En este audio porno lésbico, una chica conoce a una mexicana muy guapa en una fiesta que le invita a subir a su habitación. Si te gustan los audios eroticos en español, escucha este relato de sexo en en hotel hoy.

Leer Más

Qué tan intenso?

18 MINS

Idioma:

Es

Español

English

Leer historiaOcultar historia

“Hmm, ¿por qué brindamos? Ah, ¡por mí! Por sacar a una introvertida de casa después de las ocho de la tarde. ¡Salud!”

“Vale, sí, muy graciosa. Como si la vergüenza autoimpuesta no fuera suficiente.”

“Oye, no te avergüences. Lo único que digo es que tu acogedora mantita y tus queridas series seguirán ahí cuando llegues a casa. Quedarse hasta tarde es bueno para ti. Hay estudios que lo respaldan.”

“Mmm, sí, seguro que sí.”

Probablemente le pongo los ojos en blanco a Marina diez veces al día. Solían ser unas cien cuando trabajábamos juntas en la panadería, pero ahora que tiene este nuevo y elegante trabajo de programación no la veo tanto. Por eso me suplica siempre que salga.

Sin embargo, sinceramente, me alegro mucho de haber decidido venir esta noche.

¿Una fiesta de disfraces organizada por un grupo de programadores en un hotel nuevo y ostentoso? Fue un sí fácil. Sobre todo porque este hotel, el Oro, se va a llenar de turistas en cuanto se corra la voz. Me alegro de poder verlo antes.

“Parece que tienes una admiradora… mira.”

Miro por encima del hombro.

“¿La ves?”

“¿Quién? ¿La señora Frankenstein?”

“No, ella no. La reina de corazones. La que lleva la baraja en su vestido.”

Oh. Oh. Tú.

Estás hablando con alguien vestido de dinosaurio y, sinceramente, pareces aburrida. Vuelves a mirar en mi dirección y me sostienes la mirada durante… un momento muy… largo.

“¿Os estáis follando con la mirada? Venga, ve a hablarle.”

“Cállate. Yo… no sé…”

“Oh, vamos. Venga, venga, por favor. Ya estoy harta de ese rollo de mi horrible exnovia podría volver a llamarme en cualquier momento, así que me estoy cerrando emocionalmente. Vete a hablar con ella.””

“Brutal. Pero… me lo merezco.”

“Ve a por ella, antes de que yo lo haga. Porque sabes que lo haré.”

Me miro y me enderezo las solapas de la chaqueta. Había olvidado que iba disfrazada. El esmoquin que me ha prestado Marina me viene grande, pero es todo lo que tenía.

Miro por encima del hombro una segunda vez. Dios, ese vestido te queda genial. Lo has cubierto de naipes y tienes una corona brillante sobre la cabeza. Volvemos a mirarnos a los ojos, pero esta vez no aparto la mirada.

Vale. Voy a hacerlo. Voy a por ella. Me doy la vuelta y—

“Hola.”

“Hola.”

“Creo que te conozco, ¿verdad?”

“Oh. Creo… que no. No lo creo.”

“¿Segura? Me suena tu cara.”

Me sonrojo y ya noto que se me traba la lengua. Nunca se me ha dado bien eso de ligar, ni que me coqueteen. Ni siquiera sé si eso es lo que estás haciendo, pero… espero que sí.

“¡Oh! Trabajas en… ¿cómo se llama? En esa panadería de la Gran Vía.”

“Oh, sí. El Horno Santa María. Sí, trabajo allí.”

“Sí, estuve ahí hace unos días. Sus cruasanes de chocolate son deliciosos.”

“Pues muchas gracias. Perdona por no reconocerte, es que vemos a tanta gente… y con tu disfraz…”

Mi mirada baja inconscientemente de tu cara a tu cuello, donde llevas una fina cadena de oro. Luego, sigo desde tu cuello por debajo de tus pechos… de tu cintura… hasta la curva de tus caderas bajo el vestido.

