En este audio relato sexual, presentamos la segunda parte de la historia entre tú y Carlos, un viejo amor y vecino. Esta vez, la escena sexy se desarrolla en la actualidad, en la cocina de la casa de tu familia. Mientras todos los demás se sientan en la sala, tú y Carlos se escabullen para tener sexo en secreto. Usamos efectos de sonido eróticos ASMR para darle vida a esta historia sexual en audio. Recomendamos el uso de audífonos para una mejor experiencia.

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Qué tan intenso?

21 MINS

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Es

Español

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El timbre de la puerta suena, y me saca repentinamente de mi ensoñación caliente. ¡Demonios! Estaba disfrutando mucho ese flashback: Carlos y yo en el patio trasero teniendo un encuentro sexual secreto, mientras toda mi familia está dentro de la casa. Todavía puedo sentir la tensión, la emoción, las sensaciones, incluso después de todos estos años; la presencia de su lengua explorando mi vagina necesitada. Carlos es el único hombre que me ha hecho llegar al orgasmo con tanta maestría y ternura usando solo su boca. Durante años anhelé que algo sensual pasara entre mi vecino sexy de al lado y yo. Luego, cuando finalmente sucedió, fue la última vez que vi a Carlos. Consiguió un trabajo en otro Estado, y yo me fui de viaje al extranjero durante varios años.

Supongo que todo el mundo tiene una fantasía con un vecino del pasado. Yo, desde luego, la tengo. En mi caso, sin embargo, no es una fantasía que guardo solo con cariño, sino con un vívido recuerdo. Es uno de mis recuerdos más sexys. Lo atesoro y lo cultivo, reviviendo el momento una y otra vez. Cada vez que vuelvo a visitar esa escena en mi mente, de Carlos y yo compartiendo un encuentro íntimo en el patio, siento que mi coño se estremece de emoción. Lo que hace que este recuerdo sea tan delicioso es el secreto escondido detrás de todo. Hay algo realmente excitante en la búsqueda de cosas que son... prohibidas en cierto modo; en participar en actividades que sabes que serán un secreto a compartir solo entre tú y el otro perpetrador.

Mi familia y la familia de Carlos han vivido una al lado de la otra desde que tengo memoria. Su familia es muy querida por la nuestra. Carlos es especialmente querido. Así que si alguien se entera de alguna manera de que Carlos se comió mi vagina en nuestro patio trasero, mientras toda la familia estaba dentro de la casa terminando de cenar, Bueno... Bueno, no sé qué pasaría exactamente. Pero nadie debería saberlo. Jamás. Tiene que quedar entre Carlos y yo. Me doy cuenta de que me he estado acariciando las pantys todo el tiempo que he estado pensando en este encuentro sensual. Y, la verdad, no me sorprende.

“¿Jenifer? Ella está aquí. ¿Estás ahí? ¿Puedes dejarla entrar?”

¡Oh, mierda! Olvidé por completo que la madre de Carlos nos va a acompañar a cenar. Mi hermano y su esposa pensaron que sería bueno que viniera, ya que todos regresamos a casa para las vacaciones. Ahora que su marido ha fallecido, ella vive sola. Y Carlos vive en otro Estado. Por lo que la Sra. Jones se siente sola. Corro hacia el frente de la casa agitada para saludar a la mamá de Carlos. Y me doy cuenta de que todavía huelo a mi propio sexo excitado. Mientras giro la perilla y abro la puerta, mi mente está formando las palabras.

“¡Señora Jones! ¡Qué encantador verla después de todos estos años!”

Pero cuando mi cerebro se da cuenta de lo que mis ojos están mirando en nuestro porche, mi corazón literalmente se detiene por un segundo o dos... Es Carlos.

“¡Hola Jenny!”

Su hermosa y poderosa voz resuena en todo mi cuerpo paralizado. Esta sensación de sorpresa es casi traumática.

“¡Carlos!”

“¡No te sorprendas tanto! Sólo ha sido... ¿qué...? ¿Cuántos años han pasado?”

