En este audio relato erótico exploramos la fantasía sexual romántica entre tú y Carlos, un viejo amor quien vive al lado de tu casa y con quien tuviste una experiencia muy sensual hace 6 años. Para una mejor experiencia escuchando el audio, utilice audífonos.

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Qué tan intenso?

21 MINS

Voices:

Amira

Idioma:

Es

Español

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Se siente tan reconfortante y cómodo estar de vuelta en nuestra casa familiar después de tantos años trabajando y estudiando en el extranjero. Desde mi regreso, los recuerdos y las escenas repentinas no cesan de aparecer. Cada rayón en la mesa de la cocina, cada utensilio viejo, cada cortina descolorida, todos me llevan a momentos específicos en esta habitación en la que alguna vez viví y amaré para siempre.

En la puerta de nuestro refrigerador, noto la colección familiar de fotos que han logrado mantenerse en su sitio durante años y años. Veo una foto mía tocando el piano cuando estaba más joven; otra foto mía muy tierna con mi primera enamorada, Débora, una foto de mi hermano jugando fútbol con Carlos Aguilar, el vecino y una foto de toda la familia tomada en el patio trasero con Carlos y su familia.

Siempre hemos sentido a los vecinos de al lado como si fueran parte de nuestra familia. Carlos también fue mi primer enamoramiento de verdad. Creo que me obsesioné un poco con él. Pero, ¿quién podría culparme? Es increíblemente guapo. Además, una chica joven necesita algún tipo de desahogo para su energía sexual.

Cuando necesitaba relajarme un poco, Carlos se convirtió en mi objeto de deseo. Mirando por la cocina, de repente recuerdo algunas de las experiencias más... explícitas que he tenido en esta habitación. Mi visión está ahora evidentemente afectada por el suave brillo de la excitación...

Me fijo en la mesa de la cocina, donde una vez besé el coño de la mujer que vino a afinar el piano. El pelador de papas, que una vez usé para suavizar la piel áspera de una zanahoria para poder masturbarme con ella; las cortinas descoloridas, a través de las cuales espié a Carlos, mientras trabajaba en su patio trasero... Hmmm. Carlos. Empiezo a ponerme muy caliente al retomar todos estos recuerdos.

Carlos parece estar en la primera fila de todos ellos. Cada pensamiento sobre él hace más fuerte mi ebullición interior de una manera diferente. Todos mis sentimientos obsesivos por Carlos, con su cuerpo atlético y en forma, entrenando duro en el patio de al lado, están inundando mi cuerpo. Veo destellos de su cara,sus cálidos ojos marrones, sus grandes labios de terciopelo, sus fuertes brazos de futbolista, su sonrisa gigante y sincera. Su hermoso rostro vive en lo más profundo de mi subconsciente.

La imagen que me viene a la mente, más vívida que cualquier otra, es la mirada en sus ojos mientras contempla desde atrás mi vulva abierta. Me recuesto en el respaldar de la silla, en esta cocina de la casa de mi familia, sin nadie más alrededor, y dejo que la escena se desarrolle otra vez en mi mente. Fue una experiencia muy sensual. Puedo verlo todo tan claro como si hubiera sido ayer.

Ahí estoy yo, en el patio trasero de esta casa, sola, tomando tranquilamente una taza de té. Me estoy relajando, recostada en una silla reclinable en mi camisón, mirando a las estrellas, sintiéndome adormecida bajo el fresco cielo de la tarde, preparándome para acostarme temprano. Desde fuera, puedo oír el parloteo de toda mi familia, mientras terminan de comer dentro de la casa. Hace un poco de calor para esta época del año, pero todavía hay una frescura en el aire que disfruto mucho. Pongo mis manos detrás de la cabeza y me inclino hacia atrás en la silla.

Mi largo cuerpo está extendido. Puedo ver los árboles que se mecen lentamente con la brisa. Puedo ver las estrellas posicionándose en el cielo. También puedo oír el sonido de una persona caminando frente a la cerca en el patio del vecino. Momentos después, oigo un golpe en la cerca del vecino.

Bajo la luz que alumbra la casa, veo la gran sonrisa de Carlos acercándose a la puerta.

“Hola, Jenny. Esperaba encontrarte aquí.”

“Oh. Hola, Carlos.”

Siento que la piel de todo mi cuerpo se tensa debajo de mi camisón tan pronto como siento su mirada, recorriendo mis formas.

“Te escuché hace un rato tocando esa hermosa pieza en el piano.”

“Oh, sí. Es verdad que te encanta esa pieza.”

“Te aseguro que sí, Jenny. La tocas muy bien.”

“Sabes que eres la única persona que me llama, Jenny, ¿verdad? Todos los demás me llaman Jenifer.”

“Supongo que eso me hace diferente frente a los demás, entonces. Ey, he olido un montón de cosas increíbles saliendo de tu cocina hoy. ¿Tu papá sigue haciendo ese pavo delicioso? Sin duda, ese tiene que ser uno de los mejores pavos al horno que haya comido. Hasta el día de hoy, todavía no he probado un pavo horneado tan húmedo y suave. El hombre ciertamente sabe cómo manejar un horno.”

