
¿Te gusta el sexo con desconocidos? En este relato erótico en español, al repartidor le molas, pero afortunadamente es un sentimiento mutuo. Disfruta del sexo con un repartidor muy guapo cuando entrega tus paquetes en este audio porno mexicano.
Leer Más
Idioma:
Es
Español
English
Deutsch
12:56... Ya deberías estar aquí.
A lo mejor hoy te toco otra ruta. O a lo mejor hoy descansas y no te toca venir.
O a lo mejor cuando leíste la estúpida nota que dejé pegada en el buzón ya no vas a querer volver nunca.
Esa ha sido quizá una de las peores ideas que he tenido. Dejar una nota con mi número de teléfono para el repartidor, pero es que estás tan bueno y guapísimo… ¡Qué forma tan absurda se me ocurrió para conseguir novio!
Seguro que piensas que estoy loca. Dios, espero que no te haya incomodado. Hemos tenido tan buena relación las últimas semanas y acabo de arruinarla por completo.
En realidad ni siquiera pensé en lo que pasaría, si no te intereso o si ya estás comprometido o algo así. Y ahora solo vas a pensar en el hecho de que, claramente, me gustas cada vez que dejes el correo. Si la regué, creo que no debí hacer eso.
Como sea. Soy joven, estoy guapa, si tú no sientes lo mismo, tú te lo pierdes. Podré reírme de ello… con el tiempo.
Aún así, me gustaría poder retractarme de haber dejado esa nota.
¡No manches!
No puede ser, eres tú. ¿Por qué estás tocando la puerta? Si tú nunca tocas la puerta.
“Hola.”
“Hola, ¿qué tal? Tengo aquí un paquete que necesito que firmes. Y aparte también tengo algunas cartas para ti.”
No manches, no manches… ¿Qué hago? ¿Debería decir algo al respecto? ¿Preguntarte si viste la nota? No, no, mejor hago como si nunca hubiera pasado.
Dios, se me está poniendo la cara roja. Me vas a poner una orden de alejamiento, ¿no? ¡Sonríe y di algo!
“Aquí tienes, todo tuyos.”
“Oh, gracias, sí…”
“Esta parece importante.”
“Sí, verdad, tienes razón. Parece que alguien podría haber escrito su número de teléfono en esta factura de la luz… Y un montón de corazones.”
“Oh, ¿eso parece? Quizá tengas un admirador secreto o algo así.”
“¿Sí? Tal vez.”
“La verdad es que vi tu nota ayer. Fue lo mejor de mi día. Gracias.”
“¿Lo mejor de tu día? Bueno, pues esto es lo mejor del mío. Así que gracias. La verdad, me empecé a preocupar en cuanto vi que ya no estaba.”
“¿Eres Libra?”
“Pues da la casualidad que sí. ¿Cómo lo supiste?”
“Por pensar demasiado. Clásico de un Libra. Como yo.”
“De verdad? No manches, ¡qué curioso!”
“Pues sí. También le doy demasiadas vueltas a las cosas. Probablemente me pasé media hora entera intentando decidir si venir a tu puerta o dejarte una nota en el buzón.”
“Qué chistoso. Ayer estuve debatiendo si era cursi o no dejarte una nota durante casi una hora.”
“¿Cursi? Para nada. Diría que es tierno, algo típico de una película romántica.”
“Sí, supongo que sí.”
“Así que, solo para asegurarme: sí, me estabas tirando los perros, ¿verdad?”
“Pues sí, eso creo. Y tú me devuelves la misma respuesta, ¿no es cierto?”
“Al 100%.”
“¿Te gustaría…? Perdona, sé que estás trabajando, pero ¿quieres entrar un momento? Hace mucho frío, acabo de preparar café.”
“Por supuesto. Creo que tengo algo de tiempo antes de tener que volver al trabajo.”
Esto no es para nada lo que esperaba. No estaba preparada para invitarte a mi casa. Espero de verdad que no te des cuenta del tiradero que tengo en el comedor. O de que tengo un montón de platos en el lavabo.