“Bueno, digamos... bastantes.”

Los años han sido muy amables con él. No ha cambiado nada. Sus cálidos ojos marrones, sus grandes labios de terciopelo, sus fuertes brazos de futbolista, su gigante y sincera sonrisa. Todavía estoy inmóvil mientras siento una nube de feromonas emanar de mi cuerpo y flotar directamente hacia él. Le ofrezco mi mano, que él felizmente toma, y luego me lleva a su cuerpo para un abrazo gigante y nostálgico. Me derrito en él e intento ignorar que puedo oler el olor de mi propia vagina en nuestro apretón de manos. Eventualmente, el resto de la familia nos acompaña en la puerta para dar la bienvenida a nuestros queridos vecinos a esta cena especial. Nos metemos dentro y el banquete comienza.

“Pero Carlos siempre tuvo una forma de endulzar con palabras cualquier situación. Cualquier profesor, policía, funcionario o quien fuera, no le importaba poner a trabajar su encanto con esa actuación fenomenal que hacía. Nadie era inmune. Ni siquiera Jenifer. Bueno, ¡especialmente Jenifer!”

El solo hecho de pensar en él hace que mi estómago se llene de mariposas. De modo que muchos de estos sentimientos están resurgiendo ahora que lo tengo sentado directamente al otro lado de la mesa. Pasamos la cena recordando viejos tiempos, riéndonos a costa de los demás, y reconectándonos. Carlos cuenta historias embarazosas sobre pequeñas notas mías que solía encontrar en cartas anónimas y yo le doy una patada bajo la mesa.

“Diría que casi todas las semanas encontraba alguna nota de Jenny, escondida en algún lugar interesante para que yo la encontrara. Una pequeña carta recordándome recoger la basura, o regañándome por escuchar heavy metal a todo volumen en el patio trasero. ¡Todo para llamar mi atención, diría yo!”

Cuento historias vergonzosas sobre Carlos haciendo ejercicio en el patio frente a un espejo, besando sus propios músculos. Me golpea juguetonamente la pierna por debajo de la mesa con sus dedos, y su tacto es eléctrico. Todos nos relajamos con un delicioso vino.

Carlos es cálido, inteligente y auténtico. El tipo de hombre con el que creo que podría estar. Me quedo absorta oyendo sus entretenidas historias, y mi pie encuentra un camino hacia su pierna tan a menudo como puede. En un momento dado, me sorprendo a mí misma sin un zapato y con los dedos de mi pie apoyados suavemente en él. Me gusta estar tocándolo. Cuando habla, sólo puedo mirar directamente a su boca. Siento su beso en el interior de mis muslos. Siento sus dientes pellizcando mis pezones. Siento ese anhelo tan familiar entre mis piernas cuando mi vagina me grita que salte encima de Carlos y meta su verga dentro de mí.

Este tipo de impulsos se hacen más y más difíciles de ignorar a medida que avanza la cena. Entre la cena y el postre decidimos tener algo de entretenimiento y un poco de vino dulce. Mamá empieza a tocar el piano y todos los demás encuentran un lugar en la sala para disfrutar del espectáculo. Voy a la cocina para empezar a preparar el postre. Estoy en la mesa en medio de la cocina, cortando el pastel de postre en trozos, cuando veo el cuerpo atlético de Carlos en la puerta.

“Déjame darte una mano, Jenny. Tal vez pueda aprender algo.”

“Sí claro, genial. Gracias, Carlos. Pero.... ¿Estás seguro? Te perderás el recital de piano.”

“Está bien. Puedo escucharlo desde aquí. Además, quería simplemente hablar contigo.”

“¿Ah, sí? ¿Sobre qué?”

Carlos camina hasta mi lado de la mesa.

“Ya sabes, parece bastante apropiado que nos encontremos hablando de un pedazo de pastel otra vez... después de todo este tiempo.”

“Sí, supongo que sí.”

Dejo lo que estoy haciendo y me doy la vuelta para prestarle toda mi atención.