Me emociona mucho ver los hermosos ojos de Carlos encaramados allí. Pese a que tengo puesto un camisón normal, me siento expuesta de una manera excitante. Me está examinando casualmente mientras charlamos y todo lo que puedo pensar es en el hecho de que hay una sola capa de tela fina que separa mi largo cuerpo desnudo de sus cálidos ojos y transparentes mirada.

Debajo del tejido, mis pezones se ponen todavía más firmes. Disfrutan de estar en exhibición. ¿Y quién soy yo para negarles el protagonismo? Es la atención que rara vez reciben para regodearse.

“Desde la puerta de al lado, olía como si tu cocina estuviera funcionando a máxima potencia.”

Me niego a cubrirme. Mis manos permanecen fijas detrás de mi cabeza. Mis pechos están a la vista, redondos y desafiantes. Espero que aparezcan los pensamientos cohibidos, pero lo único que cambia es la piel que se me pone de gallina. Carlos está embebido con la vista que le estoy dando y me encanta su atención en este momento.

“Tengo algo aquí para ti, Jenny.”

Carlos abre la puerta y se acerca a mí en la silla.

“Me inspiré hoy e hice este pastel de manzanas.”

“Guardé este último trozo para ti.”

Está sosteniendo un plato de pastel que tengo problemas para ver correctamente desde mi posición reclinada.

“Oh. Qué dulce, Carlos. Déjame verlo.”

Carlos ha mantenido una distancia respetuosa, pero le va a ser imposible darme un plato de pastel sin entrar un poco en mi espacio personal. Se arrodilla a mi nivel, cerca del pie de la silla y me tiende el plato para que lo vea. Hay un aire de coqueteo en lo que dice a continuación...

“Me encantaría que lo probaras. Quiero tu crítica experta. Necesito que me digas si es... lo suficientemente dulce.”

A lo largo de los años Carlos y yo nos hemos acercado con frecuencia por nuestro amor a la cocina. Él ha sido nuestro invitado a cenar más veces de las que puedo recordar. Sabe que soy la reina de la cocina. Examino el plato en su mano extendida y veo que sus ojos apuntan más allá del pastel.

“No puedo verlo bien contigo arrodillado allá tan lejos, Carlos.”

Estoy preparando el terreno para que se acerque a mi espacio personal. Me sonríe y se acerca, aún arrodillado. No tomo el plato. Puedo notar que está intentando desesperadamente no mirar directamente a mi vagina. Pero sé que la ve. Mi camisón abraza las formas de mi cuerpo revelando cada cima, curva y montículo. Empiezo a oler mi propio deseo.

“Eso que está encima de este pastel es crema batida de arce, ¿verdad?”, le digo sonriendo.

“Sí, señorita. En efecto, lo es. Tus conocimientos nunca dejan de sorprenderme.”

Su confianza en mí como cocinera alimenta una seguridad que nunca he sentido en mí misma como sujeto de deseo. Al menos, no cerca de Carlos. Un hermoso y largo silencio se produce cuando ambos disfrutamos de la tensión sexual y la química que se desarrolla entre nosotros. Después de tantos años de intentar inventar un momento de sensualidad e intimidad entre nosotros, ahora me enfrento a la fantasía que tanto soñé. Pero este momento de anhelo y deseo que ambos compartimos ahora es mucho más excitante de lo que jamás podría haber imaginado.

Toda mi familia está en la casa a unos metros detrás de esta silla en la que estoy sentada. Carlos está arrodillado a mi lado. Todavía sostiene el pequeño plato de pastel de manzanas casero con crema batida de arce. Carlos es más que un vecino. Es un amigo de la familia. Este momento no podría tener más tensión y suspenso. Es perfecto.

Finalmente, libero mis manos de detrás de mi cabeza. Parece que estoy a punto de quitarle el plato a Carlos. Pero no lo hago. En su lugar, pellizco los lados de mi camisón con los dedos.

“Carlos”, digo en voz baja. “Tengo algo que me gustaría que probaras.”

Empiezo muy lentamente a tirar del camisón por los lados para que el dobladillo roce mis muslos y sobre mi coño.

“Quiero tu crítica de experto.”

El camisón continúa subiendo por mi cuerpo, exponiendo a una yo totalmente desnuda y vulnerable. Siento el aire frío en la humedad que se acumula entre mis piernas.

Carlos pone el plato en el suelo... Pero se queda quieto... En silencio... Casi en shock. Casi. Si esto va a suceder de esta manera, entonces él tendrá que encontrarse conmigo al otro lado de esta línea prohibida. Lentamente doblo mis rodillas a los lados y me expongo completamente a él. Esto debería hacer que sus impulsos sean más difíciles de resistir. Lo veo tragar, pero sus ojos nunca abandonan el regalo que le estoy dando.

“Necesito que me digas si es lo suficientemente dulce.”

Luego me mira directamente a los ojos.

“Así que quieres que yo...”

“Sí, Carlos. Quiero que pruebes mi coño.”

