
Elaboramos este audiorelato erotico junto con la comunidad de PURE Dating App. En este audio porno en español, colarse a una fiesta elegante con tu mejor amiga es la típica noche de viernes, pero lo que hace que está noche sea aun mas especial es la hermosa mujer que los invita a su habitación de hotel. Hay algo en el aire, y tienes la sensación de que las cosas entre tu mejor amiga y tú serán muy diferentes después de un trio...
Leer Más
Idioma:
Es
Español
English
Deutsch
“Y entonces… y entonces el camarero ahí de pie—¿Qué más puedo ofrecerle, señorita?”
“¿Te das cuenta de lo cerca que hemos estado de que nos corrieran? Dios mío, la cara que puso cuando bebiste directamente de la botella de tequila…”
“Payasos presumidos. Se van a arrepentir de lo de la barra libre. Oh, se está tan bien aquí fuera. Solo necesito un minuto para refrescarme y podemos volver a entrar.”
“¿Cómo te invitaron a esta fiesta? Es una locura, ese que vi era el alcalde de aquí, ¿verdad?”
“Oh, no, no me invitaron. No conozco a nadie. Lo chequeé online y pensé, ya sabes. Con algo de labia, puedes entrar donde te lo propongas.”
Tú…
Eres de lo que no hay. Nunca había conocido a alguien como tú desde que llegué.
Eres un torbellino. Un soplo de aire fresco que no sabía que necesitaba.
Hace tres meses estaba aburrido. Aburrido de esta ciudad, del trabajo. Incluso de mí.
Y entonces te conocí, aunque por accidente.
Estabas subiendo aquel árbol de navidad tan grande por las escaleras al piso cuatro. Me ofrecí a ayudarte a subirlo al apartamento… al último piso.
Me ofreciste una copa como pago y… no sé. Fue una de las amistades más rápidas que he formado.
Hubo una conexión instantánea entre nosotros. Los dos estábamos desesperados por sacar de la vida algo más de lo que teníamos. Yo, un guionista; tú, una diseñadora gráfica que soñaba con lanzar algún día su propia línea de ropa.
Creo que sentimos las mismas luchas el uno y el otro.
Y ahora, aquí estoy, a las tres de la mañana en la azotea del hotel más caro de la ciudad. Contigo.
Les he dicho a todos los que he conocido esta noche que tengo mi bufete de arquitectos que ha venido a buscar lugares para mis nuevas oficinas. O que soy el heredero de una gran inmobiliaria.
Hemos fingido ser personas que no somos, solo por diversión. He tomado champán por valor de más de la renta de un mes de mi depa. Todo gracias a ti y a tu encanto.
No sé por qué, pero esta noche me parece el momento adecuado para decirte la verdad. Que no creo que pueda seguir siendo solo tu amigo. Quizás… creo que podría estar enamorado de ti.
“Vaya, qué hermosas se ven las estrellas hoy. Y la luna está enorme. Oye, ¿y dónde quieres ir ahora?”
“¿Ahora?”
“Disculpen la interrupción. ¿Tienen encendedor?”
Oh… no me había dado cuenta de que había alguien más en la terraza con nosotros.
Maldita sea. Quiero estar un minuto a solas contigo.
“No, lo siento.”
“Eh… yo, yo tampoco.”
“Maldición. Ah, probablemente sea una señal de que debería dejarlo. Mala costumbre, lo sé.”
Es más alta que tú, solo un poco. Su vestido la hace parecer envuelta en espirales de plata.
No se parece a las demás invitadas de la fiesta. Todos son de cierta clase: mayores, ricos. Ella parece un poco más joven, como nosotros. Los pueblerinos.
“Oye, Adri. Hay algo que quiero de—”
“Qué bonita noche.”
Diablos. Creía que se iba a ir, pero ahora se interpone entre nosotros. Se apoya en la barandilla con gracia, su brazo casi toca el mío.
Quizá esta noche no sea el momento adecuado para decírtelo. Pero siento que va a salir tarde o temprano, lo quiera o no.
“¿Así que son donadores de la sociedad histórica de la ciudad? O… ¿tal vez están de colados esta noche?”
Nos habla a los dos, pero me mira directamente a mí. Está guapísima, y si fuera cualquier otra noche estaría más receptivo a ella, pero es en ti en quien estoy concentrado. En ti, a quien tan desesperadamente deseo confesar mis sentimientos.
“¡No! Fue pura casualidad. Fue saber que iba a haber barra libre. Eh, mira, Virgo es super visible esta noche.”
“¿A sí? ¿Dónde?”
“Ahí… parece como alguien sin cabeza danzando. ¿Lo ves?”
“Oh, sí, creo que sí. Qué curioso que lo menciones, pues yo soy una chica Virgo.”
“¿Qué? ¡No puede ser! ¡Como Paco!”
