Navidad en la montaña Erotic Audio Story Audiodesires - Duro Fantasy
Relato Erótico

Navidad en la montaña

¿Te gustan los hombres dominantes? En este audio porno en español, ves un cambio en tu marido desde que llegaron a la cabaña en las montañas. Escucha un audio porno especial de Navidades si te gusta el sexo duro, el sexo oral y el placer de tener sexo romántico entre recién casados.

Leer Más

Qué tan intenso?

19 MINS

Voices:

Ana
Niko

Idioma:

Es

Español

English

Deutsch

Leer historiaOcultar historia

“Hola. ¿Cómo vas?”

“Ven aquí y compruébalo.”

“¿Ya has acabado?”

“Casi. Solo me queda apretar un par de tornillos. Y luego poner los libros.”

“Oh, Dios mío, se ve increíble. Me gusta el color, combina muy bien con el suelo.”

“Me alegro que te guste.”

“No puedo creer que hayas acabado tan rápido. ¿No estás cansado?”

“Te levantaste a las, qué, ¿a las cinco de la mañana?”

“A las seis. En cuanto amaneció. ¿Cómo resistirse a ver el amanecer?”

“Y luego preparaste el desayuno, y entrenaste, ¿y ahora esto? Eres una máquina.”

“Creo que todavía no me ha bajado la emoción de la boda. Mi cuerpo no se ha dado cuenta de que estamos de vacaciones.”

“Yo igual, pero creo que tú estás a otro nivel.”

Te sientes tan bien contra mi cuerpo.

Me alegro de habernos tomado todo el mes de vacaciones tras la boda. Nada de responsabilidades, ni trabajo. Solo recargar nuestras energías al lado del otro. La boda estaba tan cerca de la Navidad y habría sido demasiado difícil tratar de encajar una luna de miel adecuada con todo eso.

Resulta que pasar el mes entero aquí en la cabaña de tu familia en las montañas son unas vacaciones increíbles. Te encanta tener pequeños proyectos que te mantengan ocupado y la casa necesita un poco de trabajo después de unos años desocupada. Yo puedo descansar, beber ponche calientito y leer frente a la chimenea todo el día mientras tú haces las cosas difíciles.

Estoy tan emocionada de pasar Navidad contigo, solo nosotros dos. Es curioso, sin embargo. Realmente no estoy acostumbrada a verte así. Con los pantalones de trabajo y botas, sin afeitar.

Es todo un cambio respecto a los trajes entallados y los relojes caros que sueles llevar en el trabajo. He notado que cambiaste, poco a poco, desde que llegamos. Los dos estábamos muy nerviosos en las semanas previas a la boda, así que tiene sentido que estés más relajado aquí. Pero… hay algo más.

Un nuevo lado de ti que nunca vi en la ciudad. Aquí, has estado pasando tus días construyendo muebles para la casa. Limpiando la nieve y transportando la leña en el viejo tractor de tu padre. No tenía ni idea de que supieras usar un taladro, y mucho menos construir una estantería que no se cayera.

Me parece curiosa la forma en la que alguien puede llegar a sorprenderte, incluso estando casados y tras varios años juntos.

“Parece que hoy no me puedes quitar las manos de encima.”

“¿Tú crees?”

“Sabes que no puedes parar…”

“Es que… me encanta este look de chico rudo en la montaña.”

“¿Segura? Es que no me he afeitado porque hace mucho frío. Tengo que tener un poco de barba para mantenerme calentito.”

“No, es más que eso. Estás todo despeinado y sudado y… te ves muy bien con ese cinturón de herramientas puesto, y esos pantalones ajustados. Te ves tan bueno.”

“Entonces, ¿me dejo la barba?”

“Déjate la barba. Y esos pantalones. Y no te quites el cinturón.”

“Cuéntame más sobre tu, eh, nuevo interés por los tipos duros.”

“Es que… me gustó mucho verte cortar la leña ayer. Hay algo realmente atractivo en lo fuerte que te veías. Como, ahora lo entiendo, la obsesión de TikTok con los chicos realmente masculinos haciendo cosas varoniles.”

“Vaya, de haberlo sabido, te habría traído aquí mucho antes.”

“Así que, parece que quieres algo un poco… duro? ¿Alguien que… tome el control?”

“Llevo todo el día… pensando en ti…”

“¿Oh, sí? Cuéntame más.”

“Estaba pensando en… que me dijeras lo que tengo que hacer. Verte más mandón, un poco… posesivo…”

“¿Ah, sí…?”

Te das la vuelta y me pones los brazos por encima de la cabeza. Dios, me encanta cuando eres un poco brusco conmigo.

“Tómame como quieras.”

“Eso haré.”

Te deshaces de mis pantalones y te acomodas entre mis piernas, separándolas con las tuyas. Puedo sentir tu pene duro.

Tu cuerpo parece enorme sobre mí y… me gusta la sensación. Tu peso sobre mí… sentirme pequeña debajo de ti, y también… protegida…

“Mírate, rendida ante mí…”

La punta de tu pene presiona entre mis piernas… Se siente muy duro y grande. Lo frotas contra mí, provocándome…

Metes la mano bajo la cintura de mi ropa interior… Y haces girar tus dedos lentamente sobre mi clítoris.