Mi susurro es la invitación que lo lleva al límite. Carlos acerca su cabeza provocadoramente a mi cuerpo. La tensión en este intercambio me ha llenado de una electricidad que cuando empieza a besar el interior de mis muslos con sus deliciosos labios, siento oleadas de placer que atraviesan mi corazón. Su cálido aliento en mi delicada y fría piel es terriblemente placentero.

Cada pequeño mordisco de su boca lo acerca cada vez más a mi palpitante sexo. Él besa suavemente y lame lentamente todo el camino hasta mis muslos, cruzando de una pierna a otra en un ritmo perfecto. Justo cuando un lado de mí comienza a sentir celos del otro... devuelve su atención a donde más se necesita. De izquierda a derecha, su cabeza baila una y otra vez sobre mi coño abierto mientras se acerca cada vez más para poder saborearme. Me oigo gemir débilmente bajo su aliento cosquilleante. Todo lo que puedo pronunciar es su nombre.

“Carlos.”

Una vez que está en la parte superior de mis piernas, su lengua baila alrededor de mis labios externos hinchados. Lucho contra el impulso de agarrarlo por la nuca y forzar su boca hacia mi entrada. Ya estoy tan excitada que quiero frotar mi humedad por toda su cara y sentir sus labios de terciopelo presionando firmemente mi clítoris. Pero este suspenso, esta levedad, tiene un encanto y un poder que nunca había experimentado. Es una especie de tortura de contención que hace que mi clítoris arda al sentir el contacto. Subo mi camisón hasta el cuello y revelo mis senos. Están firmes por el aire frío de la noche. Mis pezones están a punto de reventar.

“Necesito que juegues con mis pechos.”

Lo digo en voz demasiado alta para el contexto en el que estamos, pero mi lujuria por él hace que no me importe. Carlos deja de besar mi vagina de repente y mira detrás de la silla hacia la casa llena de mis familiares.

“Carlos, por favor, juega con mis pechos.”

Mis palabras le suplican que vuelva a mi cuerpo desnudo y agitado. Se apoya en la silla con las manos y baja la boca hasta la piel entre mis pechos. Siento su barba mientras me lame los senos con largos latigazos. Cada caricia crea una estela de aire frío que equilibra el calor que siento acumulándose en mi interior. Justo cuando estoy a punto de ordenarle que atienda mis pezones, soporta todo su peso con un solo brazo fuerte y aprieta suavemente uno de mis pechos con su otra mano grande para que mi pezón se mantenga tan firme y erguido como es posible. Él lame alrededor de la circunferencia de mi areola varias veces y luego hábilmente pasa su lengua una y otra vez sobre mi pezón hambriento. Suelto gemidos de éxtasis.

“Ahora el otro”, murmuro.

“¿Ahora el otro...?”

“Ahora el otro pecho. Está celoso, Carlos.”

“Oh, está celoso, ¿verdad?”

“Ayúdalo. El también necesita tu boca.”

Carlos repite los movimientos en mi otro seno y me vuelvo loca. Me encanta cuando mis pechos reciben la atención que merecen. Mientras Carlos frota, chupa, lame y mordisquea mis pezones con sus grandes labios y su lengua, mis manos encuentran el camino hacia mi vagina donde acaricio mi clítoris justo como me gusta. Hay algo delicioso en la sensación de profunda familiaridad de mi propia mano tocando mi clítoris, junto a la novedad de un hombre grande y guapo que me devora los pezones de una forma que yo nunca podría. Mis caderas se meten bajo el cuerpo de Carlos mientras me meto los dedos y me froto el clítoris con la palma de la mano al mismo tiempo. Siento un aire frío en mi coño mientras esparzo mi lubricante natural por todas partes.

Tengo tantas ganas de sentirlo dentro de mí, de que me llene hasta el tope con su suave verga, de que me folle con toda su destreza y fuerza. Pero no lo quiero tanto como sentir sus gloriosos labios envueltos fuertemente alrededor de toda mi vulva. Agarro la cabeza de Carlos con ambas manos y lo empujo hacia mi entrada. Su cara se mantiene flotando allí por un momento y veo sus preciosos ojos marrones mirándome. Miran profundamente dentro de mí. Intento decir esto con la mayor calma posible a través de mi exaltada respiración:

“Carlos, necesito que me folles con tu boca. Necesito sentir tus labios presionando mi clítoris. Necesito sentir tu lengua dentro de mí.”

Hace una pausa por el más breve de los momentos... y la imagen de él mirándome por detrás de mi montículo hinchado queda tatuada en mi subconsciente para toda la eternidad. Con un largo y lento movimiento de su lengua plana, Carlos se las arregla para chupar toda la humedad que cubre mi coño dentro de su boca.

“Mmm. Sí. Definitivamente es lo suficientemente dulce.”

Me muestra su gran sonrisa y luego se entierra en cada forma y pliegue de mi vagina con tal habilidad y cuidado que no tengo palabras para describir lo que siento...

Su ritmo, presión, variedad y su técnica perceptiva comiendo coños me da un inmenso placer. Gimo en éxtasis mientras me lleva a un lugar al que ningún hombre ha sido capaz de llevarme... 

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