esta lección privada, no veo la hora de entrar en el edificio.
El estudio está escasamente iluminado mientras abro la enorme puerta de metal. La música suena suavemente desde el equipo de música en un rincón de la habitación. Y ahí está él. Sentado tranquilamente en una silla plegable de metal de cara a la ventana con las piernas puestas en un muro.
Una tímida sonrisa ilumina mi cara cuando se da cuenta de mi presencia. Intercambiamos saludos amables mientras se levanta de su silla.
“¡Eh! ¡Me alegro de que hayas podido venir! Te extrañamos el domingo. Vamos a hacer el calentamiento. ¡Tenemos mucho para ponernos al día!”
Pero siento algo... Como si hubiera algo más que quisiera decir. Como si se estuviera conteniendo de alguna manera. Pero tal vez sólo estoy proyectando mi deseo en él. Le agradezco que haya sacado tiempo de su agenda para verme a solas.
Él me agradece y lentamente nos acercamos el uno al otro, encontrándonos en el centro de la pista de baile de madera pulida. Estamos como a treinta centímetros de distancia cuando veo que empieza a inclinarse. Oh, Dios. ¿Qué está haciendo? Todo mi cuerpo se tensa. Mi corazón se salta un latido. ¿Va a besarme? ¿Está...?
Sus labios rozan suavemente mi mejilla izquierda; pero es sólo un saludo amigable y de bienvenida que me toma por sorpresa. Le sonrío a través de mis largas pestañas mientras se aparta. Todavía puedo sentir el cosquilleo de sus labios contra mi mejilla.
Le pregunto qué vamos a aprender hoy para distraerme de la energía nerviosa que se arremolina dentro de mí. Por un momento, no dice nada en absoluto. Una sonrisa inteligente se dibuja en su rostro, casi como si estuviera tratando de decidir cuál será su próxima jugada. Tal vez estoy leyendo demasiado en él.
De pronto, Diego se adelanta y pone una mano en mi omóplato. Luego, cruza sus dedos con los de mi mano izquierda. Levanta nuestros brazos juntos extendiéndolos a los lados y me sonríe.
“Sólo sígueme y no pienses demasiado. Intenta sentir mi cuerpo guiándote. Siéntelo por dentro. Lo harás muy bien.”
Así de simple, quedo bajo su hechizo. Diego comienza la lección dándome instrucciones sobre movimientos de pies. Dirigimos nuestra atención hacia el suelo, pero puedo sentir su mirada recorriendo mi cuerpo cada vez que nos detenemos a cambiar de dirección. Presiona su cuerpo contra el mío y me rodea con un brazo en la espalda.
Tomo aire mientras me baja hacia el suelo. Colgada allí en sus brazos, alcanzo a ver las enormes ventanas del almacén y el cielo oscuro del mundo exterior. Me pregunto, por un momento, qué es exactamente lo que la gente puede ver desde la calle de abajo. ¿Pueden vernos bailar? ¿Pueden ver sus brazos rodeándome?
La lección continúa y siento que mi disciplina se desvanece con cada minuto que pasa. Mi mente está constantemente pensando en Diego y la sensación de hormigueo que dejan sus manos en mi cuerpo. No puedo evitar mirar sus ojos... y el tenue bigote en su labio superior.
Juro que puedo sentir el contorno de sus abdominales a través de su delgada camiseta de algodón. No sé cuánto tiempo más podré soportar esto. Dios, me estoy excitando tanto. Esto es tan inapropiado. Es mi profesor. Y yo soy su estudiante. Pero, por otra parte... es sólo una lección de baile. No es como si hubiera una relación de poder entre nosotros. De hecho, no se me ocurre ninguna razón por la que una estudiante de una clase de baile informal no pueda intimar con su profesor...
Antes de que pueda convencerme a mí misma de que no lo haga, me inclino sobre las puntas de los dedos de los pies cuando nos detenemos en el borde de la pista de baile y presiono mis labios contra la suave piel de su cuello.
