En este relato erotico en español, la emoción y adrenalina sexual de una nueva relacion es demasiado para una pareja. No pueden esperar a llegar a casa y deciden tener sexo en las calles ocultas del mercadillo navideño. Disfruta de este audio porno de sexo en publico y escucha como un novio dominante le dice guarradas y la folla en la calle.

Leer Más

Qué tan intenso?

13 MINS

Idioma:

Es

Español

English

Deutsch

Leer historiaOcultar historia

“Perdón, paso… Disculpa…”

El mercadillo navideño. Hay tanta gente que me agobio… Si fueses cualquier otra persona, te habría dicho cuatro cosas sobre el consumismo y la Navidad. Pero… eres tú.

Haría cualquier cosa por ti. No sé si somos novios o no, no lo hemos hablado todavía… pero los dos lo pasamos bien juntos. Me gustas mucho.

Sí, no me da vergüenza admitirlo, estoy enamorado de ti. Te has mudado hace poco a Madrid y te hace mucha ilusión visitar los mercadillos navideños, así que aquí estoy, agobiado por la ruidosa muchedumbre despilfarrando en baratijas.

“¡Roberto! ¡Aquí!”

“¡Antonella! ¡Ya voy!”

“Por fin llegaste.”

“Llevo buen rato buscándote entre la multitud. Al fin te encuentro.”

“No esperaba que hubiera tanta gente. ¿Siempre es así?”

“Bueno… sí. Cuanto más se acerca la Navidad, más se llena.”

“Nunca me había imaginado que vendrías al mercadillo conmigo.”

“Ya me conoces, soy todo un Grinch.”

“Pero esta noche no solo sos mi novio, sino también mi guía nocturno, y tengo una lista de cosas por hacer. Y la primera cosa es probar los polvorones de España.”

“¿Nunca los habías probado?”

“No, todavía no. Me han dicho que no son como los de Argentina.”

“Venga, vale. Vamos a probar suerte a ver si te encontramos algo…”

Me tomas la mano y me diriges a través de la multitud.

Pasamos puestecitos llenos de artesanías, velas, quesos… mil cosas que nadie realmente necesita.

“Mira las luces, ¿no son relindas? Oh, ¡acá! ¡Un belén! ¡Mira el niño Jesús!”

Diría que no me gusta, pero… pero verte tan emocionada por las luces y el ambiente y todo… se me contagia.

“Me encanta la Navidad. ¿Creés que nevará?”

“Eres adorable.”

“¿Más adorable que un belén?”

“Más adorable que… Papá Noel montado… en un reno mágico.”

“No va en reno, va en trineo. Creo que el siguiente puesto tiene dulces.”

Aún siento tus labios en los míos cuando llegamos al siguiente puestecito. Tienes un efecto hipnótico.

No puedo describirlo, pero es embriagador ser el objeto de tu atención. Me gusta que me mires, que me sonrías, que me hables.

Es electrizante, la sensación de que juntos descubrimos algo nuevo. Esto, nuestra relación, es algo íntimo sólo entre nosotros dos.

“Bueno… no está mal, pero… Son mejores los de mi país.”

“¿Qué dices”

“Está seco. Y no lleva dulce de leche. Es como morder polvo.”

“No sabes de qué hablas.”

“Tenés que venir a Argentina algún día a probar un polvorón de verdad.”

“¿Las Navidades del año que viene, entonces?”

“Es una promesa.”

Estás tan guapa así, con tu rostro iluminado por las luces y tu pelo moviéndose al viento. Aún recuerdo la primera vez que te vi.

Tu hermosura me dejó sin aliento aquella noche… y sigue teniendo el mismo efecto. Tienes la habilidad de hacer sentir especial a toda persona con la que hablas. No me lo puedo creer la suerte que tengo de que quieras salir conmigo.

“¿En qué estás pensando?”

“Solo pensaba… que aún tienes un poco de polvo en la boca.”

“Ah, ¿sí?”

Sabes a azúcar y canela. No quiero parar.

Ojalá no hiciera tanto frío. Te quitaría la ropa y te podría besar…

Joder, es que…

Te deseo tanto.

“¿Quieres venir a mi casa?”

“Mm, buena idea.”

“Vamos.”

“Colocó la mano en tu cintura, encima de tu abrigo de invierno, y te acerco a mí.”

“¿Por dónde me llevas?”

“Por aquí, un poco más privado.”

“¿Qué estás haciendo?”

“Es un asunto urgente.”

Nuestro aliento aparece en el aire nocturno frío madrileño entre nosotros mientras nos besamos. Meto la mano por debajo de tu abrigo, una pregunta silenciosa de si quieres arriesgarte y hacer algo… en público.

“¿No podés contenerte más?”

“No puedo más. No cuando estás tan guapa.”

Deslizo mis manos por debajo de tu sudadera y toco tu piel calentita… paso por tus caderas… y subo hasta tus pechos. Tu empujo hasta la pared y te cubro de besos, desde la mandíbula hasta tu cuello.

Si viniera alguien nos pillaría… pero no me importa. Lo único importante ahora somos tú y yo. Escucho tus gemidos y empiezas a refregarte sobre mi muslo.

“¿Y por qué tengo la sensación de que estás mojada?”

“Mm, no lo sé. ¿Por qué no lo comprobás?”

Meto dos dedos dentro de tus bragas…

“Tenía razón…”

“¿Qué vamos a hacer si alguien nos ve?”

“Es más probable que alguien te oiga.”

“Bajaré la voz, pero no me hagas esperar.”

No hemos llegado muy lejos del mercadillo, aún se puede oír la gente al pasar.

Todo tan imprudente, pero contigo todo es tan fácil…

“Me gusta que estés tan mojada…”

Frotas mi pene por encima de mis vaqueros.

“Veo que vos también estás duro… No sabía que te gustaba tanto el sexo en público.”

“No me importa estar en público… es estar contigo lo que me excita.”

“Cojo tu humedad con mis dedos y acaricio tu clítoris… suavemente… lentamente…”

“Por favor… te necesito… dentro de mí…”

“Me gusta como lo pides.”

Mi dura polla palpita contra mis vaqueros. Está tan dura por tus caricias…

No aguanto más.

Deslizó un dedo dentro de tu coño.

“Sí… así… sí, más…”

Pauso un momento para disfrutar de la sensación…

Tu calor, tu humedad que envuelven mi dedo. Te meto un dedo más… y empiezo a moverlos… dentro y fuera…

Meto mis dedos más profundo…

“Por Dios… me encanta esto…”

“¿Quieres que siga? ¿Quieres correrte?”

“S-sí… por favor… sigue, sigue así…”

Coloco mi mano libre sobre tu boca.

“Shh, te van a oír…”

“Saco mis dedos por completo… y los vuelvo a meter…”

“Sh… No grites… te escucharan”

“Toca mi clítoris, por favor… oh…”

“Me voy a correr…”

“¿Sí?”

“No pares, no pares…”

“Dios, dios… bésame…”

“Bueno… no es lo que esperaba del mercadillo.”

“¿Te ha gustado?”

“Sí, sí. Sin duda.”

“¿Por qué me miras así?”

“No te han gustado los polvorones, pero sí que te ha gustado echar un polvo.”

“Sos terrible. Aún tengo cosas pendientes en mi lista”

“¿Cómo qué?”

“Tendrás que esperar hasta la próxima vez.”

“¿Oh, tendremos más oportunidades para hacer esto?”

“Venga, a tu casa, que tengo frío y ahora te toca disfrutar a ti.”