Levanto la vista de la barandilla. Las dos me miran fijamente. Ella se muerde ligeramente el labio inferior. Y tú… hay un algo en tus ojos.
Intentas decirme… algo. Hemos desarrollado todo un lenguaje silencioso propio en estos últimos meses. Con solo mover un poco el labio, sabes si me lo estoy pasando bien o si solo finjo hacerlo. Siempre noto cuando estás inquieta por la forma en que rebuscas en el bolso.
Pero ahora mismo, no tengo ni idea de lo que estás pensando.
“Pues un placer conocerte, Paco el chico Virgo. Yo soy Fernanda.”
“Oh, sí, lo mismo digo, Fernanda.”
“Yo soy Adriana. ¿Saben qué? Se dicen que los Virgo son compatibles entre sí.”
“Oh, ¿eso dicen? Pues qué bueno saberlo.”
Oh… oh no. Ahora reconozco esa mirada que me diriges desde atrás de Fernanda. Estás intentando facilitar la jugada.
Probablemente sea por la conversación que tuvimos la semana pasada, sobre lo mucho que tenía de ganas de tener pareja. De que me encanta estar enamorado.
Diablos, Adriana. Que quería ligar contigo, no con ella.
Y bueno, ella es increíblemente hermosa. Y ese vestido le luce increíble. Y parece muy interesante.
Esto se ha vuelto muy complicado.
“Pues bueno, se está haciendo un poco tarde, no sé si deberíamos…”
“No, no estarás pensando en irte a casa.”
“Claro que no. No seas aburrido, Paco. Noches como esta no se repiten, ¿no crees?”
“Yo…”
“Sí, Paco. Quédate un ratito. ¿Por mí?”
“Puede que necesite algo más para convencerlo.”
Mi cara se pone roja. Puedo sentir cómo nos observas y… me hace sentir bien.
Me acerca a ti y me rodea la mandíbula con sus manos. Su boca es cálida y… es fácil hundirse en ella.
“¿Tienes una habitación de hotel para esta noche?”
“No. Solo vinimos… por la fiesta.”
“Oh. Pues… yo sí. ¿Quizás a los dos les gustaría verla?”
“Nos encantaría.”
El corazón me late a mil por hora deprisa en el pecho. Me haces un pequeño guiño, tus ojos brillantes reflejan la luz de la luna desde arriba. Me acaricias de camino hacia la puerta de vuelta al interior.
Sus dedos están fríos cuando desliza su mano en la mía y tira de mí. Estoy demasiado aturdido para decir nada. Esta noche ya ha sido una locura, pero está claro que aún no se termina.
“Qué habitación más lujosa. Debes ser alguien importante.”
“Para nada. Aunque mi jefe, él sí… es el dueño de todo esto que han visto. ”
“Oh, ¿eso incluye el minibar? Porque él se encarga de pagar, ¿no?”
“Es todo suyo.”
Camina despacio por la cama, arrastrando los dedos por la manta como si dibujara un patrón en la arena o en el agua. Me mira y siento como si me invitara a acercarme, como si me pidiera que hiciera algo con sus ojos, ¿sabes? Aunque no sé muy bien qué.
“Háblame de ti.”
“Uhm… no sabría decir. No hay mucho que contar.”
“Okay, entonces, dime. ¿Te gusta dar las órdenes o recibirlas?”
Un torrente de energía despierta de repente todo mi cuerpo. Si antes me sentía cansado, ahora estoy muy despierto.
“Según yo, diría que le gusta que le digan lo que tiene que hacer. Personalmente, me gusta dar órdenes. Así que, ¿por qué no se besan otra vez?”
“Como tu digas.”
“Y ahora, Fernanda… bésame…”
Su sabor se queda en mi lengua mientras tú y ella se besan. Mi pecho se siente apretado, mi corazón va a mil por hora, con la idea de que nos digas qué hacer.
Apoyó la mano en mi verga a través de los jeans y me quedo mirándolas a las dos. Sus bocas se envuelven mutuamente… tu mano se enrosca alrededor de su cadera.
“Paco… ven aquí.”
“Los dos. Túmbense en la cama.”
Tus manos empujan mis hombros y me bajan hasta la cama. De repente, Fernanda está de espaldas a mí, con sus suaves hombros desnudos presionando los míos.
“Paco, quítale el vestido.”
“Eres… hermosa…”
“Eso lo sé.”
“Parece que tenemos a una niña mala. Paco, ¿por qué no le das un buen pellizco a sus pezones?”
“Oh… sí. Mmm… qué rico…”
“Más. Dale más…”
“Paco, ahora con tu boca.”
Se siente… extraño… que tú me digas lo que tengo que hacer. Que me guíes en un encuentro sexual con otra persona. Pero me gusta. Me gusta la sensación de que nos controles.