“Mmm… estás tan mojada… y solo para mí. Mírate… como levantas tus caderas para que te penetre más profundo… ¿Quieres que te penetre profundo verdad? Sé exactamente lo que necesitas… Deja que te haga gemir para mí…”

“Mmm, joder…”

“No te preocupes, te voy a dar lo que quieres. Pero puede que te haga esperar un poco.”

“Eso es… yo me ocuparé de ti. Te daré esta verga.”

“Pero tienes que ser buena. ¿Vas a ser una buena chica y portarte bien?”

“S-sí… me portaré bien.”

Te sientas y sueltas mis muñecas. Alcanzó tu camisa, desesperada por sentirte, por tocar tu piel bajo esta.

Te ayudo a deshacerte de tus pantalones y del cinturón de herramientas. Y ahora estás arrodillado sobre mí en nada más que tus boxers. El bulto de tu pene se hace más grande y grueso a cada segundo… Joder, lo necesito.

“No he dicho que te la vaya a dar ahora. La estás deseando, ¿verdad?”

“¿Sí? ¿Quieres mi verga? Despacio… despacio.”

“Mete la mano ahí… agárrala. Ahora quítame los boxers.”

“Sujetala, así… Ahora puedes empezar a moverla. Suavemente. Tienes que controlarte.”

“Ohhh, sí, joder, justo así… Así, así. Sí…”

Enrosco mi mano alrededor de tu polla, intentando ir despacio. Pero es difícil… con lo jodidamente mojada que estoy… lo bien que se sentían tus dedos jugando con mi clítoris… Te deseo ahorita.

“Ven aquí.”

“Sí, justo así. Siéntate en mi cara, y gírate hacia ahí.”

Me subo encima de ti, a horcajadas sobre tu cara. Tu polla parece dura como una roca. La deseo tanto, pero quiero portarme bien para ti.

Tus manos rodean mis muslos y los aprietan mientras tu lengua se sumerge entre mi coño.

Oh dios, tu lengua… Joder. La barba de tus mejillas se siente afilada y rasposa contra mí, pero reboto en tu cara con más fuerza y rapidez.

No puedo esperar más. Quiero tu polla. La quiero ahorita.

Me inclino hacia delante y deslizo mis labios sobre la punta. Paso mi lengua por toda ella… y la meto de lleno en mi boca.

Muevo mi coño con más fuerza contra tu cara mientras pasas tu lengua de un lado a otro sobre mi clítoris. Tu polla me llena completamente la boca.

“Más fuerte. Quiero oír esos gemidos. Gime más fuerte.”

“Oh, amor, me voy a correr. Para, para, no quiero correrme todavía…”

“Ven aquí. Quiero que pruebes tu sabor…”

“Por favor… te necesito dentro de mí…”

“Creéme que lo sé. ¿Recuerdas lo que dije? Te voy a dar lo que más quieres. Pero tienes que ser paciente.”

Me guías para que me dé la vuelta, sobre mi estómago. Tu mano pesa al deslizarse por mi espalda, sobre mis nalgas… estrujando mis muslos. La sensación… de estar obligada a esperar… sabiendo lo difícil que es para ti contenerte… mi vulva late de impaciencia. La punta de tu pene se frota contra mi vulva.

“Dime que eres mía.”

“Soy tuya.”

“Otra vez.”

“Oh, joder, soy tuya… Soy toda tuya, amor.”

“¿Sientes eso? Es lo que has estado deseando.”

Tu mano se desliza hasta mi pecho, y aprietas con fuerza. Tus labios presionan mi oreja…

“¿Es este mi coño?”

“Sí…”

“¿Me pertenece solo a mí?”

“Ohh, joder, sí, todo, sí.”

“Mírate. Ohh, sí, míra cómo tomas toda mi verga. Tómala toda. Puedes hacerlo, toda para ti, amor.”

Oh Dios… la forma en que me llenas… y me estimulas… Puedo sentir cada centímetro de ti… Mi coño te aprieta tanto…

“Me encanta cogerte así…”

Tus dedos pellizcan y aprietan mi pezón, tus dientes rozan mi nuca.

“Más… más…”

“Sí, eso es, vuelve a clavar esas nalgas en mí. Cógeme, amor.”

Te enderezas, agarrando mis caderas para estabilizarte. Empujas con más fuerza… yo me agarro a las sábanas…

“Así, me voy a correr bien dentro de ti. Gime para mí, nena. Nadie nos escucha, quiero que grites tanto como quieras.”

“Más fuerte… Cójeme…”

“¿Sí? ¿Más fuerte?”

“Hmm, sí… ¡Joder!”

“Mmmm… me falta poco…”

“Voy a correrme dentro de ti… Me corro, joder…”

“Sí, córrete dentro de mí…”

“Sí, sí, así. ¡Así, joder!”

“Oh, dios… Oh, cielo…”

“Hey…”

“Hey…”

“Eso ha sido… wow. Creo que… no recuerdo nunca haberme corrido tan fuerte…”

“Y aparte… ¿Un sesenta y nueve? Hace años que no hacía eso…”

“Lo sé, pero nunca falla.”

“Mmm, podría quedarme dormida ahora misma… Solo un ratito…”

“Entonces, ¿no ponemos los libros en la nueva estantería?”

“No, no… más tarde. Ahora… solo ven a mi lado.”