“Pienso en ti todo el tiempo, Jenny. Sobre cuando… ya sabes…”

“¿Sobre cuando te comiste mi vagina en este patio trasero? Sí, yo también.”

Carlos me mira. Profundamente a los ojos.

“Sabes... siempre deseé que...”

“¿Deseaste qué, Carlos?”

Carlos está buscando las palabras correctas. Pero ambos sabemos que no hay ninguna. Nos miramos el uno al otro por un momento, mientras el sonido del piano flota desde la habitación de al lado, y el pastel de postre se queda desatendido en la mesa grande de la cocina. Entonces, de pronto, apasionadamente, nuestros rostros se unen, y nuestros labios se cierran en un profundo beso que deshabilita toda la sensibilidad de mis piernas.

Carlos me abraza con fuerza, y mis temores de caerme como un saco tembloroso se desvanecen. Me agarra por el culo con una mano firme, y lleva mi vagina hacia su rígida entrepierna. Saboreo y chupo sus labios con todas mis fuerzas. Carlos está frotando mi trasero con sus dedos, bailando alrededor de mi ano, y juro que casi puedo oír a mi vagina gritar su nombre. Arqueo mi espalda ligeramente e inclino mi trasero hacia arriba para que sus dedos puedan encontrar por detrás el camino a mi vagina hinchada por el deseo. Él dobla ligeramente las rodillas para frotar mi coño por la parte de atrás de mi vestido. Siento su aliento y su beso en mi cuello ahora, y me susurra al oído:

“He anhelado regresar a este momento durante tantos años, Jenny.”

Inclino la cabeza hacia atrás. Mi respiración se intensifica. Me besa lentamente alrededor del cuello, y bajo el mentón, hasta que sus labios encuentran el camino hasta mi otra oreja.

“Siento tu suave piel en mis labios cuando me acuesto en la cama por la noche.”

Mientras Carlos se da un festín con los lóbulos de mis orejas, deslizo mi mano entre su verga y mi coño, y empiezo a bajarle el cierre del pantalón.

“Jenny, ¿qué estás haciendo?”

“Algo que siempre he deseado...”

Y antes de que tenga la oportunidad de llamar mi atención al hecho de que todos nuestros seres queridos están en la habitación de al lado, le recuerdo que todos están ocupados alrededor del piano. Y con eso, me pongo de rodillas y libero el pene más bello, limpio y fuerte que mis ojos hayan visto jamás.

“¿Estás segura de esto? Todo el mundo está...”

Tan pronto como su piel es expuesta, veo un rayo de energía dispararse a través de su tronco, y su verga alcanza su grueso, glorioso y completo tamaño. Me tomo el más breve de los segundos para conservar esta imagen y dejar que se guarde en mi colección de recuerdos secretos sobre Carlos. Le permito a mi lengua el placer de una sola, larga y lenta lamida de sus bolas, pasando por la piel suave y sensible de su tronco, hasta su cabeza hinchada.

“Mmmmm. Oh, Jenny. Eso es...”

Siento los músculos de su pene perfectamente formado tensarse y soltarse en mi lengua mientras me deslizo hacia arriba... y más arriba. Estoy demasiado perdida en este momento porque siento como si lamiera por una eternidad antes de que finalmente llegue a la suave piel justo debajo de su palpitante cabeza. Siento que tal vez su verga se ha agrandado aún más en el tiempo que me ha llevado llegar a la punta. Puedo ver que sus ojos están firmemente cerrados, y que intenta con toda su voluntad no hacer ningún sonido. Rápidamente pongo mi lengua bajo su cabeza y siento que su pene entero se estremece. Le lamo el tronco de nuevo y siento su verga apretando mi lengua. Con cada lamida lo escucho gemir y siento un tirón de los músculos en su verga.

“No te atrevas a venirte todavía.”