“Oh, sí… más…”
“¿Esto te deja bien húmeda, Fernanda? Se siente bien…?”
“Oh, sí, muy rico… se siente tan… No pares ahora…”
“Buen chico, Paco. Sigues tan bien mis órdenes.”
Tus elogios… Dios mío. Mi verga se estremece dentro de mis pantalones.
“¿Qué es lo que quieres, Fer?”
“Oh… lo quiero dentro. Y quiero que tú…”
“Pues toma su pene. Quiero ver cuán dura está.”
Mi verga aparece, dura como una roca y pulsante. Envuelvo la base con la mano y la acaricio un poco.
“Eh, eh, eh. No dije nada de que tuvieras permiso para eso. Quiero ver cómo ella te toca. ”
“Oh… ah, sí, sí, sí…”
“Sí… así sí. No te detengas ahora, sigue así…”
“¿Puedo… puedo tocarla? ¿Por favor?”
“Sí que puedes, Paco. Mira cómo está de húmeda.”
Arrastro mis dedos lentamente por su cadera y los dejo reposar sobre sus pliegues. Está tan caliente… como si emanara calor… Deslizó los dedos dentro de ella.
Sí, haz que se sienta bien… que disfrute. Acaricia su clítoris…
“Oh, sí…”
Su coño está tan caliente y húmedo. Y su humedad recubre completamente mis dedos. Sus palabras guían mi mano… es como si estuviéramos haciendo esto juntos…
“Por favor… ¿puedo? ¿puedo cogérmela?”
“Haz que te ruegue.”
“Oh, por favor… te lo ruego, cógeme…”
“¿Cuánto lo…?”
“¿Qué?”
“¿Qué cuánto lo deseas?”
“Oh, mucho, lo estoy deseando… Necesito tu verga dentro de mi…”
“Ahora sí, ahora dásela.”
Empujo mi punta entre sus piernas y la froto contra su clítoris.
“Oh, sí, cógeme… por favor…”
“Oh, Dios mío, pero qué calientes se ven ustedes dos juntos…”
“Oh, cógeme más fuerte…”
“¿Más fuerte? ¿Sí? ¿Podrás aguantarlo?”
“Sí, sí, sí, por favor…”
“Sí, sí, sí, tómala toda… oh, Dios, sí…”
“Adriana, Adriana… ven, ven…”
“Oh, sí, así, bien rico…”
“Haz que se venga, Paco. Oh Dios, sí, haz que se venga sobre tu cuerpo.”
“Méteme los dedos… por favor…”
“Ya… me vengo, me vengo…”
“Oh Dios, los dos me excitaron tanto…”
Tienes la cara sonrojada, el pelo un poco despeinado y tus dedos siguen acariciando tu clítoris con movimientos lentos y firmes. Estás increíble.
“Ah, espera un momento. Aquí aún no hemos acabado Adriana… creo que Paco debería ayudarte ahora a ti…”
Me miras y… Dios mío. Esto está a punto de ocurrir. Vamos a besarnos. Vamos a… algo más que besarnos.
Y… tal vez consiga mostrarte lo que siento…
“Ven a mí.”
Me agarras al cuello de mi camisa y tiras de mí hacia delante.
“Así, profundo. Usa tu lengua.”
Esto… esto es mucho mejor de lo que jamás hubiera imaginado que sería besarte. Me devuelves el beso con la misma intensidad, apretando tu cara contra la mía y acomodándote en mi regazo.
“Haz que se venga.”
Me echo hacia atrás e inclinó ligeramente la cabeza para mirarte a los ojos. Parecen salvajes y brillantes y tú tomas mi mano entre las tuyas y la presionas entre tus piernas.
“Oh… sí… sí, así sí… toca mi clítoris…”
“No pares… hasta que se venga…”
“Oh, Paco, sí, sí, así…”
“¿Sí? ¿Te gusta así?”
“Más rápido, más rápido…”
“Quiero que te vengas, para mí…”
Nos tumbamos juntos, los tres, sin aliento y perdidos en nuestros propios pensamientos. No sé qué decir. O si hay que decir algo.
“Uhm… ha sido…”
“Sí.”
Te vuelves hacia mí, con tu cuerpo apretado contra el mío. Hay una mirada nueva en tus ojos… algo que nunca había visto antes. Excitación. Puede que incluso un poco de sorpresa.
“¿Disfrutaste de eso?”
“Sí.”
“Yo también.”
Hablaremos de esto… ¿por la mañana?
“Es decir, en una hora.”
“Está bien, pues para desayunar.”
“Sí, con un menudo o chilaquiles.”
“Y café.”
“Y una concha de chocolate.”
“Un momento, no pueden estar aquí hablando del desayuno y no invitarme.”
“Pero Fernanda, está claro que tú te vienes.”
“Está bien, hay que buscar algún lugar rico que abra pronto…”