Huele a lino y cuero fresco. Mmm, su olor es tan... embriagador... De pronto, la realidad aparece repentinamente. ¿Qué es lo que estoy haciendo?
Encuentro su mirada con la mía, preparada para que me digan que me vaya o incluso ser rechazada cortésmente.
Pero, en cambio, recibo un apasionado beso en mis labios. Apenas puedo procesar mi emoción e incredulidad mientras me lleva de espaldas a las enormes ventanas del lado oeste del loft. Todavía estamos en nuestra posición de baile con su mano rodeándome y mis dedos enroscados entre los suyos.
Siento el frío de la ventana de cristal detrás de mí y nuestros labios se separan por un momento. Nuestros ojos se encuentran de nuevo y veo por primera vez la pasión que él ha estado conteniendo, el deseo que ha estado ocultando tan bien desde nuestra primera clase. Respiramos hambrientos en la boca del otro mientras su mano se aleja de la mía y comienza a explorar mi cuerpo. Su mano recorre mi abdomen, sus pulgares viajan rozando la parte inferior de mis pechos. Apenas puedo pensar, apenas respirar mientras que el hombre que he deseado tan intensamente durante las últimas tres semanas se convierte en mío.
Me pregunto otra vez si alguien en la calle de abajo puede vernos y si puede distinguir lo que está pasando. Un rayo de exitación me atraviesa con la idea de que alguien pueda presenciar nuestro apasionado abrazo. Tomo su mano y la guío hacia el borde inferior de mi falda. Él juega con la parte superior de mi muslo, dándole unas caricias suaves. Ahhhh... Me hace cosquillas con las yemas de sus dedos, arrastrándolas suavemente por los lados y por detrás de mis muslos antes de deslizar sus dedos por la tela de encaje entre mis piernas.
Me provoca tirando la parte superior de mis pantys y arrastra sus dedos hacia abajo, hasta llegar a mi culo. Luego, cierra la mano y con sus nudillos separa mis labios internos mientras se dirige hacia mi clítoris. Ohhh... dios, se mueve tan lentamente... Ohhh, justo así... Me... hmm, me... me encanta la forma en que se siente... Mmmm, eso es tan... tan rico... Necesito más... tengo que sentirlo... dentro de mí... No me aguanto...
Veo como se pone de rodillas... y agarra mis panties de cada lado de mis caderas. Me las baja hasta los tobillos y me mira.
“Eres increíblemente sexy.”
Su boca presiona contra mi vulva mientras la abre con su nariz. Luego continúa con su lengua, arrastrándola por mis labios y... seduciéndome con caricias... lentas... largas...
Ohhhh. Oh, dios mío. Su lengua se clava en mi clítoris y lo presiona, sólo por un momento. Inhalo bruscamente mientras pequeños rayos de placer se acumulan dentro de mí. Ohhhh, su... su lengua... es... Su lengua se desliza hacia abajo, provocando a mis labios mientras avanza.
“¿Te gusta eso? ¿Te gusta como juego con tu coño?”
“Oh, oh sí... carajo, claro que me gusta... Hmmm, sigue así, por favor... ¡por favor no pares!”
Mete la punta de su lengua dentro de mí. Apenas me penetra mientras juega conmigo una vez más. Ahhh, sólo quiero más. Sólo quiero sentirlo llenándome... Pongo mis manos sobre su cabeza y sujeto sus gruesos y oscuros rizos. ¿Cómo es tan bueno en esto? ¿Cuánta práctica ha tenido?”
El placer se está acumulando dentro de mí, amenazando con derramarse por mis piernas y por su boca. Mi pecho sube y baja por cada instante que su lengua está enterrada dentro de mí. Oh dios... me estoy acercando... Ohhhhh, me estoy acercando...
De pronto, su lengua golpea mi clítoris con movimientos rápidos, casi vibrando. Mi placer se desliza por el interior de mis muslos... Mi aliento se transforma en suspiros agitados. Oh, siii... siiiii...
“Vamos, preciosa, acaba para mí…”
Su lengua empieza a empujar y aplicar una presión contínua a mi clítoris... Carajo, es muy, muy bueno en esto...