“Así que… déjame adivinar. ¿Eres… una escalera real?”

“Casi, pero no. Soy la Reina de Corazones.”

“Ah, sí, sí, lo veo. Está muy bien.”

“Y tú eres… ¿Una…?”

“Pues soy una agente secreta desconocida. A mi amiga le sobraba un esmoquin, así que… aquí estoy. Poco esfuerzo, lo sé.”

“Hey, no tiene nada de malo. Y te queda muy bien el esmoquin.”

Me sonrojo de nuevo, pero no sé si es por admiración o vergüenza. Hace tanto tiempo que nadie me tira los tejos.

“Sí, gracias. Entonces, ¿trabajas para la empresa que ha montado todo esto?”

“Sí. ¿Eres amiga de Marina? Tengo poco que llegué a esta empresa para capacitación desde México, y no trabajamos en el mismo departamento, pero la veo por la oficina.”

“Claro, lo note en el acento, por cierto. Este hotel es de otro mundo. La empresa habrá gastado una buena pasta.”

“Sí, aún no está abierto al público pero nos dieron a cada uno habitaciones para todo el fin de semana.”

Sacas una tarjeta llave de tu bolso y la agitas delante de mí.

“Mira. ¡Qué suerte!”

“¿Quieres ver mi habitación? Hay una terraza increíble en la azotea. En serio, nunca había visto nada igual.”

Guau. Atrevida. Eso está de puta madre.

Echo un vistazo a la habitación, pero no veo a Marina. Seguro que ni se da cuenta de que me he ido.

“Me encantaría.”

Joder, ¿estoy… estoy a punto de echar un polvo? Quiero decir, a estas alturas creo que es bastante obvio que te gusto. Pero por otro lado podría ser que lo esté pensando demasiado. Quizá sólo quieres enseñarme tu habitación.

Estás cerca de mí, tu hombro roza el mío cada pocos instantes mientras el ascensor nos lleva hacia arriba. ¿Qué harías si me inclinara y te besara ahora mismo? Te empujaría contra la pared y…

“Dios mío… ¡Este sitio! Siento que necesito pedir un préstamo para solo pasar la noche aquí.”

“Oh, y espérate a ver la vista desde el balcón, es increíble.”

“Oh… Dios mío. Es como salido de una revista. ¡Qué pasada!”

Te agachas para aflojar las correas de los tacones antes de bajarte de ellos con elegancia. Tus piernas son largas y tu vestido muy corto. Definitivamente te has dado cuenta de que te estoy mirando.

Me alejo lentamente. Tu cara está tan cerca de la mía que solo veo el brillo de tu sombra de ojos. Tu aliento es cálido contra mi cara y llevas tus manos a la parte baja de mi espalda.

“Llevo toda la noche pensando en qué momento sería mejor para besarte.”

“Mmm, pues, buena elección.”

Me aprieto contra ti y te rozo la mandíbula con el pulgar. Giro ligeramente la cabeza hacia un lado y aprieto los labios contra tu cuello.

Te acompaño hasta la enorme cama de matrimonial en el centro de la habitación.

“Mmmm, te deseo…”

Mi pelo cae sobre tu clavícula mientras vuelco mi peso sobre ti. Tiro de tu vestido sin tirantes hacia abajo, lentamente. Siento un repentino deseo de poner mi boca sobre tus pechos.

“Muérdeme.”

Me llevo cada una de tus tetas a la boca, chupándolas hasta que están duras entre mis labios. Muerdo ligeramente hasta que arqueas la espalda.

“Oh, Dios, lo haces tan… rico. No manches, sí, así… Sigue así… ”

“Mmm, eres un poco mandona.”

“Quítate los pantalones.”

“Sí, señora.”

Te incorporas y me agarras del cuello de la camisa. Me empujas hacia delante e intercambiamos nuestras posiciones en la cama. Me hundo en el lujoso colchón y percibo tu aroma en las almohadas.