Hace tanto tiempo que no coqueteo, pero, oye, todavía tengo mi encanto, creo. Ay, Dios, qué guapo estás con ese uniforme, te queda super ajustado y resalta todo.
“Últimamente te veo mucho cuando paso por aquí. ¿Acabas de empezar a trabajar desde casa o algo así?”
“La verdad es que sí, hace un mes o así. Ha sido algo… a lo que acostumbrarse. ¿Azúcar?”
“Una, por favor. Suena aburrido. No creo que yo pudiera, la verdad, sentarme tras un escritorio todo el día. ¿A ti te gusta?”
“Definitivamente, no es para todo el mundo. Pero tiene sus ventajas, sí. Y a ti, ¿te gusta tu trabajo?”
“Sí, la verdad. Me saca de la casa, y a veces conozco a gente interesante. Algunos más interesantes que otros…”
Me doy la vuelta para entregarte la taza, pero no extiendes la mano para cogerla. Te pasas los dedos por el pelo e inclinas un poco la cabeza hacia un lado. Dios, tu sonrisa es tan contagiosa.
Tus ojos me miran de arriba para abajo, lentos, decididos. Acortas la distancia que nos separa, rodeas con tus dedos los míos sobre la taza caliente y la dejas sobre la encimera.
Estamos tan cerca… Tu cara a escasos centímetros de la mía. Esto está pasando de verdad, ¿no?
“¿Quieres seguir?”
“Definitivamente.”
Levanto las manos y te rodeo la nuca con ellas. Tu piel es cálida y sorprendentemente suave bajo el cuello de tu abrigo.
Guías tus manos hasta mis caderas y aprietas un poco, antes de enroscar tus dedos alrededor de dos de las trabillas de mi cinturón.
Tus manos se deslizan hacia abajo alrededor de mi culo.
De repente me levantas sobre la encimera de la cocina. Separas mis piernas con tu muslo y aprietas tu cuerpo contra el mío.
“Se siente tan bien…”
“¿Esto es lo que quieres?”
“Sí, sí, te quiero a ti.”
Pones las manos sobre mis muslos y apoyas tu peso en mí. Tus dedos se deslizan bajo el dobladillo de mi camiseta. Están un poco fríos cuando los deslizas por mi vientre hasta mi pecho.
Tus dientes tiran de mi labio inferior, no con fuerza, pero lo suficiente para hacerme saber que quieres algo más que besarme. Estás siendo suave, pero de algún modo firme, seguro de ti mismo. Te jalo del cinturón para acercarte más.
“¿Puedo quitarte la camisa?”
“Si, quítamela.”
Mis pezones se endurecen cuando me levantas la camisa por encima de la cabeza. Cada pequeño movimiento de tus dedos me produce una descarga de placer.
“Sí, juega con mis pezones…”
Me quito el sujetador y lo dejo caer al suelo. Tu boca es cálida mientras la arrastras por mi cuello sobre mi clavícula hasta mi pecho.
Chupas cada pezón y muerdes suavemente. Tu mano libre presiona y acaricia al otro.
Bajo mi mano entre nosotros y acaricio tu entrepierna. Puedo sentir tu pene en los pantalones, poniéndose dura, muy dura para mí.
“¿Qué es lo que buscas? Dímelo.”
“Oh, sigue jugando con mis pezones. Así, sí… Quiero que me saborees.”
Tus manos jalan de la cuerda de mis pantalones y los jalas hacia abajo. Me levanto para facilitártelo un poco.
Mantienes tus ojos en los míos mientras me agarras de las caderas y tiras suavemente de mí hacia el borde de la encimera. Tus dedos se deslizan sobre mis muslos mientras te inclinas hacia delante. Tu boca se acerca cada vez más a mi coño.
Dios, me estoy mojando…
Presionas tu cara entre mis piernas e inspiras.
“Oh, Dios, huele tan rico.”
No puedo evitar empujarme contra tu cara y arquear la espalda contra el frío mostrador que tengo debajo.