No sé si alguien me ha hecho llegar tan rápido antes... Se eleva lentamente hasta estar parado, con una inmensa sonrisa. Intento recuperar el aliento mientras él me da pegajosos besos por el cuello... y a lo largo de mi sensible clavícula.
“¡Espero que nadie de abajo nos haya visto!”
Escucho cómo se abre la cremallera de sus pantalones y mi vagina se contrae de inmediato con deseo. ¿De verdad me va a follar? ¿Justo contra esta ventana? ¿Para que todo el mundo lo vea?
Pienso en ello por un momento y me doy cuenta que sería la cosa más sexy que haya hecho con alguien. Me doy la vuelta y él está parado frente a mí... Su verga es gruesa y dura cuando la libera de sus pantalones. Me acerco y la tomo entre mis manos, acariciándola unas cuantas veces para asegurarme que esté lo más dura posible. Parece que él disfrutó comiéndome el coño tanto como yo.
Sus manos hurgan en su bolsillo trasero y veo cómo rasga la envoltura de un condón y me lo pasa. Deslizo el preservativo aceitoso sobre su tronco duro como una roca y se extiende fácilmente.
Es más alto que yo, entonces dobla sus piernas un poco para permitirme guiar su polla dentro de mi palpitante y húmeda vagina. Con una mano alrededor de mi cadera, me levanta ligeramente y me sostiene la espalda contra la pared. Nuestros ojos se encuentran por un momento y algo cálido y brillante irrumpe en el centro de mi pecho. Me encanta la forma en que me mira.
Entra en mí con un rápido movimiento, y el mundo parece detenerse. Nos miramos fijamente, sintiendo la conexión de nuestros cuerpos. Además de sentirme increíblemente sexy, este momento tiene algo especial. Jadeo en voz alta mientras mis paredes internas se aprietan alrededor de su pene. ¡Oh si, eso se siente divino! Me encanta la forma en que me llena por completo...
La forma en que su verga se desliza dentro y fuera de mí sin ningún problema. Avanza y retrocede unas cuantas veces, dejando que la punta de su pene se apoye en mi punto G por unos momentos. Ahhh... cada toque es como un mini orgasmo una y otra vez... Lo escucho gemir casi como un animal ronco y fuerte desde la parte de atrás de su garganta. Mantiene una mano en mi culo, apretando y amasando mi nalga izquierda sujetándome con fuerza, y la otra mano en la ventana detrás de mí, mientras empuja sus caderas hacia adelante.
“Oh, dios. Mmmm, estás tan apretada. Ohhh, dios, sí...”
Cada empuje envía ráfagas de placer por todo mi cuerpo. Todo lo que puedo pensar es la sensación de Diego llenándome.
“¿Te gusta esto, nena? ¿Te gusta cómo gozo dentro de ti?”
...dentro y fuera de mí. Una y otra vez. Apenas soy capaz de apreciar el mundo que nos rodea, allá abajo. Y en este momento, con la verga de Diego vibrando y palpitando dentro de mí lo que menos me importa es quién podría estar echando un vistazo a nuestro pequeño espectáculo. Diego se estremece y gime bruscamente en mi oído y sé que es su momento de venirse. Acaba para mí... Por favor... acaba para mí, Diego...
Su cuerpo de repente se queda quieto. Y veo sus ojos cerrarse con fuerza... Y entonces siento su orgasmo desgarrarse a través de él implacablemente.
Suena como si no pudiera manejar el placer que está explotando en él en este momento. Su cara se apoya en mi cuello y libera un largo y grueso chorro de semen dentro del condón. Nuestros cuerpos se sienten fusionados mientras ambos disfrutamos de nuestro climax.
Nos vestimos de nuevo e intercambiamos algunas risas y sonrisas. Me siento tan cálida y cómoda al acercarme a él y juntar sus labios con los míos.
Agarro mi bolso de la esquina de la habitación y me dirijo hacia la puerta. Cuando me doy la vuelta para salir, me sonríe.
“Entonces, ¿a la misma hora la semana que viene?”