“Ahora que lo mencionas, sí me siento un poco mandona. Creo que deberías hacer lo que yo te diga.”

“¿Ah, sí? ¿Y qué quieres que haga?”

Me coges las muñecas y me las sujetas por encima de la cabeza. Joder. Qué sensual.

“Quiero que te tumbes ahí y me digas exactamente cómo quieres que te toque. No te muevas.”

Siento cómo mi humedad se extiende entre mis muslos y lo único que deseo es que la lamas. Me retuerzo debajo de ti, intentando recuperar el aliento.

“Quiero que… me lo comas… por favor…”

Tus dedos juegan con la cintura de mi ropa interior. Me metes la mano entre las piernas y me acaricias por encima de la tela.

“Necesito más detalles que eso.”

“Pues… joder… yo… quiero que me quites la ropa interior… con la boca. Y… que me folles con tu lengua…”

“Eso está mejor.”

Te deslizas por mi cuerpo y enganchas tus dientes en la cintura de mis braguitas. Las arrastras hacia abajo, ayudándote con los dedos.

Tu boca se cierne entre mis piernas. Tu lengua se desliza por mis pliegues…

“Oh… joder. Joder… sí, así…”

Tu boca apretada contra mí se siente tan jodidamente bien. Me chupas el clítoris y agarro un palmo del edredón que hay debajo de nosotras.

“Tu coño es tan delicioso. Ven aquí…”

Es como si fueras otra persona aquí arriba, en la habitación del hotel. Abajo, con tus compañeras de trabajo, eras amable, educada… Y aquí arriba, conmigo tendida en tu cama, estás sin ataduras.

“¿Puedo follarte? ¿Por favor? Estoy muerta de ganas por follarte…”

“Mmmm, si lo pides de esa manera.”

Caemos la una sobre la otra, una al lado de la otra en la cama. Meto la mano en tu vestido y te bajo el tanga. No puedo llegar a tu coño lo bastante rápido.

Deslizo los dedos entre tus pliegues húmedos y froto tu clítoris en círculos rápidos.

“Dios santo, estás tan mojada…”

“Llevo así de mojada desde el elevador.”

Tu entrepierna está húmeda hasta tus muslos. La extiendo desde tu coño hasta tu clítoris.

“Oh, sí. Sí, justo ahí, sigue…”

Me alcanzas y deslizas dos dedos dentro de mi coño, hasta el fondo. Desplazo mis dedos hasta tu entrada y los empujo hacia dentro.

Nos retorcemos juntas, follándonos la una a la otra, desesperadas por más.

“Mmm, sí… Sí, justo ahí…”

“¿Te gusta? ¿Vas a correrte para mí?”

“Sí, sí, voy a correrme. Voy a correrme por ti… Sigue… sigue así, ahí…”

“Oh, joder, joder, ¡me corro! ¡Me corro!”

Me sacas los dedos y me metes dos en la boca.

“Chúpame los dedos. Chúpalos mientras haces que me corra…”

Mantengo mis dedos moviéndose con firmeza dentro de ti. Sigo follándote. Tus dedos están cubiertos de mis propios fluidos mientras los chupo y los lamo, desesperada por hacer todo lo que me dices.

“Sí, así está bien. Sí, sigue… Sigue… ¡Joder!”

Tiras de mí hacia ti y me pasas un brazo por la cintura. Nuestras respiraciones se entremezclan mientras apoyas tu cabeza junto a la mía sobre la almohada.

“Eh… entonces… ¿hasta cuándo tienes la habitación?”

“¿Y para qué quieres saber?”

“Mmm, solo me preguntaba cuánto tiempo podría quedarme aquí contigo.”

“Bueno, si sigues follándome tan bien… puedes quedarte todo el tiempo que quieras.”

“Genial, trato hecho.”