¿Disfrutas tomar el control en la cama? Este es un audio porno en español con un toque de bondage y sumisión, femdom, y en definitiva, BDSM. En este audio erótico, experimentarás la sensación de estar sumiso a una mujer dominante, que te ordena que hagas su voluntad. Si te gusta el BDSM y el erotismo, este relato te llevará a través de una experiencia intensa y emocionante de sexo crudo y real.

Leer Más

Qué tan intenso?

11 MINS

Voices:

Alex

Idioma:

Es

Español

English

Leer historiaOcultar historia

La oscuridad es reconfortante.

Alguna gente le teme, pero yo la disfruto. Hace que el resto de mis sentidos se amplifiquen, como si fuera un animal salvaje. Olfato. Oído. Tacto.

Especialmente el tacto.

La corbata de seda con la que me vendé los ojos es tu favorita. Negra con rayas rojo pálido.

Una corriente de aire frío sopla desde la ventana de nuestro cuarto y me hace sentir un cosquilleo en mi miembro, ya endurecido. Las sábanas de satén negro, sobre las que estoy recostado se sienten frescas y suaves.

¿Cuándo llegarás a casa? Apúrate, vamos. ¡Ya no puedo esperar más!

He estado insoportablemente excitado desde que vi tu mensaje de texto esta tarde ordenándome que estuviera desnudo y con los ojos vendados para cuando llegaras del trabajo esta noche.

Por dios, tuve una erección al leerlo. No hemos explorado mucho mi lado sumiso, pero es algo que me muero por probar.

Oigo el crujir de la puerta de entrada que se abre.

¿Eres…?

Sí, sin duda eres tú.

Tus tacones hacen sonar el piso de madera con cada paso, acercándote cada vez más y más

¿Te gustará verme así? Solo espero haber seguido tus instrucciones correctamente.

Tus tacones suenan muy cerca. Ya debes estar en nuestra habitación conmigo. Ya debes estar parada junto a la cama, viéndome fijamente.

Mi respiración se traba en mi garganta y mi verga se hincha, repleta de deseo.

Quiero desesperadamente hablarte y rogarte que me cojas; pero ya sé que hablar va en contra de tus reglas.

“¿Estás listo para mí?” me preguntas.

Asiento en silencio como respuesta.

Dios, si solo pudiera alcanzar mi verga y tocarla. Si solo pudiera darme un poco de placer.

Te oigo caminar por la habitación y el sonido de tu ropa cayendo al piso. Estoy tan emocionado, tan excitado, que mi verga apunta recta hacia el techo y late furiosamente.

¿Qué me vas a hacer?

Siento cómo tu peso hunde el borde de la cama, y luego tus rodillas aprisionan mis caderas, montándome como a un caballo. Respiro muy hondo, casi sin poder contenerme.

Tus manos están frías cuando agarras mis muñecas y las juntas sobre mi cabeza. Siento el roce de la soga mientras amarras mis muñecas a la cabecera de nuestra cama.

Estar indefenso frente a ti es adictivo. No saber lo que tienes planeado para mí... No saber cuándo me vas a soltar...

Halo el nudo recién hecho para probar su efectividad. Definitivamente, no voy a poder soltarme de esta soga.

Siento que comienzas a escalar mi cuerpo, cada vez más alto, hasta que puedo sentir el calor de tu vagina a pocos centímetros de mi nariz.

¿Qué haces? Dios mío, necesito tenerte.

“Lámeme,” me ordenas, con una voz severa y sin titubeos.

Estiro mi cuello un poco y busco los pliegues cálidos y húmedos de tu vagina. Aquí están. Extiendo mi lengua hacia adelante y la meto dentro de ti. ¡Dios!, estás ya tan mojada...

Esto debe excitarte tanto como a mí. Amarrarme. Tenerme indefenso... Lo haces tan bien.

Sabes tan deliciosa. Dulce y ácida. Me agarras por el cabello y sostienes mi cabeza con fuerza en el lugar que te gusta. El dolor se convierte en placer instantáneamente.

Muevo mi lengua más y más rápido. La empujo lo más profundo que puedo dentro de ti y la saco para jugar con tu clítoris hinchado.

El sonido de tus gemidos es suficiente para llevarme al borde de la locura. Saber que te estoy dando placer, saber que me estás forzando a ello, es casi imposible de aguantar.

Tus gemidos se van volviendo cada vez más agudos mientras balanceas tus caderas con fuerza contra mi cara, frotándote y forzándome a cogerte con mi boca.

Tienes todo el control, por completo, y no hay nada que yo pueda hacer. No podría salirme de esta situación si lo quisiera.

De repente te alejas de mi cara y te deslizas hacia la parte baja de la cama.

Dios, te necesito ahora desesperadamente. Mi verga está tan dura por ti que hasta me duele un poco. Me tientas presionando levemente los jugosos y calientes labios de tu vagina contra la cabeza de mi verga.

Por Dios. ¿Vas a cogerme?

Tu vagina está tan caliente mientras desciendes por mi miembro. Mi tronco se desliza dentro de ti y tus paredes internas se aferran a él con fuerza.

¡Oh Dios! Se siente increíble.

Tus pequeños suspiros y gruñidos de placer son como relámpagos de deseo que estallan dentro de mí mientras me montas como si fuera tu juguete.

Eso es lo que soy, tu juguete, y me encanta. Solo estoy para cumplir tus deseos más promiscuos.

Te coges con fuerza, rebotando arriba y abajo en mi verga palpitante, soltando un largo y ronco gemido de placer cada vez que subes.

Mi cuerpo entero se va calentando y empiezo a sentir que no voy a durar mucho más.

Lo que más quisiera es ver las expresiones de placer que sé que tienes en este momento. Por favor, te lo ruego: quiero verte acabar.

Sorpresivamente colocas tu mano sobre mi boca, silenciando cualquier sonido que pueda salir de ella. Aprietas con fuerza y me coges todavía más duro.

Voy soltando chorritos de presemen dentro de ti.

Mis caderas se entregan a las tuyas en un ritmo rápido y fluido, arriba y abajo. Va a suceder. Lo siento venir. Voy a acabar. ¡Carajo, voy a acabar!

Al mismo tiempo que boto un largo y sordo gemido en tu mano, tú sueltas tu propio grito de liberación. Te siento acabar simultáneamente conmigo, con mi semen grueso llenándote por dentro.

Suavemente, tus manos sueltan mi boca y siento cómo te recuestas junto a mí en la cama.

Los dos estamos jadeando con nuestros corazones acelerados, y tú dibujas con tu dedo pequeñas figuras en mi estómago.

“Eso...” murmuro, “fue increíble. Es una lástima que se haya terminado.”

“¿Discúlpame?” me respondes antes de que termine la frase y me agarras por el cabello. “¿Quién dijo que habíamos acabado?”