“Ven, ven aquí…”
Inclino mis caderas hacia ti para que puedas deslizar mi tanga. Me separas las piernas y tu boca se acerca tanto a mi clítoris… Maldita sea, casi puedo sentirte…
Tu lengua se desliza entre mis pliegues. Te mueves tan lentamente sobre mi clítoris…
“Oh… Sí… Sí… Ahí, así, así…”
Tu lengua recorre y rodea mi clítoris, ahora más deprisa… Me agarro al borde de la encimera y envuelvo tu espalda con las piernas. Te acerco más y empujo tu cabeza con mi mano, te fuerzo a penetrarme más, jalando tu cabello.
“Dios mío, qué sensación tan increíble. No pares…”
“¿Puedes meterme los dedos?”
Me incorporo un poco, y veo cómo presiona dos dedos entre mis piernas y cómo desaparecen dentro de mí.
“Cuánto adoro tu sabor.”
Me apoyo en el mostrador y me agarro a tu mano. Tus dedos entran lentamente y se enroscan en mi punto G.
“Oh, sí, sí, así… Justo ahí, no pares.”
“¿Se siente rico?”
“Sí, se siente tan bien… Oh, Dios mío, tan tan rico—”
“Te quiero adentro… ¡Quiero que me cojas!”
“¿Ah, sí? ¿Tienes un…?”
“Condones, sí. En el cajón, detrás de ti, sí.”
“¿Guardas los condones en la cocina?”
“Es mi cajón de chucherías. Aparte no puedes quejarte, nos ha sido útil hoy. Quítate la ropa.”
No tenía ni idea de lo increíble que era tu cuerpo. Tu uniforme ha sido bueno ocultando las tonificadas líneas de tu pecho… La tenue línea en V que baja por tus caderas, me encantan tus brazos marcados… ¡Dios!
Tu pene se libera de tus calzones cuando tiras de ellos hacia abajo.
Tus firmes manos vuelven a estar bajo mi trasero, deslizándome hasta el borde del mostrador. Abro las rodillas para ti.
“¿Estás lista?”
“Sí, sí, cógeme…”
Te tomas tu tiempo, arrastrando tu boca por mi cuerpo mientras guías lentamente la punta de tu pene entre mis piernas.
Te introduces lentamente en mí…
“Dios mío, más, te quiero hasta el fondo, hasta el fondo…”
“Oh, qué grande… La tienes tan grande y gruesa…”
“¿Quieres que vaya despacio?”
“No, no, cógeme fuerte…”
Me empujas con fuerza. Me agarro con tanta fuerza al borde del mostrador que se me ponen blancos los nudillos. Intento seguir tu ritmo con las caderas mientras me miras.
Tus manos me aprietan mis nalgas y tiran más fuerte de mí contra ti. Me aferro a tu espalda, clavándote las uñas en la piel.
“Oh, sí, sí, sí, no te detengas…”
“Vas a hacer que me venga si no vas más despacio…”
“Así me gusta.”
“Voy a venirme… No pares, no pares…”
Me desplomo sobre mi espalda y miro al techo. Tú te inclinas hacia delante y apoyas la cabeza en mi pecho desnudo. Dios, eso ha estado tan bien.
“Ehm…”
“La verdad es que no me apetece volver al trabajo.”
“Bueno, te prometí café. Eso debería servir.”
“Sin duda.”
Me tiembla todo el cuerpo. Apenas puedo levantarme y sentarme. Te observo mientras te vistes, tomándome un momento para mirarte de verdad, para asimilarte.
“Toma, aquí lo tienes.”
“Oh, no me puedo llevar un termo tan bonito.”
“Solo te lo estoy dando para que tengas que venir mañana a devolverlo.”
“Buena idea. En ese caso, te veo mañana.”
“Sí, mañana.”
“Si no te importa, creo que mañana no me pondré el uniforme. También creo que me presentaré a las seis de la tarde para llevarte a cenar. ¿Te parece bien?”
“Me parece perfecto.”