Susurro descaradamente y pongo mis labios en la parte superior de su pulsante pene. Muy lenta y hábilmente, Bajo mi boca sobre su verga, y siento su suave cabeza deslizarse tan suavemente entre mis labios. Y oigo sus gemidos suprimidos mezclarse con las notas del lejano piano, y bailando en nuestros oídos. Me lleno la boca con la magnífica verga de Carlos; solo mientras me sea cómodo; sólo mientras me plazca

En algún momento me las arreglo para quitarme las pantys empapadas, y el olor de mi propio coño hambriento me llena la nariz Eso me excita aún más. Lamo las bolas bien cuidadas de Carlos varias veces, mientras bombeo su tronco con una mano, y acaricio suavemente mis labios vaginales con mi otra mano. Mi sexo está goteando con cada caricia. Estoy preparando cuidadosamente los labios hinchados de mi vulva para la increíble experiencia que está a punto de ocurrir... Es un momento que he soñado, una y otra vez... Me levanto y empujo a Carlos contra el armario de la cocina con un fuerte golpe.

“¡Au!”

Pero el piano sigue sonando, así que a ninguno de los dos nos importa un carajo. Entonces me doy la vuelta, me subo la falda hasta la espalda, pongo ambas manos en la mesa grande de la cocina, y le muestro mis nalgas directamente a Carlos para que mis labios vaginales abiertos y lubricados estén expuestos otra vez para su deleite visual; después de todos estos años

“Mi turno, Carlos. Quiero que me penetres con esa verga increíblemente hermosa que tienes.”

Esta exigencia sale de mi boca a un volumen normal de voz. Me estoy perdiendo en el momento.

“Lléname con tu verga. Ahora mismo. Antes de que alguien entre en esta cocina...”

Estoy apoyada en la mesa de la cocina. Carlos está detrás de mí, apoyado contra los armarios de la cocina. Hay un pequeño espacio entre su pene y mi vulva. Y una pequeña ventana de oportunidad mientras el piano todavía suena. Empujo mi trasero hacia atrás. La cabeza de la verga de Carlos está presionando ligeramente contra mis labios hinchados. Me muevo hacia atrás muy ligeramente y siento su cabeza separar mis labios.

“Es ahora o nunca, Carlos... Por favor, fóllame.”

Casi simultáneamente, empujo mi culo hacia él, y él mete su verga en lo más profundo de mi ser. Carlos se mete dentro de mí y siento su grueso torso que me aprieta contra la mesa de la cocina. Los próximos minutos están llenos de tanta tensión y pasión. En cualquier momento, podría ser atrapada por cualquiera de los familiares que están en la habitación de al lado, mientras mi vecino me penetra por detrás, sobre la mesa en nuestra cocina familiar. Todo lo que alguien tiene que hacer es pasar por esa puerta sin llave, y ambos seremos descubiertos. La humedad y el aroma de nuestro sexo va acumulándose entre nuestros dos cuerpos en movimiento. Me inclino hacia atrás y Carlos me rodea con su musculoso cuerpo. Mientras sus fuertes brazos sostienen y exploran la parte delantera de mi cuerpo caliente, me penetra con precisión por detrás. Mis piernas pierden su sensibilidad y floto en su abrazo. Los labios de mi vagina se tensan y se sueltan con cada empuje firme. Empujo mi culo hacia él y me inclino para aprovechar al máximo cada movimiento. Es una sensación de absoluta excitación y felicidad. Siento el aliento de Carlos en mi cuello, su susurro en mis oídos, sus manos alrededor de mis pechos, sus muslos en mi culo, sus bolas en mi clítoris, y su gloriosa verga en mi hambrienta y húmeda vagina. Lo siento por todas partes...

“Aprieta mis pezones, Carlos. Ahhh, sí. Justo así.”

“¿Así está bien?”

“Oh sí. Hmm, sí. No pares. Por favor, no te detengas. Penétrame con esa hermosa verga.”

“Oh, Jenny.”

“Toca mi clítoris.”

“¿Te gusta? ¿Te gusta esto?”

“Oh sí. Exactamente así. Ah, estoy cerca. No te detengas, por favor.”

“Me voy a venir, Jenny.”

“Ohh, yo también. Oh, Carlos, oh wow.”

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